Storytelling, imágenes e inconsciente

El único material que tenemos para escribir una historia son nuestras propias vivencias.

En un Taller de Escritura, el escritor Antonio Muñoz Molina, contaba a los alumnos el sueño que tuvo una noche. Dijo haber visto que su hijo —entonces desempleado— era porteador del Papa. Este sueño—confesaba— le parecía extraño e incomprensible.

Así son los sueños, extraños, incomprensibles e incontrolables.

No pretendo descifrar el sueño del escritor. Su anécdota, sin embargo, me lleva a dos reflexiones. Ambas tienen conexión.

La primera es que la neurociencia ha demostrado que los seres humanos imaginamos, recordamos y pensamos en imágenes. Esta idea daría la razón a quienes afirman que una imagen vale más que mil palabras. No es del todo cierto. Si queremos construir una historia, hemos de tener la habilidad contraria: convertir una fotografía en nuestra cabeza en una imagen en la mente de quien nos lee o de quien escucha nuestra historia.

Quien desee contar una historia ha de ser lo suficientemente descriptivo para crear imágenes en la mente del lector. Estas imagen creadas serán únicas. No habrá otro ser humano que disponga de esa imagen en su mente. Las fotografías son iguales para todos las que las ven. No hay misterio, ni duda alguna.

La segunda reflexión que comentaba, se refiere a la manera juguetona y caprichosa en que nuestro subconsciente almacena y —en un determinado momento —hace que afloren a nuestra mente consciente determinadas imágenes.

El psicoterapeuta Milton Erickson fue el creador de la conocida como hipnosis ericksoniana. Trabajaba por eso con el inconsciente de sus pacientes. Y lo hacía contándoles historias. Erickson consideraba que el inconsciente era un enorme depósito en el que se almacenan nuestras experiencias vividas. Este terapeuta decía que confiáramos en que esas experiencias aflorarían cuando tuviéramos necesidad de ellas.

Storytelling e inconsciente

Al cabo de nuestra vida se cuelan en nuestro cerebro palabras, imágenes, conversaciones, etc., que vamos acumulando. Como si una mano invisible las moviera, estos recuerdos se guardan en nuestro inconsciente de manera juguetona. Caprichosamente, irán apareciendo cuando haya algo que nos remite a ese recuerdo. Unas imágenes nos llevaran a otras, sin que sepamos cómo, si que podamos controlarlo.

Así es en la vida y así es cuando queremos componer una historia. Porque eso es también el Storytelling, imaginar y crear una historia. No solo contarlas.

Más allá de las razones que llevaron a Muñoz Molina a tener este sueño, ¿Qué posibilidades tiene ese material?¿No podría ser el comienzo de un relato?

El único material que tenemos para escribir una historia somos nosotros mismos.

 


Es tu turno

 

Deja volar tu imaginación o, simplemente, recuerda algunas imágenes que aparezcan de manera recurrente en tu mente. ¿Qué te sugieren? ¿Cuáles son los valores aportan? ¿Qué historias puedes construir con ellas? ¿Qué mensaje puedes transmitir?¿En qué momento puedes usar esta historia que has construido?


 

 

 

 

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Ejemplos de Storytelling: trabajar con los valores

Un ejemplo de storytelling para trabajar valores como la búsqueda de la verdad, la justicia o la confianza, aparecen en varios libros y películas. La breve historia que propongo a continuación está construida en forma de un diálogo ficticio.

 

Historia

 

En la película  La cortina de humo (Wag the dog, Barry Levinson, 1997), uno de los consejeros del presidente de los EE.UU. contrata a un productor de Hollywood (quien acabará creyéndose su propia fantasía) para que invente una guerra en Albania. Esta artimaña pretende tapar un escándalo sexual del presidente, pillado in fraganti.

La guerra inventada tenía una intención. Tapar las veleidades amorosas de un presidente casquivano, amante de hacer requiebros a cualquier mujer que se cruza en su camino. Caiga quien caiga, el presidente ha de ser salvado; y su escándalo, tapado.

La verdad y la justicia saltan por los aires. Y hay una víctima invisible: la confianza.

Las manipulaciones que buscan tapar escándalos, el provocado por el desmedido ego de «un amo del universo» en este caso, están contadas en La hoguera de las vanidades (Brian De Palma, 1990).

— No te olvides de la serie de la ABC, Escándalo (Scandal).

— La he visto entera.

— ¿Las siete temporadas? Y luego dices que soy yo el adicto a las series.

— Está muy bien contada la lucha entre el ego y el alma. Nos pasamos la vida haciendo equilibrios entre esos dos extremos. Una batalla cruenta.

Egos desmesurados

La serie Escándalo está vagamente inspirada en un personaje muy influyente en Washington, Judy Smith, una experta en resolución de crisis. Smith publicó un libro titulado precisamente Escándalo. Cómo superar una crisis personal (Alienta, 2015), aunque nada tenga ver el contenido del texto con la serie. Excepto en una cosa. Tanto la serie como el libro están fundamentados en como un ego desmesurado, fuera de control,  es capaz de destruir no solo a personas, sino también a gobiernos e instituciones.

Un libro de muy recomendable lectura, como también lo es La hoguera de las vanidades (Anagrama, 1988) de Tom Wolf, en el que está basada el film del mismo título que mencioné anteriormente. La película es, sin embargo, más “ligera” que la novela que lo inspira.

 


Es tu turno:

Dependiendo de los valores que quieras trasmitir, ¿qué películas o libros conoces que puedan ser utilizados para tus fines? ¿Cómo puedes construir una pequeña historia para comunicarlos a tu audiencia, a tu equipo, o a tu organización?


 

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Ejemplo de storytelling: toma de decisiones

Ejemplos de storytelling hay muchos en la Red. Pero, habitualmente, los que se ofrecen suelen ser vídeos de anuncios publicitarios. Parece que esta fuera la única manera de construir historias. Pero no es así. No es necesario tampoco que seamos guionistas. Es más sencillo.

Foto: Bernardo Martínez-del Rey

La pequeña historia que te ofrezco a continuación, trata de ser uno de estos ejemplos de storytelling. Esta basado en una película. Pero podría estar basado en una novela. De hecho la película de la que se habla en la historia es Master and Commander, está basada en varios novelas del autor de aventuras navales,  Patrick O´Brien.

La elección de Master and Commander (Peter Weir, 2003 ) no es caprichosa. Es una película que, en mi opinión, contiene escenas muy meritorias (no solo cinematográficamente hablando), sino también en el terreno de la dirección y el liderazgo.

Para este ejemplo de storytelling, he imaginado una hipotética conversación entre padre e hijo. Pero muy bien puede ser entre un directivo y sus empleados. Una conversación entre dos amigos. O un presentador dirigiéndose a su audiencia.

historia

 

— ¿Qué harías tú?

La pregunta iba dirigida a mi hijo. Habíamos visto una de nuestras películas favoritas, Master and Commander , una vibrante historia de aventuras navales.

En plena tormenta, el capitán Jack Aubrey (Russell Crowe) ordena cortar el cabo que une a un marinero caído al mar con la nave. La decisión supondrá el ahogamiento del marinero.

— Padre, le sacas punta a todo— contestó—. Y se sirvió un helado.

— El cine, como cualquier obra de ficción, contiene al menos una decisión moral.

— Y tú, padre, ¿cortarías el cabo?—me dijo, lamiendo la cuchara.

— La decisión supone hacerse la siguiente pregunta: ¿Es más importante el grupo o el individuo?

¿Salvar el barco y a toda su tripulación, o salvar al marinero?

 


ES TU TURNo:

Revisa tus películas favoritas. ¿Cuál es la que más inspiradora te resulta? ¿Qué puedes destacar de ella, a la hora de tomar decisiones? ¿Qué escenas resultan inspiradoras para transmitir el mensaje que quieres comunicar? ¿Cómo construirías una historia basada en esa (s) escena (o escenas) de la película. Puedes hacer el mismo ejercicio tomando como base una novela.


 

 

 

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