Empatía y diálogo: 3 libros imprescindibles

Empatía y diálogo son palabras que, en las últimas semanas en España, están en boca de todos.

Si empatía y diálogo son conceptos primordiales en el ámbito político o laboral,  no lo son menos en la familia, entre amigos, con los colegas del trabajo y en colegio y la universidad. La empatía y el diálogo se aprenden, pero requieren de un entrenamiento diario.Soy coach y, en consecuencia, heredero del pensamiento socrático, reflejado en los Diálogos de Platón. Es decir, el poder de la pregunta y la conversación. Tanto una como otra favorecen la escucha y el diálogo, y son por ello generadoras de empatía.

La intención de esta nota es, por tanto, ofrecer una reflexión y abrir nuevas perspectivas. Y qué mejor cosa que sugerir dos lecturas.

La filosofía, el arte, literatura tiene la virtualidad de dejarnos perplejos, de sembrar el desconcierto allí donde todo parecía claro, de estimular la curiosidad hacia lo desconocido, de dar valor a las expresiones ajenas. Victoria Camps.

Empatía y diálogo, ni blanco ni negro

Los Diálogos de Platón tienen más de dos mil años de vida. Y esta sería, por tanto, una primera recomendación. Los libros que a continuación recomiendo son textos publicados recientemente, que actualizan el espíritu de los mencionados diálogos platónicos. Y animan a la generación de empatía y diálogo.

CONVERSACIÓN. Cómo el diálogo puede transformar tu vida. Theodore Zeldin. Plataforma, 2014

 Este libro contiene las charlas radiofónicas que Theodore Zeldin emitió en la BBC, en los noventa del siglo pasado, y que gozaban de gran popularidad entre la audiencia.

Zeldin es uno de los pensadores más importante de nuestro tiempo. Y de los más frescos, a pesar de sus 84 años. La ideas que plantea pueden parecer, a primera vista, simples, pero no lo son. La sencillez es la máxima sofisticación, dijo Steve Jobs.

La conversación te coloca cara a cara con los individuos y con toda su complejidad humana. Se trata de una experiencia que te proporciona humildad. Después de semejante conversación, nunca se puede seguir siendo la misma persona. Theodore Zeldin.

Conversación, por eso, la reivindicación de la cultura del encuentro. Cada vez que conversamos–dice Zeldin –, no solo se vuelven a mezclar las cartas, sino que se crean cartas nuevas. La conversación estimula el encuentro de las mentes. El diálogo se configura así como una manera de sentir empatía.

Este texto de poco más de 100 páginas, está dividido en seis capítulos. En cada uno de ellos aborda diferentes ámbitos de nuestra vida: la conversación amorosa, la conversación en el lugar de trabajo, la conversación familiar. El capítulo final está dedicado a la tecnología, que ha modificado (como ha ocurrido a lo largo de los siglos) nuestras conversaciones.

La tecnología puede proporcionar más oportunidades para discutir como podemos mejorar nuestra vida y para explicar a los demás cuáles son nuestros sueños. Theodore Zeldin

El escritor y jurista, Antonio Garrigues, regaló un ejemplar de Conversación a Mariano Rajoy y otro a Artur Mas.

Vínculos insospechados

Conversación tiene una secuela muy nutritiva, Los placeres ocultos de la vida. Este es otro libro que no dudo en recomendar, y que ya reseñé en una entrada anterior. Zeldin establece en este texto un diálogo – a veces controvertido– con casi una treintena de personajes más o menos conocidos.  Son personas que vivieron en épocas concretas y en distintas civilizaciones. En estas imaginarias conversaciones, el pensador británico hace, por tanto,  un recorrido muy personal por la historia de la humanidad.

Otro viaje, esta vez por la historia del pensamiento, es el que hace Victoria Camps, acompañada de filósofos.

 ELOGIO DE LA DUDA. Victoria Camps. Arpa Editores, 2016

La tesis que defiende este ensayo la filósofa Victoria Camps es sencilla: la actitud dubitativa, no como parálisis de la acción, sino como ejercicio de reflexión. La duda ante lo que desconcierta y extraña, sería una forma más saludable de reaccionar para todos.

Es más fácil situarse en el sí o el no porque para hacerlo no es necesario dar argumentos. El saber es limitado y nadie tiene la razón en exclusiva. Victoria Camps

No se trata de dudar de todo y partir de cero a cada momento, dice esta filósofa. Hay un núcleo de “valores”, que ponerlos en cuestión significaría renunciar a los logros conseguidos por la humanidad durante siglos.

Los diez capítulos (174 páginas) de Elogio de la duda son de ágil lectura. Y si bien, tienen un nexo común, pueden ser leídos de manera independiente. Sócrates, Aristóteles, Descartes, Spinoza, Kant, Hume, Nietzsche y Wittgenstein, entre otros, son algunos de los filósofos a los que recurre Victoria Camps. De su mano construye este ensayo fresco, claro y poco complaciente. E imprescindible.

La pléyade de filósofos apuntada configuran una parte capital de la historia del pensamiento. Y con sus aportaciones, la autora  ha querido manifestar la utilidad de la filosofía para aprender a dudar, que es, en definitiva–dice la filósofa –, aprender a vivir.

Todo lo que es podría ser de otra manera

Muy especialmente, la autora se detiene en el ensayista francés Montaigne (el ensayista por excelencia para Camps),  especialista en actitudes dubitativas y escépticas. Montaigne vivió en un siglo de cambios, desconcertante.

Tan desconcertante, acaso, como el nuestro. Con la salvedad, quizás, de que en el siglo XXI los cambios se producen a una velocidad de vértigo. Unos cambios amplificados además por las redes sociales. No son precisamente las redes sociales donde más impere la cordura, la sensatez, la moderación y la reflexión. O sea, nuestro siglo es el tiempo del gatillo fácil.

Empatía y diálogo, la vida en color sepia

No estamos completos si no conocemos lo que los demás piensan de nosotros. Y no podemos saberlo sin establecer una conversación, generadora de empatía y diálogo.  Theodore Zeldin lo expresa de esta manera:

En lugar de preguntarme: “¿Quién soy yo”, prefiero inquirir: “¿Quien eres tú?”, Así es como nace una conversación y nace un autorretrato. Theodore Zeldin

No siempre el mundo tiene colores brillantes. Tampoco es blanco o negro. Tiene contornos borrosos, acaso sea de color sepia. ¿Dónde acaba una cosa y comienza otra?

 

 

 

Lenguaje corporal no verbal: el poder de la presencia

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El lenguaje corporal ejerce una especial fascinación en la psicóloga social Amy Cuddy . Lo demostró con creces en su charla TED de 2012, en Edimburgo. Es la segunda charla más vista en el mundo. Con el libro El poder de la presencia  viene a refrendar aquel éxito.

AMY CUDDY, El poder de la presencia, Ediciones URANO, 2016

La presencia es el estado de ser conscientes de nuestros verdaderos pensamientos, sentimientos, valores y potencial, y ser capaces de expresarlos sintiéndonos a gusto […] Cuando nos sentimos presentes, nuestras palabras, expresiones faciales, posturas y movimientos están en armonía. Se sincronizan y centran (Amy Cuddy)

La enorme cantidad de interacciones que Amy Cuddy tuvo de personas de todo el mundo tras esa charla, la llevó a escribir El poder de la presencia. Muchos de esos correos y cartas aparecen recogidos en este libro. En él demuestra científicamente todo lo que condensó en aquellos emocionantes 21 minutos ante un público enfervorecido.

El poder de la presencia es un texto muy documentado. Prueba de ello son las más de 300 notas al pie que suponen casi otros tantos estudios científicos (se incluyen los de dos universidades españolas) que aseveran sus afirmaciones. la autora relata, además, muchas historias (incluso la suya propia) y ofrece entrevistas con artistas. Destaca especialmente la conversación con la actriz Julianne Moore.

Este libro no es un manual para interpretar el lenguaje corporal. Es una explicación de cómo nos comportamos y por qué. Pero sobre todo, y esto es lo mejor, qué podemos hacer para conseguir estar presentes cuando más lo necesitemos. ¡Y en solo dos minutos!

Lenguaje corporal no verbal

El poder de la presencia trata de responder básicamente a tres preguntas. La primera es: ¿nuestro lenguaje corporal no verbal define lo que pensamos y sentimos sobre nosotros mismos? Y la segunda: ¿es posible que nuestro cuerpo haga cambiar nuestra mente? No desvelo ningún misterio al decir que la respuesta a las dos preguntas es sí. Esta afirmación conduce a la tercera pregunta: ¿puede esto cambiarnos significativamente? De nuevo la respuesta es sí.

El cuerpo influye en la mente. La mente afecta al comportamiento. Y el comportamiento puede alterar los resultados. Por ejemplo, los resultados de una entrevista de trabajo, de una cita importante, de una reunión, de un momento particularmente estresante. Solo hay que hacer unos sencillos ejercicios, para estar presentes. Adoptar posturas, cambiar gestos. La presencia nos da el poder para estar la altura en esos momentos.

Además, la presencia no es un estado constante. No es una cuestión de todo o nada. Es de lo más normal perderla. Por eso es necesario aprender a estar presentes.

En el capítulo noveno se definen cuales son esas posturas para mantenerse presente. Este capítulo complementa al sexto, titulado «Encorvar la espalda, unir las yemas de los dedos y el lenguaje corporal».

Cambios paulatinos. Pasos de bebé

Con sencillos pasos se irán produciendo en nosotros grandes cambios. Lo que Amy Cuddy, profesora en la Escuela de Negocios de Harvard, define como «prepararse adoptando una postura de poder».

A estos cambios está dedicado enteramente el capítulo décimo del libro. Con un título tan sugestivo como interesante es su contenido. «Un pequeño empujón: el impulso que acaba creando grandes cambios». Cambios paulatinos, pasos de bebé, como los llama Amy Cuddy. Empujones hasta ser la mejor versión de ti. A cada empujón nos sentimos más satisfechos, más poderosos, más presentes. Y solamente cambiando nuestro lenguaje corporal, para ser auténticos.

La presencia es una cualidad que viene de creer y confiar en ti, en tus sentimientos auténticos y sinceros, en tus valores y tus aptitudes (Amy Cuddy)

Tecnología y presencia

¿Cuántas veces ante una entrevista de trabajo o en la sala de espera para entrar a una reunión nos encorvamos mirando nuestro dispositivo móvil?

La tecnología no nos ayuda a estar presentes, al contrario. Los estudios que Amy Cuddy ha realizado confirman que cuanto más tiempo pasamos en posturas encogidas e introvertidas, más sin poder nos sentimos. Cuddy llama a esto la «iPostura».

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En consecuencia, cuantos más pequeños son los aparatos, incluso durante cortos espacios de tiempo, más contraemos el cuerpo para usarlos. Ese encorvamiento puede reducir nuestra asertividad y minar nuestra productividad y eficiencia. Amén de los dolores de cuello o espalda que pueda ocasionarnos.

El consejo de Amy Cuddy es abandonar el dispositivo y adoptar posturas de poder en los lavabos o en el hueco de la escalera. Y si no es posible, visualizar posturas poderosas. Tu cuerpo está en tu cabeza.

Y una moraleja final, si se me permite.

Céntrate menos en la impresión que das y más en la impresión que te llevas de ti (Amy Cuddy)

Lo segundo condiciona lo primero. No al revés. Leyendo este ameno, documentado e interesante libro entenderás perfectamente el porqué de esta afirmación.

Storytelling, el irresistible poder de las historias

Nuestro cerebro es un gran consumidor de historias. Pero no solamente. También las crea. No hay cosa que más valore y necesite nuestro cerebro que una buena historia.

El cerebro es un órgano que crea mitos y los consume. Juan Luis Arsuaga, paleontólogo

Esto no ha variado desde hace millones de años, entonces eran los chamanes quienes trasmitían sus historias en torno a una hoguera. La tribu era entonces muy reducida. Hoy, con la irrupción de las nuevas tecnologías, la audiencia se ha hecho planetaria y más participativa. Sin embargo, a pesar de que haya multitud de canales diferentes, no hay que olvidar que lo importante sigue siendo la historia y emocionar con ella.

Javier Olivares, cocreador de la serie El Ministerio del Tiempo de TVE, en el 9º Foro de Innovación Audiovisual El Ministerio Transmedia, en el Espacio Fundación Telefónica, dijo: «Podemos cambiar los formatos, el tamaño de la pantalla, pero la historia seguirá siendo siempre lo importante. No nos podemos olvidar de la narrativa, ni de la sociedad, ni del ser humano. Todo lo que nos ocurre emocionalmente, lo siguen definiendo Cervantes y Shakespeare».

El Ministerio del Tiempo saltó desde las pantallas de TV a diferentes medios y plataformas.  Siguió los caminos del llamado Storytelling Transmedia.

Si comenzamos a leer, por ejemplo, Madame Bovary, no podemos dejar de hacerlo, queremos conocer el final. Aún sabiendo que es pura ficción. Madame Bovary no existió, ni Don Quijote, ni los vampiros de Crepúsculo. Tampoco existe ese detective de novela al que seguimos libro a libro, ni los personajes de nuestra serie favorita de televisión.

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Nuestro cerebro es un gran consumidor de historias

Una de las fans de la serie, después de vivir la experiencia de la realidad virtual, afirmaba en el Foro: «Sentirme dentro es muy emocionante y divertido. Algo que forma parte de mi vida y, de pronto, estoy dentro. Es superemotivo formar parte del mundo que admiras».

Sentimos vértigo cuando James Bond cuelga de un rascacielos. Sentimos como propia la angustia que invade a Indiana Jones en una cueva. Basta con ver el rostro del arqueólogo, o escuchar como sube la intensidad de la música. Nuestro cerebro crea un relato que rellena las lagunas.

Nuestros cerebros no diferencian entre una persona en apuros en una imagen animada y una persona en apuros frente a nosotros. Ambas nos parecen reales. Esa es la razón de que podamos conmovernos con las grandes películas o las grandes novelas. Y más profunda es esa sensación cuanto más lectores y espectadores se identifiquen con ella.

Según Paul Zak, economista y neurólogo, la liberación de oxitocina en nuestro cerebro es la señal clave para que el acercamiento a otra persona se produzca.

Liberamos oxitocina cuando confiamos en alguien o ese alguien nos muestra un acto de bondad. Zak lleva más de una década investigando sobre la oxitocina, a la que denominó, en su traducción española,  como la molécula de la felicidad.

Cuando quieras motivar, persuadir o recordar, comienza por contar una historia sobre la lucha humana o sobre los valores. Así capturarás los cerebros de la gente, atrayendo primero sus corazones.

Contar nuestras historias

Además de estar contándonos historias todo el tiempo, nos interesan las historias de los otros. Así es como interactuamos los seres humanos.

Cuando encontramos el valor de contar nuestra historia, todo cambia. Porque en el momento mismo en el que la vida se convierte en relato, la obscuridad se hace luz, y la luz nos indica un camino. Ferzan Özpetek, director de la película Harem Suare.

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Las historias nos acompañan toda la vida

Todo en nuestras vidas se mueve por historias. Lo que más deseamos es que nos cuenten una buena historia. Pero, a la vez, deseamos contar la nuestra. Tenemos una necesidad irresistible de hacerlo. Muchas veces no sabemos a quien. Por eso nos sentimos tan bien cuando encontramos a alguien que nos escucha con atención, con lealtad. Se  genera un marco de confianza  para que relatemos lo que nos agobia o nos alegra, lo que nos hace felices o nos produce miedo.

Y ese simple hecho de poder contar nuestra historia nos libera: dos corazones han entrado en contacto.

Aquí puedes ver íntegramente el Foro.