Marca personal, la congruencia

marca-personal-congruencia-1Ahí está, desde hace 40.000 años, impresa en la roca. Envuelta por una tenue luz de color melocotón, mirarla produce un ligero escalofrío.

¿Qué sentía aquel ser humano primitivo mientras plasmaba la silueta de su mano en los muros de la cueva El Castillo, en Cantabria? Cinco dedos abiertos, como si saludaran a la posteridad.

¿Es acaso ésta la primera manifestación pública de una Marca Personal?

LA MARCA ERES TÚ

Han tenido que pasar miles de años, sin embargo, para que alguien diera nombre a aquel acto de unicidad de nuestro remoto antepasado. Fue en 1997. Tom Peters llamó a aquella huella irrepetible: YO, S.A., en un famoso artículo titulado La Marca Eres TÚ.

Todo tiene su tiempo, todo tiene su momento. Hoy, apenas 20 años después de ser alumbrada por el gurú del management, está en boca de todos.

El tiempo es un concepto relativo. Se han necesitado miles de años para la definición de Marca Personal y solo veinte para que haya anidado en nuestras mentes. A la velocidad con la que se producen los cambios en nuestra sociedad, ¿veinte años hoy no suponen acaso miles de años en la Humanidad de épocas pretéritas? Pero no sólo el tiempo es relativo: todo depende del observador, tal como enunció Einstein en 1905.

Del mismo modo que un mensaje se va modificando, al ser transmitido de boca de uno a la oreja del siguiente, eso que llamamos Marca Personal, tiene mil y una interpretaciones: depende del observador; es decir, depende de quien formule su definición, o de quien se lo haya contado al que lo hace. Esta proliferación de diferentes maneras de entender la Marca Personal, se sustenta, a mi modo de ver, en dos distorsiones del concepto:

  1. La confusión que existe entre Marca Personal y reputación.
  2. La Marca Personal está exclusivamente ligada el trabajo, o mejor dicho, al logro del trabajo soñado.

Por lo que respecta al primer aspecto enunciado, me apresto a decir que primero es la marca, y después la reputación.

marca-personal-congruencia

 

¿QUIÉN SOY? /¿QUIÉN QUIERO SER?

La reputación es la mirada que de nosotros tienen los demás, es una opinión vinculada al prestigio. El filósofo estoico Epicteto consideraba que está fuera de nuestro control, que no depende de nosotros, todo aquello que “no es de nuestra operación”, y cita expresamente, la reputación. Cierto. No podemos controlar la opinión de los demás, pero si podemos mediante nuestras acciones tener la capacidad de generar confianza, que eso es la reputación vista desde nuestra responsabilidad.

Es por esto que considero que hay que definir primero nuestro valor como marca; es decir, nuestra Identidad. Entiendo la Identidad como la suma de lo que nos apasiona, de nuestras habilidades y de nuestros valores. Sin Identidad no hay Marca Personal. Después habrá que comunicarla, hacerla visible, exponerla al conocimiento de los demás. No seremos capaces de generar confianza sin que hayamos construido antes nuestra Identidad.

Construir una Marca Personal supone, en primer lugar, responder a las preguntas:

¿Quién soy? y ¿Quién quiero ser?

La Identidad, pilar sobre el que se construye la marca, es una historia que comienza en blanco cuando nacemos, y que vamos escribiendo a lo largo de toda la vida.
 Es nuestra historia la que define la diferencia; es sólo nuestra, única e intransferible. Construir nuestra Identidad es, por tanto, escribir nuestro propio relato.

Y es aquí donde aparece la necesidad del coach. Si bien considero que cada uno de nosotros ha de profundizar en su autoconocimiento, ninguno de nosotros estamos exentos del autoengaño.

No son las cosas en sí mismas las que nos preocupan, sino las opiniones que tenemos de estas cosas. Epicteto

El coach se hace necesario en el proceso de construcción de marca, puesto que es quien ofrece diferentes perspectivas y nuevos caminos para que el cliente identifique con claridad sus habilidades y conozca sus valores.

En los años siguientes a aquel artículo de 1997, Tom Peters desarrolló un Manifiesto que lleva su nombre, en el que daba un paso más en la definición de la Marca Personal. Lanzó este provocador mensaje:

Planifica tu carrera profesional. Triunfar sin que tu jefe te estorbe

En la lectura superficial de este mensaje, estriba, en mi opinión, la segunda de las distorsiones acerca de la Marca Personal. Y digo superficial, porque para poder planificar la carrera profesional, primero hay que planificar la carrera personal; es decir, definir nuestra Identidad personal. La Marca Personal se construye a diario, desde que te levantas y te miras al espejo, mientras te maquillas o te afeitas. La vives y la construyes con tu pareja, con tus hijos y con tus amigos; en tu trabajo o en la relación con los clientes. Nadie puede definir nuestro éxito por nosotros. Alcanzarlo profesionalmente, pasa primero por la construcción de nuestra carrera personal. La perfecta alineación de los valores personales con los profesionales, constituye la esencia de la Marca Personal.

Es la expresión de nuestra congruencia, lo que da sentido a nuestra vida.

Este artículo lo publiqué previamente el 10 de junio de 2014, en

 

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Fotos. Superior: Turismo de Cantabria; Inferior: Rodrigo Martínez-del Rey

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Tengo una visión, el camino a la Marca Personal

Tengo una visión. ¿ En que consiste la visión? La visión es saber hacia dónde quieres ir. El viaje hacia qué quiero hacer y quién quiero ser. Pero ¿de qué sirve tener un sueño si no hacemos todo lo posible para realizarlo?

Si no hay acción, no hay visión. Y la acción requiere compromiso: la firma de un contrato con uno mismo. Los sueños por sí solos no tienen movimiento. A los sueños hay que ponerles alas para que vuelen y ruedas para que aterricen.

La historia que te cuento a continuación es un excelente ejemplo del proceso de definición y construcción de la Marca Personal. El viaje de Beatriz.

Tengo una visión

Beatriz va vestida de rojo. 

¡Estoy así de expansiva! Aún no soy consciente. ¡Lo hemos hecho nosotros!— me dice. Y sonríe abiertamente.

«Quiero ayudar, pensó un día Beatriz, eso es lo que quiero hacer en la vida». La idea de «ayudar» hizo que Beatriz abandonara su trabajo y se hiciera coach. Esa fue su visión. Y comenzó su aventura. Aventura que ha culminado con la celebración de Expocoaching, la primera feria española dedicada al coaching. Aunque ella utiliza una metáfora que invita a pensar que no está sola.

—Hemos roto aguas— dice.

Beatriz Sanz se refiere a ella y a su marido, propietario de la Yeguada Caballero. Ambos imparten formación en coaching y liderazgo, ayudados por los caballos.

Es domingo 27 de abril de 2014, y la primera edición de esta Feria dedicada al coaching, está muy cerca de concluir.

No sólo ha sido para coaches, la hemos abierto al público. Había que decírselo a la sociedad— comenta Beatriz.

Los emprendedores escriben sus propias historias o reescriben las que han contado otros. Beatriz ha reescrito una historia que le habían contado. Después de asistir a las Jornadas de Coaching que organizó la Escuela D´Arte Coaching el pasado verano de 2013, pensó que «esto puede hacerse aún más grande. Los coaches necesitamos un lugar donde hacernos sonar. Que el coaching tenga su espacio y se difunda», recuerda Beatriz. Y compartió ese pensamiento con su marido.

Cuando compartes una visión, todo fluyedice sonriendo complacida.  

Nada sin pasión

Al «miedo escénico» que dice haber sentido la promotora de Expocoaching, se sumó la euforia.  El miedo y la euforia como emociones opuestas. Me confiesa que no sintió «ni tristeza ni enfado», a pesar de los muchos días de incertidumbre, de trabajar de siete de la mañana a doce de la noche. Una gestión emocional muy complicada. Para solucionarla, se decía, mirándose al espejo: «esta situación me tiene que hacer más fuerte».

Y es entonces cuando apareció la palabra mágica: pasión. Pasión y propósito unidos.

Nada sin pasión

Es esa misma pasión la que la alienta para comenzar a pensar en expandirse hacia Latinoamérica.

La historia de Beatriz es el relato del camino  («del que hay que disfrutar»)  hacia un sueño. Hacia el cumplimiento de una visión, el camino hacia la definición y desarrollo de la Marca Personal. La historia de Beatriz es la de tantas  y tantas personas que un día deciden dejarlo todo para perseguir un sueño.

 

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Emprendedoras: en primer lugar, un reto personal

Emprendedoras y emprendedores no se comportan de la misma manera. Las emprendedoras se plantean el emprendimiento, antes que nada, como un reto personal. La obtención de ingresos queda relegada a un un segundo plano. Es, exactamente, lo contrario de lo que hacen los hombres.

Esto supone, en la mayoría de los casos, un cambio de identidad. O mejor dicho, el reencuentro con la identidad perdida. ¿Cómo se puede entender sino pasar, por ejemplo, de ser una alta ejecutiva a confeccionar canastillas para bebés, o a levantar una marca de alimentación infantil?

Esto es lo que narra la película Baby, tu vales mucho. Esta película es  la plasmación del uno de los cambios de identidad más poderosos y, a la vez, más emocionantes narrados en el cine. Si a esta película se le quitan los peinados y el vestuario de Diane Keaton, continúa teniendo tanta vigencia hoy como el año en que fue estrenada, 1987.

Baby, tú vales mucho: la construcción de la Marca Personal

Baby, tu vales mucho (Baby boom, 1987) es una deliciosa comedia romántica, protagonizada por una encantadora Diane Keaton. La película narra la aventura vital de una alta ejecutiva casada con su trabajo. Por eso se la conoce como  La tigresa. Había sido, además, número uno de su promoción en la universidad. Pero su vida personal y profesional cambiará drásticamente tras recibir “en herencia” a Elisabeth, hija de un primo fallecido. Se convertirá en emprendedora.

Ver esta película de nuevo me ha cambiado la mirada. Si hay una película que defina el proceso de construcción de una Marca Personal, ésta es Baby, tu vales mucho. Lo que le ocurre a La tigresa  a partir del momento en que pierde su trabajo a consecuencia de su inesperada maternidad,  es el camino que hay que recorrer entre quién soy y quién quiero ser.

El contexto donde he asistido a la proyección de esta película, ha favorecido, sin duda, esta nueva mirada. La película Baby, tu vales mucho fue elegida por Antonio García Tabuenca, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Alcalá, para ilustrar su charla Mujer y actividad emprendedoraorganizada por la Cátedra de Coaching Ejecutivo del CIFF y AECOP-EMCC Madrid.

Muchas mujeres tienen miedo a fracasar en el intento de abrirse camino en el sector del emprendimiento. Y es que si hay algo que caracteriza a las mujeres emprendedoras es el miedo al fracaso, a que sus ideas no salgan bien.

Emprendedoras, un reto personal

Las secuencia iniciales de Baby, tu vales mucho, casi documentales, retratan el Manhattan neoyorquino de los 80, invadido por una marea femenina acudiendo a sus trabajos, hasta que la cámara se centra en la protagonista.

La década de los 80 marcó el inicio de la incorporación masiva de las mujeres al mundo laboral. Imágenes muy semejantes se pueden ver en otra película, Armas de mujer.  Es precisamente en los años ochenta del siglo pasado, cuando se realizan los primeros estudios sobre la capacidad emprendedora y empresarial de las mujeres.

Antonio García Tabuenca ha recopilado estudios de diferentes épocas, países y autores, para definir un perfil de la mujer emprendedora. Características  específicas que las distinguen de los varones.

    • Las mujeres se plantean, en primer lugar, el emprendimiento como un reto personal. La obtención de ingresos es relegada a lugar secundario. En los varones es, exactamente, al contrario.
    • Las mujeres emprendedoras buscan conciliar trabajo y vida familiar. Esto, al convertirse en un obstáculo, puede frustrar, en ocasiones, la actividad.
    • Mayoritariamente, las emprendedoras son mujeres de una clase social favorecida que obtuvieron buenas calificaciones en la Universidad. Sin embargo, suelen presentar deficiencias en áreas financieras y técnicas.
    • Las emprendedoras crean más negocios nuevos, de dimensión más pequeña que los de los hombres y de menor productividad. Al tener menor experiencia, hay una mayor posibilidad de fracaso, excepto cuando entran en actividades ligadas a la alta tecnología.
    • Seleccionan, a diferencia de los hombres, sectores de actividad como servicios o servicios personales.  Principalmente, en sectores tradicionales, de carácter eminentemente femeninos, en los que suelen comenzar más tarde que los hombres. Suelen elegir estas actividades al ser de más fácil financiación, puesto que tienen mayores barreras que los varones para acceder al crédito. Esto está cambiando en estos años, puesto que se están creando líneas de crédito específicas para mujeres. La tendencia es que estas ayudan crezcan en el futuro.
    • El tamaño de las empresas que crean las mujeres es más pequeño, lo que implica que los costes sean superiores.

emprendedoras españolas

 

Por lo que a España se refiere, hay que constatar un hecho:  desde el año 2000, se licencian en las universidades españolas más mujeres que hombres. Sin embargo, en 2002, uno de cada diez emprendedores era mujer. En 2009, se eleva ya a casi dos mujeres por cada cinco varones. Y las cifras, aunque lentamente,  crecen año a año.

A las mujeres les van más los negocios que tienen que ver con las personas, con el ocio, con el comercio, con el turismo, el coaching, la belleza, la alimentación. Los hombres prefieren moverse en el ámbito más industrial y tecnológico.

Me irá bien sola

Alimentar a la pequeña Elisabeth, inspirará a la que fuera La tigresa, la creación una empresa de alimentación infantil, que acaba imponiéndose en el mercado. Rechaza la oferta de compra de aquellos que un día le negaron la gestión a causa de su condición de mujer y de madre, con este demoledor alegato, que es toda una visión, como mujer y como empresaria.

Creo que prefiero quedarme donde estoy. En mi oficina tengo una cuna y un cuadro pequeño en la pared de mi escritorio. Y eso es lo que me gusta. Creo que me irá muy bien sola.

PELÍCULAS PARA VER

Baby, tú vales mucho (Baby boom, 1987) y Shirley Valentine (1989).
Estas dos películas están disponible en Youtube.

Verónica Forqué llevó al teatro Shirley Valentine, en forma de monólogo.

Mi cariñoso agradecimiento a la modelo y a la fotógrafa que me permitieron tomar la fotografía que encabeza esta nota, una luminosa mañana en la que ya apuntaba la primavera.

 

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Cómo gestionar emociones

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Gestionar emociones  entrenamiento. El primer paso es identificar la emoción en la que estamos, para posteriormente regularla. Principio básico para gestionar emociones: yo soy quien decide. En consecuencia, decido a qué pensamientos hago caso y a cuáles no.

Las emociones son respuestas ante acontecimientos externo o internos. Ante esos acontecimientos, interpretamos. Y según interpretamos, así nos sentimos.

¡Qué película tan emocionante! ¡Me han emocionado tus palabras! Me emocioné ante aquella puesta de sol.

Frases como éstas son frecuentes en nuestras conversaciones diarias. Cuándo utilizas estas frases, ¿qué estás queriendo expresar exactamente?

Los seres humanos somos grandes consumidores de emociones. Pero no somos totalmente conscientes de nuestros permanentes estados cambiantes ni, la mayoría de las veces, sabemos identificar la emoción en la que estamos.

Claro que tengo miedo, más que los espectadores. Si no tuviera miedo, el motociclismo no sería emocionante. – Ángel Nieto, campeón del mundo de motociclismo

Una puesta de sol, por ejemplo, puede provocarnos varias emociones diferentes: sorpresa, alegría por su belleza, tristeza porque no puede ser compartida con quien se desea. O incluso, miedo, porque marca la antesala de la noche. Qué gran variedad, ¿no?

Cómo gestionar emociones

Las emociones no son lineales, fluctúan. A veces, una se superpone a otra. En otras ocasiones, son divergentes, como si pisáramos el acelerador y el freno al mismo tiempo.

Las emociones no son buenas ni malas, positivas o negativas. Son útiles o inútiles. Nos dan mucha información:

Las emociones son tesoros

Es muy importante que identifiques tus emociones, para poder después gestionarlas. Gestionarlas no quiere decir evitarlas, sino manejarlas. ¿Cuántas veces has dicho, por ejemplo, “no quiero estar triste”. Muy posiblemente necesites estar triste. Negarte esa emoción no hará que te sientas mejor. Otra cosa bien distinta es que añadas pensamientos a la tristeza, convirtiéndola en melancolía. O, en el peor de los casos, en angustia o depresión.

No hay que equivocarse. Lo que nos hace sufrir, estar tistes o eufóricos, no son las emociones, son los sentimientos. Las emociones aparecen ante un estímulo interno o externo. Las emociones son el presente, duran unos segundos. Los sentimientos, sin embargo, los construimos y se dilatan en el tiempo.

¿Cómo construimos los sentimientos? Añadiendo un pensamiento a la emoción. Nuestros pensamientos son la fuerza que hace que nuestras emociones vayan cambiando.

Al cambiar de opinión sobre una situación, modificamos también nuestras emociones. Cambiando el pensamiento, cambiamos la emoción.

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Emociones, una montaña rusa

En un tranquila conversación, por ejemplo, las emociones tienen altos y bajos suaves. Estamos en sintonía con la otra persona, como si viajáramos plácidamente en un tiovivo.

Si esa conversación se convierte en discusión, el tiovivo se convierte en una montaña rusa. Son tan potentes las emociones que se generan, que ascienden solas y luego descienden vertiginosamente. Para que esto ocurra solo basta un impulso inicial, una palabra, un gesto, un comentario que no nos gusta.

Esa palabra o ese gesto puede provocarnos rabia. La rabia tiene un punto máximo: la ira. Cuando se alcanza ese punto, estallamos. Si la ira se enrancia, se convierte en rencor. En la parte inferior del itinerario de la ira está el coraje, que nos puede ayudar a impulsarnos, a decir, ¡basta! Si no decimos basta, o bien bajamos los brazos y caemos en la falta de voluntad, o bien volvemos a ascender, más furiosos aún.

En nuestra mano está ir por un camino u otro. “No es fácil”, dirás. Pero si no lo intentas… Intentarlo es comenzar el entrenamiento para gobernar tus emociones.

¿Qué te impide hacerlo?

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¿Cuál es tu marca? Léete «Y tú, ¿qué marca eres?»

Si te preguntan ¿cuál es tu marca?, probablemente enarques las cejas y acaso respondas: «yo no soy una marca». O tal vez pienses en tus zapatillas deportivas favoritas, en tus vaqueros, o en un coche. «Las personas somos marcas»— dice Neus Arqués, escritora y analista experta en identidad digital.

Y TÚ, ¿QUÉ MARCA ERES? 14 claves para gestionar tu reputación personal. Neus Arqués. Alienta, 2012

 

Uno de cada dos jóvenes españoles (menores de 35 años), prefiere pagar más por una marca de calidad. Nuestros jóvenes se configuran así como los más «marquistas» de Europa, detrás de los suecos. Así se desprende del estudio realizado por IPSOS, publicado en noviembre de 2013.

Al hablar de productos o de servicios percibimos la calidad como un elemento diferenciador. Igualmente, consumimos productos o servicios por lo que de diferentes tienen, por los valores que nos transmiten, o por la promesa de cumplimiento que de nuestras expectativas nos ofrecen.

De acuerdo con estos planteamientos, lo lógico sería pensar que deberíamos ser igualmente proclives a imponer criterios de calidad —o de diferenciación—en la gestión de nosotros mismos.

No se trata de ser mejor que el resto: se trata de sacar partido de aquellos valores propios que nos hacen únicos.

—NEUS ARQUÉS

«Las personas somos marcas»— dice Neus Arqués. Y sobre esta tesis cimenta Y tú, ¿qué marca eres? Este libro es, en mi consideración,  fundamental para entender, en primer lugar, qué es la Marca Personal. Para después ayudarte a descubrir cuál es tu marca, los criterios para construirla y, finalmente, cómo gestionarla. Conceptos que  Neus Arqués expone en este texto de una manera sencilla y sistematizada.

Cambios vertiginosos

 

El concepto de Marca Personal es aún —digamos— adolescente. En 1997, Tom Peters, el denominado gurú de gurús en el mundo del management empresarial, publicó un artículo revolucionario en la revista Fast Company, titulado The Brand Called You.  En él alumbraba la idea de que todos somos jefes de una empresa —nuestra propia empresa— llamada Yo, S.L.

Tú eres una marca. Tú estás a cargo de tu marca.

—TOM PETERS

El contexto en el que se produce un hecho es fundamental. A finales del siglo pasado y comienzos del presente, el entono laboral comenzaba a cambiar y el desarrollo de Internet se empezaba a configurarse en el horizonte. En en ese particular momento cuando Peters rompe con lo establecido hasta el momento, incluso or el mismo. Si bien no ha transcurrido tanto tiempo desde aquel 1997, los cambios sí que han sido muchos y vertiginosos.

Neus Arqués explicita estos cambios en la introducción del libro Y tú, ¿qué marca eres?:

    • Somos seres hiperconectados.
    • Estamos inmersos en una crisis sistémica que nos obliga a redefinirnos profesionalmente.
    • Cada vez son mayores las dinámicas colaborativas, basadas en la aportación de muchos usuarios. Y eso exige diferenciación.
cualmes tu marca. Zapatillas blancas frente a una negra
«Invertir tiempo en averiguar cuáles son nuestros puntos fuerte, qué nos hace singulares y comunicarlos a los demás, es, sin duda, uno de los esfuerzos profesionales más rentables en un mercado laboral en cambio permanente». —Neus Arqués

Y tú, ¿qué marca eres? y la reputación

 

Estructuralmente, el contenido de este libro está dividido en cuatro partes:

    1. Las personas somos marcas. Diferenciación y estrategia.
    2. Identidad y reputación. La gestión de la reputación y la creación de una identidad digital.
    3. Estrategias de marketing personal. Cómo venderse. Networking y redes sociales.
    4. Y ahora, ¿qué? La motivación, el miedo y la creatividad.

Podemos simplificar aún más estas cuatro divisiones en dos grandes bloques, que responden a la pregunta inicial, ¿cuál es tu marca?:  Cómo se crea una Marca Personal y Cómo se vela por ella.

Primero somos Marca, luego viene la reputación

Y en este proceso de reducción que propongo en esta reseña, me permito un paso más. Reducir hasta encontrar la idea clave que contiene este libro, la esencia que permita entender todo el proceso de búsqueda de nuestra Marca Personal. Esta sería:

Todos somos marcas. Construimos nuestra marca, la manera en que somos únicos y diferentes, día a día

— NEUS ARQUÉS

Hago notar aquí que la autora distingue muy claramente entre qué es Marca Personal y qué es reputación. Mientras que la Marca es la suma de fortalezas, habilidades, valores y pasiones que nos hacen únicos y diferentes, la reputación es «una opinión vinculada al prestigio, una mirada externa» sobre cada uno de nosotros.

Neus Arqués delimita claramente esta diferenciación ya desde el título y el subtítulo de este libro. No distinguir entre marca y reputación, es un error muy frecuente en el que caen muchos autores, lo que crea confusión en el público. La razón de esta confusión radica, en mi opinión, en que estos teóricos consideran la Marca Personal casi exclusivamente como la mera presencia en redes y una estrategia de presencia en estas.

El lado humano de la Marca Personal

 

Y tú, ¿qué marca eres?  es un vademécum. Un libro de cabecera. Y no solo para quienes, como yo, trabajamos la Marca Personal. No hay disgresiones ni divagaciones en este texto de 142 páginas. Las acciones son concretas y directas, un itinerario que tiene un comienzo, pero no un destino definido, en el sentido de que ha de construirse cotidianamente. Aunque con esto no quiero decir que sea improvisado. Todo lo contrario. En este libro encontrarás cómo realizar un pormenorizado itinerario, paso a paso, a través del Cuaderno de Marca.

Y de antemano te digo que no es un camino fácil. Y no lo es porque entra en liza nuestro yo más profundo, nuestras creencia y valores. Material altamente sensible, intocable para muchos, de difícil gestión para otros. Y esta es otra de las ventajas del libro, que se desmarca de otros manuales y lo hacen diferente: la persona en primer lugar, y luego, todo lo demás.

Si la gestión diaria de tu marca es importante, no lo es menos cómo la construyes. Yo diría que es esencial. ¿Cómo puedes desear obtener una buena reputación, si antes no has definido cómo quieres que te vean? Dicho de otro modo, y esta es la pregunta que subyace en este texto,  ¿qué quieres ser en la vida?

 

 

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¿Para qué sirve soñar?

Me plantea una de las alumnas de las que soy tutor en su preparación como coach,  que le ayude a distinguir entre lo que es Misión y Visión.

Tú que ahora me estás leyendo, tal vez, te hayas planteado la misma duda que mi alumna. Puede que lo hayas hecho al visitar la página web de la empresa que va a realizarte una entrevista de trabajo.  Estos dos conceptos figuran en un apartado destacado. O, quizás, la compañía para la que trabajas tiene definidas ambas en sus planteamientos corporativos, y no tengas claro qué significan.

Voy a personalizar en ti que me lees estos dos dos conceptos, en lugar de hacerlo de manera abstracta. Así fue como se lo expliqué a mi alumna.

Misión y Visión

 

Misión y Visión no son consideraciones exclusivas del mundo empresarial. Todos los seres humanos hemos venido a este mundo para algo.Tenemos una Misión que cumplir, consecuencia de la Visión que un día nos hayamos planteado. Consciente o inconscientemente, cada día ejecutamos nuestra misión, acorde al futuro que hemos soñado.

Para saber si estamos cumpliendo con nuestra Misión y nuestra Visión, supone responder preguntas como estas:  ¿Qué es el futuro para ti? ¿De qué color lo dibujas? ¿Cómo lo construyes? ¿Trabajas para conseguir tus sueños?

¿Para qué sirve soñar?

 

No pueden desligarse estas dos ideas: futuro y sueño. En ellas reside la clave. Están indisolublemente unidas. En uno de los libros más conmovedores que he leído, El hombre en busca de sentido (Herder, 1979), escrito por un psiquiatra vienés Viktor Frankl, durante años encerrado en el campo de concentración de Auschwitz , dijo:


El futuro es la fuerza que nos permite vivir el presente.

—VIKTOR FRANKL 


Es aquí donde entran en acción los sueños.

Desde las navidades del pasado año 2013 hasta hoy que escribo esta entrada, varias campañas publicitarias proponen, desde la televisión o desde las marquesina de los autobuses, soñar:

Pon tus sueños a jugar/ Deja de soñar. Comienza a vivir/  No tenemos sueños baratos

¿Qué has sentido cuando has mirado estos anuncios?

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¿Cuál es tu sueño?

 

Algunas de esas campañas, ligan los sueños exclusivamente a la consecución de un éxito económico. Es absolutamente legitimo soñar con ser millonario, o con un pellizco que nos sirva para “tapar agujeros”. Pero cumplir tus sueños NO es, exclusivamente, una cuestión de dinero.

Míralo desde otra perspectiva. Claro que no, nuestros sueños nunca son baratos. En primer lugar, porque son nuestros, exclusivos. No lo son, además, en ninguna de las acepciones que el diccionario da para ese término: ni tienen bajo precio ni se consiguen con poco esfuerzo. Alcanzarlos puede suponer una inversión en estudios o en la ampliación de conocimientos, pero la mayor inversión que ha de hacerse es en esfuerzo personal.

Lo que eso anuncios publicitarios te están proponiendo es que visualices tu futuro y lo traigas a tu presente, que tengas una Visión. 

Visión= TU Sueño+ acción

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La Visión es saber hacia donde quieres ir. Pero ¿de qué sirve tener un sueño si no hacemos todo lo posible para realizarlo? Si no hay acción, no hay visión. La acción requiere compromiso, la firma de un contrato contigo mismo. Los sueños por sí solos no tienen movimiento: A los sueños hay que ponerles alas para que vuelen y ruedas para que aterricen.


El compromiso es un acto, no una palabra.

— JEAN PAUL SARTRE


Si tu sueño es ser bailarina, o pintor, o diseñar la aplicación para móviles que mejore la vida de un determinado colectivo, o cualquier otra cosa que sientas en tus tripas. Esa es tu Visión. 

¿Qué quieres hacer para conseguirlo?¿Qué pasos tienes que dar? ¿Cuáles son los recursos que necesitas? Cómo vas a hacerlo, cómo vas a convertirte en bailarina, pintor o en el mejor diseñador de aplicaciones del mundo. Esa es tu Misión.

Si me permites un pequeño ejercicio, te propongo que escribas una frase tuya, sólo tuya, que te emocione, que resuene en tus entrañas. Una frase que haga que te levantes cada mañana.

Mi propuesta es que la construyas así:

    1. Quiero ser… (el Qué)
    2. Para…         (el Para qué)
    3. Y lo voy a hacer… (el Cómo)

Tu Visión es saber donde quieres ir. Tu Misión es saber lo que tienes que hacer. Y, además, sentir que lo que estás haciendo para lograr tu Visión, es lo que quieres hacer y, por eso, te sientes bien: te hace ser feliz.

Conocer tu Misión y definir tu Visión es fundamental para comenzar a construir tu Marca Personal.

 

Referencias:

– Notas personales del Taller Efecto Merlín, impartido por Minerva Tejero y Cristina Carbajal.  Líder- haz-Go! Junio 2013.

– Notas personales de la Conferencia «El poder de la visión y la misión personal». Ovidio Peñalver. Colegio de Psicólogos. Abril 2014

Fotos: Marquesinas de autobús (inferiores) y exposición de trabajos  de  alumnos de la Escuela de BBAA de Ciudad Real (superior).

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Cómo enfrentar una entrevista de trabajo

Las entrevistas de trabajo han dado un cambio radical en los últimos años. Hace unos días escuché en la radio que, en el cuestionario de reclutamiento de una empresa, se formula a los candidatos la siguiente pregunta:

¿Cómo meterías una jirafa en una nevera?

Automáticamente, recordé las clases de Inteligencia Emocional que impartía Marian Frías, psicóloga, sexóloga, coach, y autora de varios best sellers. Mariam recurría a una frase que ha quedado impresa en cuantos hemos sido sus alumnos. Nuestra profesora la utilizaba cuando quería prevenirnos acerca de cómo habíamos de enfrentar la gestión de nuestras emociones. Nos decía:

Para comerse un elefante, hay que hacerlo a filetitos– Marian Frías

Por eso, la primera respuesta que me vino a la mente, para responder a la pregunta de la jirafa, fue: «pues a filetitos”. Ésta es sólo una de las docenas de respuestas para esa pregunta. No sé me ocurrió poner en cuestión la pregunta, sino dar una respuesta. La respuesta no es ni correcta ni incorrecta. Ni la pregunta. No hay preguntas correctas o incorrectas en estas entrevistas de trabajo, o en estos procesos de selección. Salvo que  la empresa que formula la pregunta de las jirafas, se dedique a la fabricación de neveras.

Si un elefante pude comerse a «filetitos», una jirafa también. Vamos a trocearlos.

Análisis, creatividad y competencias

Sin ánimo de ser exhaustivo, he realizado una pequeña búsqueda acerca de las (¿provocadoras?) preguntas que incluyen en sus entrevistas de trabajo algunas empresas. Apple, por ejemplo, coloca al aspirante en el papel de cocinero y le demanda que explique si es pragmático o académico. Xerox quiere saber por qué las pelotas de tenis son peludas. Otra empresa quiere conocer si el candidato sabe cuántas vacas hay en Asturias. Y así un largo etcétera.

Preguntas de este tipo eran muy frecuentes en las entrevistas de trabajo que realizaban bancos o empresas tecnológicas. Dado el triste aumento de demandantes de empleo, esta práctica ha extendido también su uso a otros sectores.

El mismo entrevistador tampoco conoce la respuesta. Ni le importa. Lo que busca haciendo esas preguntas en una entrevista de trabajo, es conocer la capacidad de reacción de la persona entrevistada. Su capacidad de análisis. Su creatividad.  Sin preguntarlo directamente, el entrevistador quiere conocer realmente las competencias del candidato.

Competencias,  conjunto de conocimientos, habilidades, disposiciones y conductas que posee una persona que le permiten la realización exitosa de una actividad. –Maite Usón

El lenguaje no verbal

No son recomendables, por lo comentado anteriormente,  respuestas del tipo, «no lo sé», «ni idea», «no dispongo de ese dato». U otras parecidas. No has dado respuestas. Y lo que es peor, en tu diálogo interior te estás diciendo, «¿de qué va?». O,  «¡vaya una pregunta!». 

Estas expresiones internas suelen estar acompañadas externamente de un gesto o gestos de sorpresa o desagrado. Cejas que se elevan, dilatación de las pupilas, o un cambio de postura. Has dado una pista al entrevistador, su pregunta ha hecho mella en ti.

La entrevista ha comenzado a hacer aguas por donde menos lo esperabas. Has elegido con extremo cuidado la ropa que llevas. Has visitado la página web de la empresa a la que aspiras a entrar. Te la sabes de memoria. Tu curriculum lo tienes perfectamente interiorizado. Pero una sola pregunta te ha hecho perder la concentración, porque ha dado en tu línea de flotación. Te ha hecho perder el foco.

Poner el foco

La buena noticia es que todo se puede entrenar. Y con esto no quiero decir que seas artificial, que finjas. Todo lo contrario. Sé como eres. Tus logros y tus competencias forman parte de tu Marca Personal.

El humor es en estas situaciones un argumento imbatible. Esboza una sonrisa mientras piensas la respuesta. Ganas unos segundos de oro. Así pasas a dominar tú la situación. Una sonrisa acompañada de preguntas.  ¿Cómo es la jirafa? ¿Y la nevera? ¿Es de juguete la jirafa? ¿Tiene congelador la nevera?…
Con estas u otras preguntas, el entrevistador se siente escuchado. Entiende que tú estás en sintonía con su trabajo. Y con el foco puesto la entrevista. Has tomado la iniciativa y, además, estás ganando un tiempo precioso para encontrar respuestas.

En esos momentos, tu gesto ya se ha relajado y al buscar las respuestas, tus ojos se elevan. Le has dado una pista excelente al entrevistador al observar este gesto. Tu lenguaje no verbal le está diciendo que eres una persona creativa. Una persona que busca respuestas, en lugar de ver problemas. ¿Tenías alguna duda de que así fuera?

¿Cómo puedes entrenar esto en tu vida diaria?

 

Cuando hables con tus amigos, con tu pareja, con tus hijos, o con tu jefe, ¿por qué no pones en ellos tu atención? ¿Qué te impide poner el foco en lo que dicen y no en lo que crees que dicen?  ¿Por qué en lugar de juzgar sus preguntas, no las escuchas y ofreces tus puntos de vista? Habrás hecho así músculo para que , cuando en una entrevista de trabajo, te hagan preguntas que no te esperas, sepas salir de la situación.

Y así, filetito a filetito, te comes un elefante. O una jirafa. Y lo que haga falta.

 

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Por qué soy Coach de Marca Personal

 

Allí estaba el libro. Quieto, casi escondido. Para verlo tuve que girar el cuello cuarenta y cinco grados. Sentí su llamada, aún atrapado entre dos más grandes, como la mortadela del bocadillo que desayunaba en el patio del colegio. Me llamaba a gritos. Lo extraje con el mismo cuidado con el que, a veces, sacaba aquel fiambre rosáceo atrapado entre los dos trozos de pan, con el consiguiente enfado de mi madre cuando me preguntaba si me había comido el bocadillo.

Cuando lo tuve entre las manos, comenzó una batalla incruenta, pero feroz.

— ¡Cómpralo!—  decía un tipo con cuernos y rabo acabado en punta.

— ¡No lo hagas! — rebatía un querubín de alas blancas—. Ya has cubierto el presupuesto para este mes.

Dejé que siguieran discutiendo, y me dediqué a hojear (y ojear) aquel libro con lápices amarillos en la portada. Me decanté por el tipo de los cuernos y el rabo acabado en punta de flecha. Expresándolo en términos de neurociencia, el placer de la recompensa frente a la culpa por el dolor de la pérdida. El caso es que compré el libro. «Unas cañas menos», me dije. El tipo de los cuernos y el querubín seguían a lo suyo. Lo mejor era pasar de ellos y comenzar a leer. Así que no me resistí a abrirlo.

Yo estaba entonces finalizando mi formación como coach. Quería ser coach. No había decidido, sin embargo, a que nicho de mercado iba a dirigirme, en que afluente del gran río que es el coaching quería navegar. Meses antes de matricularme en una escuela de coaching,  había sufrido un proceso de búsqueda de mi Identidad.  Buscaba colocar todas las piezas de mi puzzle. Estaban esparcidas, descolocadas, esperando encajar.

No tuve problemas para encontrar un asiento vacío en el vagón del metro. En la segunda estación había llegado al tercer capítulo: «Cómo definimos nuestra Marca Personal. Misión y Visión».   Coloqué el tíquet de compra marcando la página. Cerré los ojos tratando de recordar como había conocido a la autora del  inspirador texto que tenía entre las manos: Y tú, ¿qué marca eres? de Neus Arqués.

Hace ya algunos años, recibí en mi mesa de redacción un libro titulado Un hombre de pago. Me produjo una profunda tristeza su portada: una mujer encorvada, difuminada, sentada sobre una cama. Acaso un prejuicio. La composición de la portada, me remitió primero a los cuadros de Antonio López, pero salté rápidamente a Edward Hopper, el pintor de la soledad contemporánea. Posiblemente, no era el momento para leerlo.

Un hombre de pago estuvo en mi mesa primero, y en un cajón después. Allí permaneció —inmóvil—, mirándome cada vez que abría el cajón, hasta que un día decidí leerlo. Ya no pude parar. Un libro triste, es verdad: la historia de una mujer en esa edad en que son invisibles, para nosotros los hombres.

El libro estaba firmado por  Neus Arqués, novelista y , hoy, un referente en Marca Personal. Posteriormente, recuerdo haber leído —conmovido por su valentía— que Neus había decidido publicar por su cuenta el libro, hasta que, ante el avance en su difusión, una editorial decidió publicarlo. Por actitudes como ésta me creo a Neus, porque es coherente. Fue aquella editorial que retomó lo iniciado por la autora, la que me había enviado un ejemplar, para que lo comentara en la radio. No lo hice. Quizá con esta nota estoy ejecutando hoy un acto de justicia poética, hablando aquí de aquella primera novela de esta comunicadora.

Los libros te llaman, desde el anaquel de una librería o desde la estantería de tu biblioteca. Te sacan de un apuro y te inspiran o, simplemente, los dejas hasta que te llamen. No siento remordimiento alguno por dejar un libro inacabado. Ya volveré sobre él. O no. Quién sabe.

Yo volví a Un hombre de pago.  Después de este recuerdo, regresé al texto de Y tú, ¿qué marca eres? de Neus Arquésel libro que una mañana de sábado me había gritado desde la balda de una librería,  y  que había comenzado a leer en un vagón del metro. En ese libro estaba la respuesta a mis preguntas, a mi búsqueda. En el segundo párrafo de la página 25:

Al perfil ya conocido del psicólogo se suman hoy el entrenador o coach personal (…) Su colaboración nos facilita la realización de los procesos de identificación de valores. (…) Un buen coach te aportará un referente (…) con su ayuda, podrás clarificar tu bagaje, sobre el que construirás tu marca personal.

Quería ser coach. Ese párrafo definía exactamente el mismo proceso que yo había vivido poco tiempo atrás, cuando buscaba mi Identidad, cuando buscaba definir mi Marca. Las piezas encajaron. En mi cabeza sonó un clic. Desde ese momento decidí que quería ser Coach de Marca Personal.

 

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