Contra Armada: derrumbar el mito de la «Invencible»

Si alguien piensa que las noticias falsas son cosa del presente, está muy equivocado. En Contra Armada, el historiador (y profesor de filosofía) gallego Luis Gorrochategui, derrumba una falsedad que ha perdurado durante más de cuatrocientos años: la derrota de la Armada Invencible frente a las costas inglesas, en 1588.

O mejor dicho, dos mentiras juntas: «La Gran Armada— afirma Gorrochategui— ni se llamaba  ‘Invencible’, ni se batió en tal contienda». Mentiras a las que se añade una flagrante ocultación: la derrota de la Contra Armada inglesa (1589).

CONTRA ARMADA. La mayor victoria de España contra Inglaterra. Luis Gorrochategui, Crítica, 2020.

 

Permítaseme un comentario antes de continuar.  A los habituales de este blog dedicado al storytelling, acaso pueda resultarles chocante que aparezca la reseña de un libro de Historia. En opinión de quien esto escribe, está plenamente justificado: la idea que subyace en Contra Armada es demostrar como un relato oficial consigue calar en el inconsciente colectivo —durante cinco siglos—, ocultando, además, otro menos beneficioso. Y este no es en absoluto un asunto baladí.

La «Invencible», o el triunfo del relato dominante

 

El poderoso legado de la «Invencible» fue hábilmente manipulado por Isabel I y su entorno, y lo siguió siendo por sus sucesores, por artistas, publicitarios e historiadores, y por políticos británicos durante los últimos cinco siglos. La derrota de la «Armada Invencible» (en realidad era la Felicísima Armada) se ha convertido, en opinión de Gorrochategui,  en «el gran hito del nacionalismo inglés». Y aquí creo que está plenamente justificado el uso del término fake news, puesto que la falsedad es netamente inglesa.

Fue lord Burghley quien, a toro pasado, y con fines propagandísticos, lanzó el bulo de que los españoles llamaron a la Gran Armada INVENCIBLE.

— LUIS GORROCHATEGUI

Y para que no hubiera duda alguna, Burghley lo escribió así, en letras mayúsculas.

Si hoy son las redes las que amplifican las noticias falsas, en aquellos momentos fue la imprenta. La Ámsterdam protestante era un lugar habitual donde libros, folletos y diatribas de toda índole se traducían y publicaban, y se repartían por toda Europa a gran velocidad. Inglaterra lanzó una campaña de propaganda de grandes proporciones: panfletos, imágenes, canciones y poemas, cuadros y monedas «inundaron Albión y el mundo protestante». Cualquier cosa valía con tal de atacar a la católica monarquía hispánica. 

Contra Armada, mascarones de proa

Hay que hacer notar que hasta los españoles nos lo creímos (y continuamos haciéndolo más de cuatrocientos años después). Me resulta curioso que en su diccionario, Corominas apunta que, desde 1588, a la voz fracasar se le añade un nuevo significado: «frustrarse, tener resultado adverso». ¿Coincidencia de fechas?

Contra Armada, el libro

 

Formalmente, Contra Armada se articula en tres partes y un epílogo.

La primera parte está consagrada a desmontar documentalmente el mito de la «Invencible».  En la segunda, Luis Gorrochategui se centra en la Contra Armada inglesa,  una flota de represalia que envió Isabel I. Fue vapuleada frente a las costas de La Coruña primero y de Lisboa después. Es la parte más extensa del libro, y desde luego, la más importante. En ella se relata  la aventura de la escuadra inglesa, lanzada en persecución de la Gran Armada.  La tercera parte, finalmente, está dedicada al desarrollo de la guerra hispano-inglesa, hasta la firma de la paz en  1604.

Con tan sustancioso material, el autor podría haberse lanzado sin freno. Pero se contiene. Esta moderación no está reñida con que el relato —sobre todo en la segunda parte— resulte  amenísimo y ágil, documentado al detalle, incluida la descripción de las batallas.

En el Epílogo, el historiador reflexiona sobre la «campaña de propaganda, que consagró una desfiguración de los hechos realmente acontecidos en 1588 y 1589». El estilo cambia, sobre todo, respecto a la primera y segunda partes y adquiere un tono más—digamos— explicativo, incluso reivindicativo.

Luis Gorrochategui cuenta también la trayectoria que han seguido sus hallazgos en Inglaterra, donde este libro ha sido publicado (The English Armada. The greatest naval disaster in English History, Bloomsbury, 2018).  Como consecuencia de esta publicación, la BBC filmó un documental en La Coruña, estrenado en 2020.  El autor confía en que con la publicación de este ensayo, los españoles conozcan esta verdad histórica. Contra Armada es, en mi consideración, un libro de obligada lectura, que nos permite como españoles reconciliarnos con nuestro pasado.

BIBLIOGRAFÍA

El libro ofrece un utilísimo índice onomástico y temático, así como una interesantísima documentación, en buena parte inédita, extraída de los principales archivos españoles y de la Biblioteca Nacional de Portugal.

La Contra Armada

 

Después del descalabro de la «Invencible», Inglaterra quería dar el golpe de gracia a la Gran Armada. Preparó para ello una flota, la Contra Armada. Estaba mandada por dos almirantes Francis Drake y John Norris, un reputado militar y estratega. Drake, como el consumado pirata que era, prefería ir a lo seguro: atacar por sorpresa y llevarse lo que podía; nada de batallas navales, por lo tanto. Tal como desvela, Luis Gorrochategui en este libro, ambos estuvieron a punto de «llegar a las manos».

Lord Burghley, consejero de Isabel I, escribió que esta empresa tenía tres objetivos principales. El primero era destruir los barcos de la Gran Armada en Lisboa y Sevilla. Se pensaba que sería en estos puertos donde las naos hispanas iban a ser reparadas. Finalmente, se repararon en los astilleros de Santander. Los otros dos, eran la toma de Lisboa y de las Islas Azores.

Conquistar las Azores suponía tener el control sobre la flota de Indias. Es decir, el control de la ruta comercial de España con el Nuevo Mundo. Unos de los objetivos del ataque la Gran Armada era acabar con la piratería en el Caribe. Isabel I —que nunca exploró como hicieron portugueses y españoles—, alentaba la piratería contra la flota de Indias, mientras que se mostraba implacable con los piratas que asolaban las costas de Irlanda.

Posteriormente se decidió que, sin olvidar Lisboa, y puesto que los barcos estaban siendo reparados en Santander, antes de atacar Lisboa, se tomaría La Coruña, un puerto intermedio. La Coruña fue defendida por sus habitantes y Lisboa por los soldados viejos. En ambos puertos los ingleses fueron derrotados.

De glorias y olvidos

 

De la amplia nómina de personajes de esta historia me permito destacar a dos por el dispar tratamiento que la historia les ha deparado: María Pita, símbolo de la Contra Armada, y sir Francis Drake, símbolo inglés de la «Invencible»

MARÍA PITA

María Pita (María Fernández de la Cámara y Pita), una suerte de Agustina de Aragón gallega, comandó un ejército de mujeres, que entraron en combate en primera línea. Ella fue quien mató al alférez inglés que alcanzó una brecha en la muralla. No era un alférez cualquiera, portaba la bandera: un símbolo. Sin duda, su acción levantó la moral de los sitiados, contribuyendo a la retirada de los ingleses.

La fama de María Pita «ha quedado circunscrita a la memoria de La Coruña», afirma Luis Gorrochategui.

FRANCIS DRAKE

La autoridades españolas lo consideraban un pirata. Era Francisco Drake o «el Dragón». Lope de Vega, quien combatió en la «Invencible», con «su arcabuz al hombro», lo define en su poema La Dragontea (1598) como «fiero dragón». Y Gregorio Marañon escribió: «Las gestas terribles del pirata inglés Francisco Drake, tan temido en los pueblos costeros de España, que todavía en muchos de ellos se recuerda, para aterrarlos, su nombre a los niños».

Isabel I le concedió el titulo de «Sir». Murió en un ataque pirático a Portobello, plaza de la América española.


Si España hubiera sabido cuidar su historia como Inglaterra, una de las principales plazas de Madrid llevaría el nombre de María Pita, del mismo modo que en Londres existe Trafalgar y Portobello.

—LUIS GORROCHATEGUI


A MODO DE COROLARIO

 

En más de una ocasión he comentado en este mismo blog, que la diferencia que existe —a la hora de escribir y presentar sus trabajos—, entre los ensayistas anglosajones y los españoles es abismal.  Los anglosajones son expertos en el uso del storytelling a la hora de presentar sus estudios. Expertos, en fin,  en crear relatos que, como el de la «Invencible», han perdurado durante siglos y movilizado masas.

Amén de otras razones, encuentro en el Epílogo de este libro una que puede explicar este diferente modo de proceder: la intencionalidad de la documentación. Dice Gorrochategui que «el carácter de la documentación inglesa es laudatorio, exculpatorio, literario, exaltador de Inglaterra, de la Corona y de los protagonistas  de cada jornada». En la documentación española, sin embargo, «prima la transmisión de información».

Felipe II es «el rey que más ha leído de la historia de España —dice Luis Gorrochategui—. Diariamente,  llegaban a El Escoria cientos de cajas de documentos».

En definitiva, «el relato lo es todo», considera el historiador Luis Gorrochategui, a lo que el profesor de filosofía Luis Gorrochategui, añade: «Y es moral».

 

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Entrevista con Luis Gorrochategui

Gracias por dejar tu comentario y compartir esta nota en tus redes Email this to someone
email
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Tengo más de 30 años de experiencia en comunicación. He convertido mi pasión, el Storytelling, en mi trabajo. Ayudo, por eso, a empresarios, emprendedores y profesionales a definir su Identidad, descubriendo su historia. Soy Coach de Storytelling y Marca Personal. Me apasionan la novela negra y el jazz, y soy un infatigable lector.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *