Cómo trabajo como coach

Seis conversaciones y, generalmente, un máximo de diez, componen un proceso de coaching. Una conversación oscila entre una hora y un máximo de noventa minutos. Entre conversación y conversación puede transcurrir desde una semana –las dos primeras-, hasta tres, en las siguientes. Tres semanas es el tiempo mínimo necesario para detectar cambios apreciables.

EL COACHING ES EL ARTE DE LA PREGUNTA

En ese tiempo, el trabajo de un coach profesional es abrir perspectivas en el cliente. Y lo hará de una sola manera: con preguntas. Nunca dirá lo que ha de hacer el cliente o que camino tomar. Las soluciones son del cliente, solo suyas.

La primera conversación es muy importante: es el encuentro de dos almas. Es el momento para establecer las bases de lo que será el proceso. Se pacta la Alianza entre el coach y el coachee (el cliente); es decir, los parámetros en los que se cimenta la relación y las normas de actuación.

La relación entre el coach y su cliente es una relación de igualdad, Uno a Uno. Lo hablado es estrictamente confidencial.

La definición del objetivo (o la meta) que se quiere conseguir, constituye la segunda sesión. En algún caso, si ha dado tiempo para ello, puede comenzar a trabajarse en la primera sesión.

Si no hay objetivo no hay proceso de coaching. Un objetivo es aquello que quieres conseguir, tu fuente de activación y de motivación, aquello que hace que pongas en funcionamiento tus recursos. Todos tus recursos están dentro de ti.

Tras cada sesión, se pacta un Plan de Acción. No son deberes. Es una tarea que el cliente se compromete a hacer. Nadie va a ponerle nota ni le pondrá de cara a la pared si no la realiza.  Es de su exclusiva responsabilidad. Es su compromiso.

Mi modo de trabajar es el modo en qué trabaja un Coach Profesional.