Confinamiento, lectura y las voces del horror

Para Eduardo Martínez Rico.

 

No he leído ni un solo libro durante el confinamiento. No podía. Lo intenté varias veces. Ni me concentraba ni conseguía retener lo leído, y tenía que volver, una y otra vez, a la página anterior. Desistí. Eso sí, de leer noticias me he hartado, sobre todo los primeros días. Hacia la tercera semana de encierro, decidí que mi dieta informativa consistiría en un recorrido matutino por los titulares de los periódicos y continuar escuchando la radio. No quería (no podía) vivir ajeno a lo que ocurría extramuros de mi casa.

Las mágicas ondas de la radio traspasaron esas paredes. Colaron en mi comedor, en la cocina, en el dormitorio, las voces del horror: parados; familias hambrientas; hijos que no habían podido despedirse de sus padres ancianos, agonizantes en soledad; empresarios arruinados; médicos y enfermeras desbordados y contagiados, muertos; políticos canallas y mentirosos.

No podía leer porque la realidad me estaba absorbiendo. Mi voluntad era leer, pero las poderosas emociones que estaba viviendo me lo impedían, desviaban mi atención. Por eso no conseguía poner el foco en la lectura. Recordé haber escuchado al escritor griego Petros Márkaris —el padre literario del magnífico teniente Jaritos— decir en una conferencia que él no podía escribir sobre las oleadas de refugiados que en aquellos días llegaban a las islas griegas, hasta pasado un tiempo. Necesito alejarme emocionalmente, dijo el gran narrador de la Grecia moderna.

Y si para escribir hay que alejarse de las emociones —tampoco he escrito nada—, lo mismo creo que puede decirse del acto de leer. Los humanos no nacimos para leer; hemos tenido que aprender. Miles de años de evolución. Leer —a diferencia de escuchar la radio—requiere atención plena. Atención para desvincularnos de lo que estemos haciendo; atención para centrarnos en las palabras de un libro; y, finalmente, atención para entrar en acción: leer. Emocionalmente, el confinamiento ha sido para mí una brutal montaña rusa. Por eso no podía leer: no conseguía librarme del horror.

Le conté a un amigo, el escritor Eduardo Martínez Rico, lo que me pasaba. Lo siento mucho, me dijo con tono grave. A los pocos días, escribió en su blog de Zenda que los libros son la solución. Subscribo, de la cruz a la raya, lo que en aquel artículo decía. Tiene razón Eduardo y yo sé que la tiene, los libros son la solución: para encontrar remedios a nuestros males, para divertirnos, para enseñarnos a vivir. Y por eso me dijo que lo sentía; no podía decirme ninguna otra cosa. Es lo mismo que yo hubiera contestado a quien me hubiera contado que su novia se había fugado con su mejor amigo.

La realidad ha sucedido antes en los libros, escribía también Eduardo. Es verdad. Pero, ¿qué es realidad? ¿Es más fuerte la realidad que la ficción? La realidad no existe. Cada uno de nosotros la percibimos de manera diferente. ¿Cómo la percibía yo? Las voces del horror,  me golpeaban, como el «ploc» constante de la gota de agua del aljibe que escuchaba el teniente Giovanni Drogo, en la oscuridad de su cuarto, aislado en la Fortaleza. El «ploc» impedía dormir al teniente Drogo. Y no tenía un libro para aguantar su soledad. Así lo cuenta Dino Buzzati en El desierto de los tártaros.

La Fortaleza era el último bastión defensivo frente a un desierto que ningún enemigo había cruzado nunca, una «frontera muerta». Y eso es lo que yo veía desde mi ventana —mi frontera muerta—: un desierto tártaro por el que, montado en cada aliento, cabalgaba un enemigo invisible. Un enemigo sin estrategia, sin armas, pero letal. Un enemigo agazapado, mudo, que —pensaba el teniente Drogo de los tártaros que nunca vio— esperaba la oscuridad para atacar.

Yo, a diferencia de  Giovanni Drogo, sí tenía libros. Muchos. Me miraban —silentes— desde los anaqueles blancos, desde la mesilla auxiliar, junto a mi sillón de lectura; soy incapaz de leer en la cama. Quería alargar la mano y abrirlos. Pero no podía. Tenía pesadillas en la que quería huir, pero no podía moverme. Milagrosamente, me despertaba angustiado, sudando.

Y de la misma manera asombrosa en que me despertaba de aquellas pesadillas atormentadas, me descubrí leyendo. De corrido. La radio había dicho esa mañana que era el día cuarenta y uno del confinamiento. Una cuarentena.

 

Gracias por dejar tu comentario y compartir esta nota en tus redes Email this to someone
email
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Los 10 mejores Libros de Empresa de 2019

 

Te presento los 10 mejores libros de empresa de  2019, finalistas de la IX edición del Premio Know Square al Mejor libro de Empresa del Año, según un Jurado formado por 33 personas. Este premio es el  único que existe en España para destacar los libros dedicados a la gestión de organizaciones.

El día 21 de abril es la fecha en que habitualmente se han entregado los premios Know Square. Este año, pese al estado de confinamiento, se mantendrá esta tradición. Podrá ser seguido por multiconferencia, a través de la web de Ágora News y el hastag #PremiosKnowSquare.

Libros de empresa de 2019. En esta novena edición se han presentado 84 libros de 20 sellos editoriales diferentes, casi un 20% más que en la edición de 2018.

Los 10 mejores Libros de Empresa de 2019, según Know Square

Los 10 mejores libros de empresa de 2019,  incluyen biografías, libros de visión y contexto, herramientas de gestión y reflexiones sobre comportamiento humano. Estos 10 finalistas conforman un corpus de literatura empresarial dirigido a todos aquellos que quieran comprender mejor el mundo de la empresa y su futuro.

Eso nunca funcionará

ESO NUNCA FUNCIONARÁ, Marc Randolph. Planeta. 2019. 351 páginas

 

eso nunca funcionará- portada

Versión novelada de los primeros años de vida de Netflix, contados por el que fuera su primer presidente, Marc Randolph.  Una historia que comienza en 1997, cuando Netflix era una empresa de envíos de películas en DVD por correo, y finaliza cuando la compañía sale a bolsa, en mayo de 2002. Randolph desgrana su manera de entender el emprendimiento, desde el nacimiento de la idea, su desarrollo, hasta las rondas de financiación. Un texto muy útil para emprendedores, que se lee como una apasionante  novela.

 

Notas desde la trinchera

NOTAS DESDE LA TRINCHERA, Marcos de Quinto. Deusto, 2019. 282 páginas.

 

los 10 libros de empresa 2019-Notas desde la trinchera- portada

Hay mucho que contar después de una trayectoria de 35 años en The Coca Cola Company, donde se ha ocupado el puesto de vicepresidente ejecutivo en Europa y máximo responsable del marketing mundial. De Quinto sale del confort de las recetas al uso y escribe un libro esclarecedor, incisivo y valiente sobre las relaciones entre productos y marcas, sedes corporativas y filiales, jefes y subordinados e incluso entre trabajo y vida. Un libro que guarda total coherencia con el mensaje con el que el autor se define en Twitter: «Pirata.Navego sin bandera. No pretendo convencerte de nada, acaso hacerte dudar de lo que crees.»

Mundo Orwell

MUNDO ORWELL. Manual de supervivencia para un mundo híperconectado, Ángel Gómez de Ágreda. Editorial Ariel, 2019. 430 páginas.

 

Mundo orwell- portada

70 años después de la publicación de 1984 por George Orwell, nuestra sociedad empieza a mostrar muchas de las características que allí se presentaban, en las que el Gran Hermano ejercía su vigilancia represiva sobre los individuos. Ese Gran Hermano hoy en día no es necesariamente el estado, sino quien (es) tiene (n) el poder y el interés de controlar nuestros datos. El libro pretende ser una reflexión sobre las implicaciones de la tecnología y sus nuevas posibilidades, y cómo afecta a nuestra manera de ser. Aprovechar sus ventajas, sin caer en sus trampas, implica conocerlas en profundidad.

La era de la Humanidad

LA ERA DE LA HUMANIDAD. Hacia la quinta revolución industrial. Marc Vidal. Deusto, 2019

 

La era de la humanidad- portada

El libro parte de un diagnóstico crudo de la realidad económica, laboral, cultural, educativa, política y social, y de la situación española en particular.  Y analiza las transformaciones que vive nuestro mundo fruto del detonante tecnológico, aún con los inevitables peajes que se deben pagar como sociedad.  Vidal se atreve a decir cómo serán los empleos futuros y la transformación de las empresas. No hay territorio intocable ni empleo que se libre. Y está en nuestras manos utilizar la tecnología para hacer que la quinta revolución industrial no sea solo la era de las máquinas, sino también, la era de la humanidad.

 


Nadie sabe nada. A veces tu sueño es como el Coyote persiguiendo al Correcaminos, ir tras algo imposible de alcanzar. Si nadie sabe nada, tienes que ponerte a prueba. Y tienes que estar dispuesto a fallar.

— MARC RANDOLPH


Vivir dos veces

VIVIR DOS VECES. Transformación personal y organización basada en el modelo de los jesuitas, Álex Aranzábal. Conecta, 2019. 270 páginas.

 

los 10 libros de empresa 2019-Vivir dos veces- portada

Alex Aranzábal, 45 años, economista, empresario, profesor universitario, y presidente de la S.D. Eibar, tenía una historia de éxito que, por una serie circunstancias personales y profesionales, le conduce a  un replanteamiento de vida:  ¿qué soy? ¿Que es lo que hubiera querido ser? ¿Qué quiero ser en lo que me resta de vida? El autor elige para autoexaminarse la fórmula de los Ejercicios Espirituales, que Ignacio de Loyola hizo antes de fundar la Compañía de Jesús. Y hace extensivo este análisis a cualquier proyecto profesional. Un libro sobre las segundas oportunidades.

La mente de los justos

LA MENTE DE LOS JUSTOS. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata. Jonathan Haidt. Editorial Deusto, 2019. 491 páginas

 

La mente de los justos- portada

Usando tres metáforas, Haidt explica los principios de la psicología moral. Uno, que primero reaccionamos intuitivamente y racionalizamos después nuestra postura. Dos, que derivado de la evolución de nuestra especie se pueden identificar seis elementos básicos que componen las matrices morales de las diferentes culturas o estratos sociales. Y finalmente, que aquello que cohesiona a un grupo, a su vez lo separa del resto. Este libro es un mapa para entender (y actuar) en tiempos de una elevada polarización, como los que vive el planeta actualmente.

Más fuera es más dentro

MÁS FUERA ES MÁS DENTRO. Apertura e internacionalización: una estrategia para la transformación de nuestro sistema productivo,  Josu Ugarte. Verssus, 2019. 200 páginas.

 

Más fuera es más dentro- portada

La globalización y la revolución tecnológica han creado tres grandes efectos: una nueva complejidad, la interdependencia y la aceleración. ¿Cómo han de abordar las empresas esos tres retos? La tesis fundamental del libro: para las empresas, en especial las industriales, salir fuera de las propias fronteras es la mejor forma de ayudar a su futuro. No se trata de una salida destructiva, deslocalizando o simplemente exportando, sino con una estrategia de multilocalización. Un manual escrito por un experto que ha vivido los retos del mercado global.

Silver surfers

SILVER SURFERS. El futuro laboral es para los mayores de 40, Raquel Roca.  Lid Editorial, 2019. 279 páginas.

 

Silver surfers- portada

Raquel Roca, comunicadora de primera línea, elabora un interesante itinerario por el mundo laboral que vivimos y el de un próximo futuro. Un futuro que todavía está por ver por dónde va debido, como ella misma explica, al impacto de la tecnología en una sociedad que, como a todas las que han coincidido con revoluciones industriales, sufre la inquietud del futuro. La ventaja de este libro sobre otros muchos libros sobre el mismo tema, es que es modular.  Aborda un sinfín de casuísticas, útiles todas. Un libro para la consulta, la reflexión, el aprendizaje e, incluso, la toma de decisiones.

 


Al final, uno ha de ser responsable de sus propios errores y no de los demás… Y la integridad, al menos, siempre nos asegura la paz interior, sea cual fuere el resultado que se obtenga.

— MARCOS DE QUINTO


Excesos

EXCESOS. Amenazas a la prosperidad global, Emilio Ontiveros. Editorial Planeta, 2019. 317 páginas.

 

los 10 mejores libros de empresa de 2019, excesos, portada

Un texto que defiende el desarrollo tecnológico y la globalización. Y, a la vez, se muestra preocupado por las desigualdades que están generando. El autor aboga por un «crecimiento inclusivo», porque favorecer el desarrollo no es incompatible con aspirar a una distribución más justa. Democráticamente, se han elegido opciones que están en contra del libre comercio y alientan el proteccionismo, como si de esa forma se pudiera conseguir una distribución más igualitaria de la renta. Existen otras más eficaces, estima Ontiveros, que no ponen en peligro la movilidad de bienes, servicios, capitales y personas suponen para el crecimiento y el bienestar.

Mide lo que importa

MIDE LO QUE IMPORTA. Cómo Google, Bono y la Fundación Gates cambian el mundo con OKR. John Doerr . Editorial Conecta, 2019. 318 páginas.

 

los 10 mejores libros de empresa de 2019, mide lo que importa, portada

Lo que no se mide, no se puede mejorar. John Doerr, «el apóstol de los OKR», e inversor de capital riesgo en compañías de más éxito en el mundo, propone en este libro el uso de una herramienta que ha sido implementada en empresas como Intel o Google, los OKR (Objetives and Key Results).  Los OKR son  un protocolo de colaboración en empresas, equipos e individuos. Esta metodología de gestión busca  asegurar que la empresa se centra en los mismos temas importantes de toda la organización.

 


Más de una década después del estallido de la crisis de 2008, una de las más severas de la historia, la vulnerabilidad sigue dominando los estados de ánimo.

— EMILIO ONTIVEROS


Y si desplazas hacia abajo el ratón, en la página web de Know Square tienes disponibles los vídeo resúmenes de estos 10 mejores libros de empresa de 2019.

 

ADENDA,  23 de abril de 2020. El libro ganador fue Mundo Orwell. Este es el vídeo de la gala completa (58 minutos) de entrega virtual del premio.

Gracias por dejar tu comentario y compartir esta nota en tus redes Email this to someone
email
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Ejemplos de Storytelling: trabajar con los valores

 

Un ejemplo de storytelling para trabajar valores como la búsqueda de la verdad, la justicia o la confianza, aparecen en varios libros y películas. La breve historia que propongo a continuación está construida en torno a la película La cortina y de humo y la serie Escándalo. Un diálogo ficticio.

Historia

 

En la película  La cortina de humo (Wag the dog, Barry Levinson, 1997), uno de los consejeros del presidente de los EE.UU. contrata a un productor de Hollywood (quien acabará creyéndose su propia fantasía) para que invente una guerra en Albania. Esta artimaña pretende tapar un escándalo sexual del presidente, pillado in fraganti.

La guerra inventada tenía una intención. Tapar las veleidades amorosas de un presidente casquivano, amante de hacer requiebros a cualquier mujer que se cruza en su camino. Caiga quien caiga, el presidente ha de ser salvado.  Y su escándalo, tapado.

La verdad y la justicia saltan por los aires. Y hay una víctima invisible: la confianza.

—Las manipulaciones que buscan tapar escándalos, el provocado por el desmedido ego de «un amo del universo» en este caso, están contadas en La hoguera de las vanidades (Brian De Palma, 1990).

— No te olvides de la serie de la ABC, Escándalo (Scandal).

— La he visto entera.

— ¿Las siete temporadas? Y luego dices que soy yo el adicto a las series.

— Está muy bien contada la lucha entre el ego y el alma. Nos pasamos la vida haciendo equilibrios entre esos dos extremos. Una batalla cruenta.

Egos desmesurados

ESCÁNDALO. Cómo superar una crisis personal. Judy Smith, Alienta. 2015. 235 páginas.

 

La serie Escándalo está vagamente inspirada en un personaje muy influyente en Washington, Judy Smith, una experta en resolución de crisis. Smith publicó un libro titulado precisamente Escándalo. Cómo superar una crisis personal (Alienta, 2015), aunque nada tenga ver el contenido del texto con la serie. Excepto en una cosa. Tanto la serie como el libro están fundamentados en como un ego desmesurado, fuera de control,  es capaz de destruir no solo a personas, sino también a gobiernos e instituciones.

 

Este libro es para aquellos que han permitido que su ego o su orgullo los pongan en aprietos que escapan a su control.

— JUDY SMITH

Escándalo es, en consecuencia, un libro de muy recomendable lectura.

También lo es leer La hoguera de las vanidades (Anagrama, 1988) de Tom Wolf, en el que está basada el film del mismo título que mencioné anteriormente. La película es, sin embargo, más «ligera» que la novela que lo inspira.

 


Es tu turno:

Dependiendo de los valores que quieras trasmitir, ¿qué películas o libros conoces que puedan ser utilizados para tus fines? ¿Cómo puedes construir una pequeña historia para comunicarlos a tu audiencia, a tu equipo, o a tu organización?


 

Gracias por dejar tu comentario y compartir esta nota en tus redes Email this to someone
email
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Las historias: vehículos de transmisión de valores

 

Las historias: vehículos de transmisión de valores. ¿Te habías planteado alguna vez que una historia tiene el poder de transmitir valores como libertad, independencia, confianza, generosidad, convivencia?

Desde los tiempos más remotos, en torno a una hoguera, las historias, las leyendas y los relatos épicos han servido para transmitir conocimiento alrededor de una hoguera. Pero no solo. También valores.

Una hoguera siempre nos fascina, las llamas nos dejan ensimismados, el crepitar de los troncos, el calor acariciándonos las mejillas… Y en torno a ella, niños y ancianos, mujeres y hombres, reunidos para hablar y compartir.

La nueva hoguera

 

Aquella ancestral hoguera es hoy la máquina de café de una empresa, alrededor de la cual se reúnen los empleados. La barra de un bar. Las reuniones frente a un televisor para ver un partido. Las redes sociales llenas de conversaciones. También lo son los videojuegos y las series de televisión con millones de seguidores. En fin, los foros, los chats…

Vivimos rodeados de historias. De unas somos los protagonistas. En otras, solo somos meros receptores. Y es que el ser humano es un ser básicamente social. Esta es la razón por las que nos fascinan las historias.


¿Las historias: vehículos de transmisión de valores? Toda historia tiene, como mínimo, una decisión moral


A nuestro cerebro le encantan las historias. Tiene estructura narrativa. Los humanos no soportamos la incertidumbre. No nos gustan los puntos suspensivos, la fragmentación. Por eso el cerebro crea narrativas.

1. las historias Son comunicación emocional

Las historias son la manera de hacer que las ideas lleguen a la cabeza, pasando primero por el corazón. Como transmisoras de emociones que son, las historias hacen que las recordemos. La Neurociencia lo ha demostrado: los recuerdos más memorables son aquellos que van ligados a una emoción.

2. Las historias captan la atención de quien las escucha

Nuestro cerebro está ávido de historias. Es lo que más le gusta. ¿Qué mejor que alimentar esa necesidad  contando historias? Desde luego, las historias son mucho más fascinantes que los hechos. Los hechos ocurren uno tras otros, son cronológicos. Las historias permiten ordenar esos hechos para convertirlos en relatos, mucho más atractivos que la simple enumeración cronológica.

¿Qué se esconde detrás de una historia?

 

1. Las  historias definen quién somos. Nos encajan en el mundo

Permiten explicar a los demás cual es nuestra identidad. O en el caso de un relato corporativo o empresarial, cuál es la identidad de la empresa.

2. Las historias son mapas. Dan sentido y significado a la vida

Las historias nos permiten entendernos a nosotros mismos.  Nos permiten hacernos preguntas sobre nosotros mismos. Son, en consecuencia, un mapa que nos permite movernos por la vida.

biblioteca de lance, las historias vehículos de transmisión de valores

3. las historias Trasmiten lo complejo de manera sencilla

Hay situaciones que no podemos (o no sabemos) explicar. Por ejemplo, un despido o una situación complicada por la que hemos atravesado. Convertir esa experiencia en historia, permitirá, en consecuencia, que sea más fácilmente comprendida.

4. las historias Vencen la natural resistencia al cambio que tenemos los seres humanos

Una vez que hemos escuchado o leído una historia, ya no somos los mismos. Dice el profesor de marketing de la Universidad de  Wharton, John Berger, que son como el caballo de Troya. O sea, la manera de entrar en una fortaleza inexpugnable.

5. las historias Generan confianza

Las historias general vínculos entre quien cuenta la historia y quien o quienes la reciben. Se establece, por tanto, una comunicación invisible. Contar historias para comunicarnos con los demás, ha de ser una actitud.

6. las historias Permiten que quién la escucha, pase de espectador a protagonista

Resulta difícil que durante la narración de una historia, no nos sintamos identificados con alguno de los personajes. Esta identificación es la que lleva directamente a la conclusión de esta nota: la transmisión de valores en las historias.

Las historias como vehículos de transmisión de valores

Libertad, independencia, confianza, generosidad, convivencia… ¿De dónde vienen tus valores? Algunos de tus padres o abuelos. Otros los has ido adquiriendo con el tiempo, fruto de las vivencias que has tenido y de la experiencia conseguida.

¿Cuántos de los valores que heredaste de tus padres y abuelos lo son por la observación de su conducta? ¿Cuántos provienen de aquellos cuentos e historias que ellos te contaban antes de dormir?

Las historias entretienen, explican y transmiten enseñanzas; conocimiento, en definitiva. Generan confianza, permiten la comunicación. Y también valores morales, culturales, de una empresa o valores personales. Las historias contienen, además, como mínimo, una decisión moral. El protagonista ha de elegir. Y eso hace que nos identifiquemos con él.

Y es, fundamentalmente,  en nuestras elecciones— y nuestra vida está llena de ellas, más grandes o más pequeñas— donde nuestros valores entran en juego de una manera más clara y contundente.

 

 

 

 

Gracias por dejar tu comentario y compartir esta nota en tus redes Email this to someone
email
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Empatía y diálogo: 3 libros imprescindibles

 

Empatía y diálogo son palabras que, en las últimas semanas en España, están en boca de todos. Si empatía y diálogo son conceptos primordiales en el ámbito político o laboral,  no lo son menos en la familia, entre amigos, con los colegas del trabajo y en colegio y la universidad.

La empatía y el diálogo se aprenden, pero requieren de un entrenamiento diario. Soy coach y, en consecuencia, heredero del pensamiento socrático, reflejado en los Diálogos de Platón. Es decir, el poder de la pregunta y la conversación. Tanto una como otra favorecen la escucha y el diálogo, y son por ello generadoras de empatía.

Los Diálogos de Platón tienen más de dos mil años de vida. Y esta sería, por tanto, una primera recomendación. Los libros que a continuación te recomiendo son textos publicados recientemente, que actualizan el espíritu de aquellos diálogos platónicos. Y animan a la generación de empatía y diálogo.

La intención de esta nota es, por tanto, ofrecer una reflexión y abrir nuevas perspectivas. Y qué mejor cosa que sugerir algunas lecturas.

 


La filosofía, el arte, literatura tiene la virtualidad de dejarnos perplejos, de sembrar el desconcierto allí donde todo parecía claro, de estimular la curiosidad hacia lo desconocido, de dar valor a las expresiones ajenas.

VICTORIA CAMPS


Empatía y diálogo, ni blanco ni negro. 3 libros

Conversación

CONVERSACIÓN. Cómo el diálogo puede transformar tu vida. Theodore Zeldin. Plataforma, 2014

 

Este libro contiene las charlas radiofónicas que Theodore Zeldin emitió en la BBC, en los noventa del siglo pasado, y que gozaban de gran popularidad entre la audiencia.

Zeldin es uno de los pensadores más importante de nuestro tiempo. Y de los más frescos, a pesar de sus 84 años. La ideas que plantea pueden parecer, a primera vista, simples, pero no lo son. La sencillez es la máxima sofisticación, decía Steve Jobs.

La conversación te coloca cara a cara con los individuos y con toda su complejidad humana. Se trata de una experiencia que te proporciona humildad. Después de semejante conversación, nunca se puede seguir siendo la misma persona.

THEODORE ZELDIN

Conversación, por eso, es la reivindicación de la cultura del encuentro. Cada vez que conversamos —dice Zeldin—, no solo se vuelven a mezclar las cartas, sino que se crean cartas nuevas. La conversación estimula el encuentro de las mentes. El diálogo se configura así como una manera de sentir empatía.

Este texto de poco más de 100 páginas, está dividido en seis capítulos. En cada uno de ellos aborda diferentes ámbitos de nuestra vida: la conversación amorosa, la conversación en el lugar de trabajo, la conversación familiar. El capítulo final está dedicado a la tecnología, que ha modificado (como ha ocurrido a lo largo de los siglos) nuestras conversaciones.


La tecnología puede proporcionar más oportunidades para discutir como podemos mejorar nuestra vida y para explicar a los demás cuáles son nuestros sueños.

THEODORE ZELDIN


El escritor y jurista, Antonio Garrigues, regaló un ejemplar de Conversación a Mariano Rajoy y otro a Artur Mas.

Los placeres ocultos de la vida

LOS PLACERES OCULTOS DE LA VIDA. Una nueva forma de recordar el pasado e imaginar el futuro, Theodore Zeldin. Plataforma Editorial. 2015. 432 páginas.

 

Conversación tiene una secuela muy nutritiva, Los placeres ocultos de la vida. Este es otro libro que no dudo en recomendar, y que ya reseñé en una entrada anterior. Zeldin establece en este texto un diálogo —a veces controvertido— con casi una treintena de personajes más o menos conocidos. Son personas que vivieron en épocas concretas y en distintas civilizaciones. En estas imaginarias conversaciones, el pensador británico hace, por tanto,  un recorrido muy personal por la historia de la humanidad.

Otro viaje, esta vez por la historia del pensamiento, es el que hace Victoria Camps, acompañada de filósofos.

Elogio de la duda

ELOGIO DE LA DUDA. Victoria Camps. Arpa Editores, 2016. 174 páginas.

La tesis que defiende este ensayo la filósofa Victoria Camps es sencilla. La actitud dubitativa —la que desconcierta y extraña—, no como parálisis de la acción, sino como ejercicio de reflexión, sería una forma más saludable de reaccionar para todos.

No se trata de dudar de todo y partir de cero a cada momento, dice esta filósofa. Hay un núcleo de «valores», que ponerlos en cuestión significaría renunciar a los logros conseguidos por la humanidad durante siglos.


Es más fácil situarse en el sí o el no porque para hacerlo no es necesario dar argumentos. El saber es limitado y nadie tiene la razón en exclusiva.

VICTORIA  CAMPS


 

Los diez capítulos de Elogio de la duda son de ágil lectura. Y si bien, tienen un nexo común, pueden ser leídos de manera independiente. Sócrates, Aristóteles, Descartes, Spinoza, Kant, Hume, Nietzsche y Wittgenstein, entre otros, son algunos de los filósofos a los que recurre Victoria Camps. De su mano construye este ensayo fresco, claro y poco complaciente. E imprescindible.

La pléyade de filósofos apuntada configuran una parte capital de la historia del pensamiento. Y con sus aportaciones, la autora  ha querido manifestar la utilidad de la filosofía para aprender a dudar, que es, en definitiva—dice la filósofa—, aprender a vivir.

TODO LO QUE ES PODRÍA SER DE OTRA MANERA

 

Muy especialmente, la autora se detiene en el ensayista francés Montaigne (el ensayista por excelencia para Camps),  especialista en actitudes dubitativas y escépticas. Montaigne vivió en un siglo de cambios, desconcertante.

Tan desconcertante, acaso, como el nuestro. Con la salvedad, quizás, de que en el siglo XXI los cambios se producen a una velocidad de vértigo. Unos cambios amplificados además por las redes sociales. No son precisamente las redes sociales donde más impere la cordura, la sensatez, la moderación y la reflexión. O sea, nuestro siglo es el tiempo del gatillo fácil.

Empatía y diálogo, la vida en color sepia

 

No estamos completos si no conocemos lo que los demás piensan de nosotros. Y no podemos saberlo sin establecer una conversación, generadora de empatía y diálogo.

En lugar de preguntarme: «¿Quién soy yo», prefiero inquirir: «¿Quien eres tú?» Así es como nace una conversación y nace un autorretrato.

THEODORE ZELDIN

No siempre el mundo tiene colores brillantes. No es blanco o negro. Y sus contornos son borrosos. Acaso sea de color sepia, como una vieja fotografía.

 

 

 

Gracias por dejar tu comentario y compartir esta nota en tus redes Email this to someone
email
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Adela Cortina, o cómo no se puede vivir sin la ética

 

Adela Cortina es una de nuestras más destacadas filósofas contemporáneas. Su bandera es la ética. Adela Cortina es, además, una extraordinaria divulgadora. No es esta una cuestión menor. La filosofía y la ética no son precisamente materias que sean fáciles de trasladar al gran público. Adela Cortina lo consigue. Sus textos son de gran hondura, pero que se leen —y se entienden—con una facilidad pasmosa.

Ninguna sociedad puede funcionar si sus miembros no mantienen una actitud ética. Ningún país puede salir de la crisis si las conductas inmorales de sus ciudadanos y políticos siguen proliferando con toda impunidad.— Adela Cortina

El afán divulgador de esta Catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, le valió el Premio a la Trayectoria Divulgativa ejemplar 2016, otorgado por Know Square. Me cupo el honor de introducir el discurso de Adela Cortina, aceptando el Premio.

Esta es la semblanza bio–bibliográfica que hice de Adela Cortina, el día 31 de enero de 2017, en el Salón de Actos de la Fundación Lázaro Galdiano, de Madrid. El público asistente estaba mayoritariamente formado por empresarios, directivos y profesionales. Para facilitar su lectura en internet, el texto lo he adaptado, colocando apartados.

El storytelling, según Adela Cortina

 

Políticos y tertulianos han incorporado a su particular jerga, un término con el que quieren referirse a cómo el contrario narra la manera en que han ocurrido determinados acontecimientos, o cómo los inventa. Este término no es otro que «el relato».

En 2008, el escritor francés Christian Salmon publicó en España, Storytelling, la máquina de fabricar historias y formatear las mentes. El título produce escalofríos. Leerlo me dejo muy mal sabor de boca. Know Square me ofreció entonces un colutorio en forma de Taller. Decidí que hablaría sobre Storytelling y ética. Hace de esto algo más de dos años.

Una tarde de domingo, andaba yo buscando documentación con la que enriquecer los contenidos de ese Taller. Estaba a punto de desistir. No había nada sustancioso que echarme a la boca. Cómo el taller iba dirigido mayoritariamente a empresarios, crucé entonces cuatro palabras: Storytelling, ética, negocios y empresarios. Apareció entonces el enlace a un artículo titulado La leyenda del empresario excelente. De él extraje el siguiente texto, que escribí luego en una diapositiva:

Dicen los entusiastas del storytelling, de la necesidad de contar relatos para generar adhesiones a la propia causa, que es preciso hacerlo también en el mundo empresarial. Habría que contar buenas historias. Pero —y esto no debe olvidarse nunca— historias verdaderas. Es tiempo de escribir en la vida cotidiana el relato verídico de los empresarios excelentes, de los que sobresalen por sus buenas prácticas beneficiando a la sociedad.

— ADELA CORTINA

Este artículo, publicado en El País en 2012, estaba firmado por Adela Cortina, de la que se decía al final que es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y Directora de la Fundación ÉTNOR (Ética en los Negocios y las organizaciones). Así  conocí, literariamente hablando, a Adela Cortina.

Adela Cortina y la ética

 

Supe posteriormente que fue la primera mujer en ingresar en la Academia de Ciencias Morales y Políticas y Doctora Honoris Causa de varias universidades españolas y latinoamericanas, y que era autora de más de veinte libros. Con el libro ¿Para qué sirve realmente la ética?, ganó el Premio Nacional de Ensayo «¡Qué señora tan interesante!», pensé.

Con esta idea en la cabeza, al día siguiente, lunes, me acerqué a la Biblioteca Pública más cercana a mi casa para buscar sus libros. En dos tardes, me leí las 180 páginas de Ética, publicado en 2005. El libro está transitado por un planteamiento muy práctico: cómo aplicar los principios morales a los distintos ámbitos de la vida personal y profesional. «Esta señora no es interesante, ¡es muy interesante!», me rectifiqué.

Que yo me leyera el libro en dos tardes, no significa que la Ética se aprenda en dos tardes. Eso parece que está circunscrito exclusivamente al ámbito de la economía.

La ética tiene que ver con el êthos, con el carácter que se forjan las personas y las organizaciones, con los hábitos que adquieren día a día para actuar de una forma excelente, desde la convicción de que hacerlo así es lo que corresponde. Y la ética tiene que ver también con la justicia, con ese percatarse de que cualquiera que sea afectado por una actividad social tiene que ser tenido en cuenta al tomar las decisiones que le afectan.

— ADELA CORTINA

Edith Piaf y Adela Cortina

 

«Es la pasión intelectual, amén de la ética, la que guía la mano de Adela Cortina«, escribió Salvador Giner. Acaso fuera la pasión, acaso el corte de pelo a lo garçon que lucía en la primera foto que vi de ella, la razón por la que mi mente me llevó a una imagen de Edith Piaf, la cantante francesa. Las canciones de la Piaf condensan apasionadas historias en tres minutos. Del mismo modo, los libros y los artículos de Adela Cortina, son pura esencia. Y sus libros, nada voluminosos. Algo que se agradece. Además, a esta profesora  se la entiende. Le gusta escribir con frases cortas, algunas tan secas como disparos.

Si a Edith Piaf se la escucha con las tripas, a Adela Cortina se la lee con el corazón. Tripas y corazón son el atractivo emocional, el pathos griego, el que conduce el mensaje hasta la razón, al logos. Resulta difícil no creerse a Edith Piaf cuando canta desgarradamente, como resulta difícil no reflexionar leyendo a Adela Cortina. Es decir, el êthos, la credibilidad, el carácter.

Êthos, logos y pathos, el aristotélico triángulo de la persuasión.

“La ética sin proyección pública queda en el escapismo”, afirma Adela Cortina. Esto la convierte de muy interesante en interesantísima. Escribe y opina sobre todo aquello que inquieta a nuestra sociedad. La suya es una ética a la altura de los tiempos que nos ha tocado vivir, con la que busca establecer unas bases mínimas para hacer el mundo habitable.

Adela Cortina y la confianza

 

Una de esas bases mínimas es la generación solidaria de confianza, «un valor ético básico», imprescindible para que levantemos el ánimo en estos tiempos de desorientación.

La construcción de una cultura de la confianza es lo que confiere veracidad al relato al que me refería al principio. La confianza dota al relato de un valor ético.

Por esoháganme caso los que tienen espíritu de empresa. Lleven la ética al mercado, porque, por lo que dicen unos y otros, es la ocasión que vieron los siglos. Y si no lo es, al menos sabremos qué es lo que verdaderamente apreciamos. Cómo decíamos en aquel juego de la infancia «tú la llevas», son los empresarios quienes ahora la llevan.

—ADELA CORTINA

Ahí los tiene, señora Cortina Su público son los empresarios. Son todo suyos.

 


Adela Cortina, una filósofa siempre de guardia

 

Adenda ( 29/12/2017) a la nota publicada el 3 de marzo de 2017.  Adela Cortina, filósofa y Premio Know Square a la Trayectoria Divulgativa Ejemplar 2016, ha conseguido por lo que venía luchado desde hace veinte años, incorporar la palabra aporofobia al diccionario de la RAE.  Aporofobia (odio a los pobres) ha sido elegida como palabra del año por la Fundación del Español Urgente (Fundéu). El pasado mes de septiembre, además, el Senado español aprobó una moción en la que pide la inclusión de la aporofobia como circunstancia agravante en el Código Penal.

La Fundéu es una entidad siempre de guardia, vigilando por el buen uso de nuestro idioma. Del mismo modo, Adela Cortina está siempre de guardia, para alzar su voz en las situaciones cotidianas, y pasarlas por el filtro de la ética.

 

Gracias por dejar tu comentario y compartir esta nota en tus redes Email this to someone
email
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Los placeres ocultos de la vida, el poder del diálogo

Los placeres ocultos de la vida es un hermoso texto, en el que Theodore Zeldin propone recordar el pasado para imaginar el futuro. Y así,  evitar los errores cometidos.

Es una invitación a reflexionar. La forma propuesta por Zeldin es  a través de conversaciones con veintiocho autorretratos de personajes de diferentes épocas que tuvieron que enfrentarse a cuestiones trascendentales. Personajes de todas las épocas, algunos conocidos y otros no tanto.

LOS PLACERES OCULTOS DE LA VIDA. Una nueva forma de recordar el pasado e imaginar el futuro, Theodore Zeldin. Plataforma Editorial. 2015. 432 páginas.

 

Este libro no es, dice su autor, «una trepidante novela de misterio». Pero es un libro plagado de historias, a cuál más emocionante.

Cada capítulo comienza, en primer lugar, con la voz de una persona de una época y una civilización determinadas. Theodore Zeldin establece con ellos, posteriormente, una conversación. En ella se pregunta qué otras respuestas son viables hoy, qué nuevas posibilidades se han abierto. Los personajes no son superhéroes. Son personajes que han dejado, a entender del autor, testimonios especialmente sinceros.

En lugar de perder el tiempo argumentando si las cosas mejoran o empeoran, dedicaré mi tiempo a encontrar un regalo que exprese mi gratitud al mundo por tolerar mi presencia en él. Por supuesto, tiene que ser algo que el mundo no posea todavía. Esta será mi búsqueda del tesoro. Y cada uno de los capítulos del libro ofrece una pista. – Theodore Zeldin

La gran aventura de nuestro tiempo

 

Zeldin considera que los ideales vigentes están obsoletos o que se han corrompido. Ya no son capaces por eso de protegernos de las decepciones la vida. A través de la voz de determinadas personas de épocas y culturas muy diferentes, este influyente pensador busca unos nuevos ideales.

Los placeres ocultos de la vida es un libro para ser bebido a pequeños sorbos, en el que se propone que, a través de las conversaciones, los demás nos entiendan mejor. Eso permite también que nosotros nos conocemos mejor a nosotros mismos. Ir más allá de nuestra propia introspección. En consecuencia, convertir la tarea de pensar en una actividad social.

Este pensador continúa con este libro incidiendo en la línea que ha marcado su pensamiento a lo largo de toda su obra: la búsqueda compartida del conocimiento. Su anterior libro se titulaba, precisamente, Conversación (Plataforma Editorial. 2014). Zeldin defendía en aquel texto el poder transformador del diálogo. En Los placeres ocultos de la vida ha llevado, en conclusión, a la práctica lo que en Conversación era una mera enunciación teórica.

«La interacción entre dos personas que desarrollan vínculos emocionales, intelectuales o culturales está creando un nuevo motor de cambio». Theodore Zeldin

 

Theodore Zeldin en la entrega de los Premios Know Square. Enero de 2016. El libro Los placeres ocultos de la vida figuraba entre los diez mejores libros de 2015.

Gracias por dejar tu comentario y compartir esta nota en tus redes Email this to someone
email
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

El vuelo del urubú/ Relato

 

Relato ganador del 2º Premio del III Concurso de Relatos sobre Pobreza, organizado por EAPN España y el Club de Escritura Fuentetaja, del que soy autor.

El vuelo del urubú

 

El alevín de buitre se arrastró por la superficie del nido hacia el borde del acantilado, y alargó el cuello blanco y delgado hacia el vacío: un primer plano que ocupó la pantalla entera del televisor. Llevaba varios días sin alimentarse, una obligación impuesta por sus progenitores para que abandonara el refugio y aprendiera a buscar la comida por sí mismo. Eso fue lo que dijo un ornitólogo que lo observaba con unos enormes prismáticos.

Me envolvió un sentimiento de ternura.

La imagen del joven buitre intentado echar a volar, estaba cambiando mi forma de mirar a estas aves que esperan pacientemente a que otro ser vivo se pudra para subsistir.

El plano final del reportaje era la panorámica del vuelo de la colonia de buitres: cien parejas a las que había que preservar, dijo el ornitólogo.

La escena me inquietó.

Desde que era un chaval, la imagen del amenazador vuelo en círculos de una bandada de buitres, eran el preludio de una tragedia. Lo había visto en decenas de películas de aventuras.

¿Cómo puedo sentir ternura ante la visión de un joven buitre y a la vez desazonarme viéndolos volar en grupo? Sentí que dentro de mí habitaban dos mundos antagónicos: uno había ido creciendo durante años; el otro, acaba de incorporarse. Ambos competían. Un primer plano me hacía ver la vida de una manera y el plano general de otra completamente distinta. Vivir es aprender a cohabitar con la paradoja.

Y pensé en Patricia, la persona que me dio a conocer a los urubúes.

***

El teléfono sonó a las cuatro de la mañana. La pantalla no me dio ninguna pista: número desconocido. Aunque pulsé con ansia la tecla verde del móvil, me llevé el teléfono hasta mi oreja como si estuviera levantando una pesa en el gimnasio. Solo escuché el sonido abovedado del silencio.

Pasaron unos segundos y la línea seguía abierta. Pregunté varias veces quién llamaba. La voz de Patricia sonó nítida, aguda, suavizada por la distancia. Recuerdo que solté un suspiro largo de alivio. ¿Cuánto tiempo hacía que yo no respiraba aliviado? Se disculpó por despertarme. Me contó que tenía problemas con su teléfono, y que solo podía llamarme a esa hora. No le dije a Patricia que no me había despertado; que estaba despierto. No le dije que desde hacía varias noches no conseguía dormir. Le pregunté cómo lo estaba pasando en Río. En Madrid ha nevado esta tarde, le dije, sonriendo. ¿Desde cuando yo no sonreía? Quizás desde que la había acompañado al aeropuerto.

Patricia se había marchado a Brasil hacía seis días. Volaba primero hasta Salvador de Bahía y luego a Río de Janeiro. El semanario donde trabajaba le había encargado escribir varios reportajes turísticos. Cuando la abracé, me había dicho al oído, antes de dirigirse hacia el control de pasaportes, que me cuidara mucho. Le prometí que lo haría; pero había incumplido mi palabra: apenas si dormía y me consumía la ansiedad. Como al niño al que han pillado en una mentira, agaché la cabeza.

Su voz rezumaba entusiasmo; estaba fascinada por la arquitectura colonial de Salvador de Bahía, se había bañado en la playa de Ipanema y subido hasta el Cerro del Corcovado. En mi cabeza comenzaron a dibujarse las notas iniciales de la guitarra de Antonio Carlos Jobim, interpretando su maravillosa canción dedicada a ese cerro que domina Río. El simple recuerdo de esta melodía, me ayudó a olvidar que mi nombre estaba escrito en las kilométricas listas de desempleados, desde hacía más de un año. Confieso que sentí envidia de Patricia. No diré, en mi descargo, que aquella envidia fuera sana; la envidia nunca lo es.

***

Los años que han transcurrido desde que Patricia me sorprendió con su llamada, me han obligado a hurgar en los recuerdos de aquellos días. Sus palabras aún me arañan el cerebro, como el bisturí lima los restos de un tumor adherido a un hueso.

Las llamadas se repitieron, casi a la misma hora que la primera. Yo fingía que me había sacado del sueño.

La voz de mi amiga fue perdiendo, sin embargo, el entusiasmo inicial. Yo lo achacaba al cansancio y a que quizá se iba consumiendo su capacidad de asombro. Brasil, el destino soñado por millones de turistas de todo el mundo, estaba generando en mi amiga un extraño desasosiego.

Estaba a punto de cumplirse la segunda semana de viaje, cuando, en respuesta a mi saludo inicial, me dijo:

– No puedo más. No lo soporto.

El silencio ocasionado por el retardo en la comunicación hizo que aumentara el dramatismo de sus palabras. Sus sollozos se mezclaron con mis ansiosas demandas.

– ¡Los niños, los niños…!

¿Cómo puede haber tanto dolor en solo dos palabras?

Entre hipidos, Patricia me contó la historia de los niños que vivían en un gigantesco vertedero, en el que un camión después de otro, vomitaban cada día los miles de kilos de deshechos de los millones de habitantes de Río de Janeiro. Niños que escarbaban en la basura a la búsqueda de algo que llevarse a la boca, con los mocos colgándoles, hasta cruzarles los labios y resbalar por la barbilla; niños que despegaban restos de los huesos casi pelados, rodeados de moscas; niños que dormían en cuchitriles construidos con maderas y trozos de plástico, encontrados entre la porquería.

Recordé una vieja leyenda oriental, en la que un sabio se lamentaba de disponer de altramuces como único alimento. Alertado por su acompañante, el sabio giró el rostro para ver que había otro sabio que se iba comiendo las mondas que él arrojaba.

Me envolvió un sentimiento de culpa: yo no llegaba a fin de mes, pero, al menos, no tenía que escudriñar entre la basura para poder comer.

Escuchaba su relato, brutalmente detallado, sentado en el borde de la cama, envuelto en una manta, escondido, sin fuerzas para levantar la mirada del suelo. Así fue como oí hablar por primera vez de los urubúes, unos buitres que se sienten atraídos por el hedor de la descomposición. Planeaban sobre el vertedero, negros, con la cabeza pelada y el pico ganchudo. Aterrizaban junto a los niños, con los que a veces competían por un trozo de carne adherido a un hueso, a la vez que emitían unos graznidos cortos y agudos como los de una gaviota; o se alejaban despreocupadamente de los pequeños con su andar torpe y bamboleante, como gallinas en un corral.

Sentí vergüenza de pertenecer al género humano.

Los niños permanecían ajenos a los movimientos de los urubúes. Estos pájaros formaban parte de su paisaje cotidiano. El vertedero era para la mayoría de estas criaturas inocentes e indefensas, el único lugar que habían conocido desde que nacieron; muchos no podían ni siquiera imaginarse que hubiera otra vida más allá de los límites de aquel pozo de mierda y podredumbre. Aunque algunos iban a una escuela cercana, los más, no asistían a clase o se escapaban para regresar al vertedero.

– El hedor también produce adicción– apostilló Patricia.

Pensé en mi hijo, y lloré; lloré como aún lloro muchas noches. No puedo cerrar los ojos. No puedo dormir. Sobre mi cabeza veo sobrevolar una bandada de buitres.

***

Por la cara de asombro que puso Toni, la fotógrafa que había acompañado a Brasil a mi amiga periodista, supe que a ella le había sorprendido tanto como a mí, el anuncio que hizo Patricia. Me quedé inmóvil en mi asiento; al contrario que Toni, que se movía nerviosa en el escenario. Les habían premiado el reportaje sobre los niños del vertedero.

Recordé en ese momento la última llamada que me hizo Patricia.

–¿Qué puedo hacer?– me preguntó unos días antes de su regreso a España.

– Tienes dos opciones: o te quedas allí o escribes sobre lo que estás viendo.

No sé como me salieron aquellas palabras ni por qué las dije. Al otro lado de la línea se hizo un silencio. ¿Había cogido por sorpresa a Patricia o era, simplemente, el retardo? Me sentí como un cobarde, como quien increpa a un torero desde la grada.

Mucha calma para pensar, tiempo para soñar” canta Jobim con su acento dulzón en Corcovado. Había escuchado esa canción muchas veces desde el día en que Patricia me llamó por primera vez. “Y yo que estaba triste, escéptico de este mundo”, dice otro verso. Ya no podía instalarme en la ilusión de que el mundo es maravilloso, ese que dibujan las fotos turísticas de playas de arena fina y blanca; no podía permanecer inmóvil ante la realidad que ella estaba poniendo ante mis ojos, y que yo nada hacía para cambiarla. Patricia y yo habíamos viajado a esos paraísos, enviados por la revista, y alojados en hoteles de cinco estrellas. Ahora sé que aquellos hoteles fueron escondites. Y seguía escondido, inmóvil, cada noche bajo una manta.

En un viaje a Egipto, nos abordó una niña de unos hermosos ojo negros. Nos ofreció unos frutos secos dentro de un cucurucho. Nos miraba y nos ofrecía su mercancía. Le di una libra egipcia, o sea, una miseria. Me miro y me sonrió. ¿Habrá podido crecer? De aquel recuerdo que me atravesó con la precisión de un florete, me salvó Patricia.

– Me alegro mucho de verte, gracias por venir– me dijo Patricia con una sonrisa luminosa.

– ¡Qué sorpresa nos has dado! Muchas felicidades por este premio.

– Tú me diste la idea: O escribes o te quedas. Quiero volver a aquel vertedero. Quiero sacar de allí a los niños. Las playas están formadas por millones de granos de arena. El reportaje es un grano, mi regreso al vertedero es otro.

Metió la mano en el bolso, sacó un paquetito rectangular y me lo dio.

– Es un disco de Jobim, sé que te gusta mucho. Pero es otro Jobim, la música del otro Brasil. Se llama Urubú.

Viéndola alejarse lo entendí. El bolso de Patricia. Esa era la clave. Su colección de bolsos era la envidia de sus amigas. Y ninguno barato. Una mujer como ella nunca hubiera llevado un bolso como el que ahora llevaba colgado del hombro, y del que había sacado el disco que me regaló. Era un bolso de fibra con dibujos geométricos como los que fabrican algunas mujeres indígenas en Sudamérica. Alguna vez la acompañé de compras. Si dudaba entre un bolso u otro, compraba los dos. Ante las dos opciones que le ofrecí, hizo como con los bolsos, compró las dos.

–¿Qué has hecho con tus bolsos?

Se volvió y me dijo:

– ¡Qué pregunta! Haciendo felices a las mujeres, como siempre.

Esa fue la última vez que la vi.

***

Hago lo que hace años le dije a mi amiga periodista. Escribo. Las playas están formadas por millones de granos de arena.

No tengo respuesta para la pregunta que me ha asaltado después de ver en televisión un reportaje sobre un joven buitre: no sé qué hizo Patricia con su colección de bolsos. ¿La vendería o la regalaría? ¿O acabó en un contenedor? Un contendor como el que hay frente a mi casa y del que he visto salir a una niña como si se hubiera abierto una caja y saliera un muñeco disparado por un muelle. Mordisquea algo que parece un melocotón. Exhibe, como un trofeo, a un hombre que escarba en otro contenedor, dos manzanas. La niña trepa por el contenedor y abraza con dulzura el osito rosa que el hombre ha encontrado.

Una sombra atraviesa la calle: he visto volar un urubú.

 

 

 

Gracias por dejar tu comentario y compartir esta nota en tus redes Email this to someone
email
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin