La integridad, o cómo identificarte

integridad

¿Quién eres?

¿Quién te gustaría ser? ¿Qué te gustaría ser?

¿Crees en ti y tus posibilidades?

¿Eres imaginativo? ¿Eres soñadora, creativa?

¿Qué te hace pensar que no lo eres?

¿Eres conformista?

¿Eres capaz de ver más allá?

¿Tienes  un proyecto de futuro?

¿Qué te impide tenerlo?

El liderazgo interior es autogestión. Si algo quieres ser, es porque lo llevas dentro. La capacidad de asumir riesgos es tu prueba de fuego.

El corazón te dice los pasos que has de dar. La cabeza como hacerlo. Escucha a tu corazón.

creatividad-valores

Fotos:De la exposición de trabajos fin de curso alumnos Escuela de BBAA de Ciudad Real

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Héroes cotidianos. Cómo vencer nuestra sombra

Héroes cotidianos tiene un propósito,  ayudarnos a descubrir el héroe o la heroína que llevamos dentro. Dicho en palabras de su autora, Pilar Jericó, «una invitación a la épica personal, a la búsqueda y al proceso de transformación positiva ante las dificultades». 

heroes cotidianos, personas caminado

HÉROES COTIDIANOS. Descubre el valor que llevas dentroPilar Jericó. Editorial Planeta, 2010

 

Conceptos como épica, héroes o epopeya nos pesan demasiado. Nos hacen sentirnos empequeñecidos, pero, a la vez, nos emocionan. Sentimos una llamada, una voz interior, un pellizco en el estómago. Nos pasa cuando leemos una historia que nos conmueve, cuando vemos una película, o cuando nos cuentan una historia que nos resuena. Es una contradicción interna.

Esta dualidad, Pilar Jericó la identifica en Héroes cotidianos con nuestra sombra, que no es otra cosa que miedos, voces internas que intentan acallar la llamada: «tú no vales», «vivir es sólo para triunfadores», «tú aquí sobras»…

Estas palabras, como árboles, nos impiden ver el bosque que forman todos los héroes que nos rodean. Pero también somos un árbol en ese bosque, porque todos llevamos un héroe dentro de nosotros.

El primer paso es siempre el más difícil pero es el más importante. Y ese primer paso es creerse que puedes ser tan héroe —o tan heroína— como Ulises o Shackleton. Este libro está dedicado a ti, habla de ti, lleva tu nombre. Sólo tienes que querer verlo.   El héroe cotidiano no espera la intervención desde fuera, asume su responsabilidad y vive el camino para encontrar la solución.

El héroe cotidiano, la heroína cotidiana, es protagonista de su vida. No asume el papel de víctima.

heroes cotidianos, princesa de hielo

Dragones, princesas y témpanos de hielo

 

Ernst Shackleton, explorador irlandés  en la Inglaterra victoriana,  quiso llegar el primero al Polo Sur, pero se le adelantó Amudsen. Se planteó entonces cruzar la Antártida de lado a lado. Su barco quedó atrapado entre los hielos, a los dos meses del inicio de la expedición, para acabar hundiéndose.

El explorador y sus veintitrés marineros navegan a la deriva sobre un témpano de hielo, sin apenas alimentos. Envía a seis de sus hombres en un bote a buscar ayuda a las zonas balleneras. No hay mapas. Llegan a lugar equivocado. Después de muchas peripecias, consigue, finalmente, ayuda, y regresa sano y salvo junto con sus veintitrés tripulantes. Han pasado dos años desde que iniciara su aventura.

Aventura: «Empresa de resultado incierto o que presenta riesgos» (DRAE). Una definición que es tan válida para explicar La Odisea, como el viaje de Shackleton o nuestra vida cotidiana.

A diario luchamos contra dragones en forma de despidos, nuevos retos personales y profesionales, y fracasos. Perdemos a la princesa prometida o el príncipe azul pierde su color. Y navegamos sobre un témpano de hielo a la deriva cuando nos cambia la vida. Y, en la mayoría de los casos, sin mapa.

La heroicidad cotidiana es una actitud no un resultado. Ser héroe consiste en afrontar la vida con una actitud de búsqueda, de entereza y compromiso.

PILAR JERICÓ

La senda de los héroes cotidianos

 

Basándose en los héroes de la mitología, de las historia y de los cuentos populares, así como en los hallazgos de la ciencia, Pilar Jericó desarrolla la senda de los héroes cotidianos en seis etapas.

Cada etapa se corresponde con un capítulo. Cada uno de ellos dispone de una batería de preguntas orientativas con el ánimo de facilitar la búsqueda.

    1. Atender la llamada. Y comprenderla como una invitación de la vida. Es el comienzo de la búsqueda. La lucha con la incertidumbre, evitando la angustia sobre lo que pueda ocurrir, sin resignación y permitiéndote explorar otras realidades.
    2. No negar ni el miedo ni la sombra. Confrontarse con uno mismo y dar el paso. Mirar al miedo a la cara y dejando que las emociones te invadan sin apartarlas de ti.
    3. Identificar nuestra sombra. Atravesar el desierto personal y vivir la noche oscura, con la certeza de que saldremos de ahí.
    4. Explorar una nueva realidad. Comenzar el proceso de iniciación. Conectarse con la esencia. Apoyarse en amigos, sin miedo a pedir ayuda, buscando la referencia de maestros o mentores.  Y volver a soñar, ¿cómo te ves de aquí a un tiempo?
    5. Adquirir nuevos hábitos y ganar recursos personales. Es el momento del desarrollo del optimismo, porque tus opiniones condicionan el resultado final. Es el momento de escribirlo el guión de tu vida.
    6. Enfrentarse con la sombra. La senda concluye. Se pone el punto final a la aventura y regresando a lo cotidiano.

Reconoce la dualidad que hay en ti, tanto a su grandeza como tu sombra, y no le des poder a esta última.

—PILAR JERICÓ

Sólo tú te salvas. Sólo tú eres héroe para ti mismo. ¿Cuál es tu Polo Sur?

 

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¿Por qué fui costalero?

Relato publicado el 20 de marzo de 2009, en el número especial de Semana Santa del semanario ABC Viajar.

relato

 

En primera persona

 

Sábado Santo. Estoy sentado en un banco de la iglesia de San Pedro Apóstol. Una faja me rodea la cintura para proteger los riñones. El bajo del pantalón atado sobre unos calcetines blancos. Alpargatas negras de cáñamo. Miro al suelo, lo mismo que un saltador al iniciar la carrera. En unos minutos embocaremos la Puerta del Perdón, pórtico unos pocos centímetro más ancho que el paso de palio de la Virgen de la Soledad, La Sole, para nosotros costaleros. Por arriba, el arco se estrecha en ojiva gótica. De rodillas si queremos enhebrar a la primera.

Como atlantes flexionamos lentamente y, ya de hinojos, el paso parece que avanza movido por muñones. Ocupo la esquina delantera izquierda, junto a los respiraderos de celosía. A la derecha, cinco costaleros y treinta más detrás de mi. Arrastro las rodillas y los primeros jadeos. Casi dos mil kilos soportados sobre cilindros de guata envueltos en los costales, sobre la base del cuello, donde descansa la trabajadera. Notaré el dolor cuando me acueste. Pero eso no lo sé todavía. Es el primero de mis cinco años de costalero. Fuera del templo, el gentío aplaude cuando levantamos.

En las aceras, muchos se santiguan. La banda de música toca Los campanilleros. Bailamos. Y con nosotros, aún en su tristeza hierática, también la Virgen. Las bambalinas del palio golpean contra las varas, rítmicamente. Noto que en el cuello va creciéndome un bulto que no desaparecerá hasta una semana después. En la calle Cuchillería, cuesta arriba, el penúltimo esfuerzo antes de la entrada. Nos jaleamos. A la puerta de la iglesia, el gentío se calla cuando nos hincamos de rodillas. Sólo oigo la voz del capataz y la respiración acelerada de mi compañero de atrás. Y luego, cuando entramos, aplausos sordos.

No sé por qué fui costalero, contesto a mi hijo adolescente, mientras le hablo de orgullo, de esfuerzo personal, de trabajo colectivo y solidario en las trabajaderas.  Frente a nosotros, treinta y cinco pares de alpargatas de cáñamo avanzan, con pasitos de geisha, dejando atrás la Puerta del Perdón. No sé por qué fui costalero pero, hoy, me cambiaría por ellos.

 

En 2009, la revista Viajar, editada por ABC, no disponía aún de sitio web.

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