Las historias, un vehículo de transmisión de valores

Desde los tiempos más remotos, las historias y leyendas han servido como vehículo para transmitir conocimiento. Es la hoguera que hemos visto en nuestros libros de texto, en torno a la cual se reunían los hombres primitivos para compartir.

Aquella hoguera hoy es la máquina de café de una empresa, alrededor de la cual se reúnen los empleados. La barra de un bar. Las redes sociales llenas de conversaciones. También los videojuegos y las series de televisión, y sus miles de seguidores. Los foros, los chats…

Estamos rodeados de historias. En unas somos los protagonistas. En otras, meros receptores. Tampoco siempre somos conscientes de que lo hacemos. ¿Por qué no hacerlo de manera consciente? ¿ Por qué no contarlas con el ánimo de conectar con los otros?

En consecuencia, las historias…

1. Son comunicación emocional

Las historias son la manera de hacer que las ideas lleguen a la cabeza, pasando primero por el corazón.

2. Captan la atención

Nuestro cerebro está ávido de historias. Es lo que más le gusta. ¿Qué mejor que alimentar esa necesidad  contando historias? Desde luego, las historias son mucho más fascinantes que los hechos.

3. Generan recuerdos memorables

Como transmisoras de emociones que son, las historias hacen que las recordemos. La Neurociencia lo ha demostrado: los recuerdos más memorables son aquellos que van ligados a una emoción.

4. Definen quién soy/somos. Nos encajan en el mundo

Permiten explicar a los demás cual es nuestra identidad. O en el caso de un relato corporativo o empresarial, cuál es la identidad de la empresa.

5. Dan sentido y significado a la vida: Las historias son mapas

Las historias nos permiten entendernos a nosotros mismos.  Nos permiten hacernos preguntas sobre nosotros mismos. Son, en consecuencia, un mapa que nos permite movernos por la vida.

6. Trasmiten lo complejo de manera sencilla

Hay situaciones que no podemos (o no sabemos) explicar. Por ejemplo, un despido o una situación complicada por la que hemos atravesado. Convertir esa experiencia en historia, permitirá que sea más fácilmente comprendida.

7. Entretienen, explican y transmiten enseñanzas

Valores morales, culturales, de una empresa o valores personales. Las historias contienen, además, como mínimo, una decisión moral.

8. Vencen la natural resistencia al cambio que tenemos los seres humanos

Una vez que hemos escuchado o leído una historia, ya no somos los mismos. Dice el profesor de marketing de la Universidad de  Wharton, John Berger, son como el caballo de Troya. O sea, la manera de entrar en una fortaleza inexpugnable.

9. Generan confianza

Las historias general vínculos entre quien cuenta la historia y quien o quienes la reciben. Se establece, por tanto, una comunicación invisible. Contar historias para comunicarnos con los demás, ha de ser una actitud.

10. Permite que el que la escucha, pase de espectador a protagonista

Resulta difícil que durante la narración de una historia, no nos sintamos identificados con alguno de los personajes.

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Conectar, historias que se convierten en relatos

Además de estar contándonos historias todo el tiempo, nos interesan las historias de los otros. Así es como interactuamos los seres humanos.

Así lo expresa el director de la película Harem SuaréFerzan Özpetek: 

Cuando encontramos el valor de contar nuestra historia, todo cambia. Porque en el momento mismo en el que la vida se convierte en relato, la obscuridad se hace luz, y la luz nos indica un camino.– Ferzan Özpetek

Marcos de confianza

Todo en nuestras vidas se mueve por historias. Lo que más deseamos es que nos cuenten una buena historia. Pero, a la vez, deseamos contar la nuestra. Tenemos una necesidad irresistible de hacerlo. Muchas veces no sabemos a quien. Por eso nos sentimos tan bien cuando encontramos a alguien que nos escucha con atención, con lealtad. Se genera así un marco de confianza, para que relatemos lo que nos agobia o nos alegra, lo que nos hace felices o nos produce miedo.

Liberamos oxitocina cuando confiamos en alguien o ese alguien nos muestra un acto de bondad. Y la oxitocina motiva la cooperación con los demás, a través del aumento de la sensación de empatía y, por consiguiente, nuestra capacidad de experimentar emociones ajenas.– Paul J. Zak

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Historias, oxitocina y generación de confianza

Nuestro cerebro es un gran consumidor de historias. Es nuestra manera de conectar con los demás seres humanos

Sentimos vértigo cuando James Bond cuelga de un rascacielos. Sentimos como propia la angustia que invade a Indiana Jones en una cueva. Basta con ver el rostro del arqueólogo. O escuchar como sube la intensidad de la música. Nuestro cerebro crea un relato que rellena las lagunas.

Nuestros cerebros no diferencian entre una persona en apuros en una imagen animada y una persona en apuros frente a nosotros. Ambas nos parecen reales. Esa es la razón de que podamos conmovernos con las grandes películas o las grandes novelas. Y más profunda es esa sensación cuanto más lectores y espectadores se identifiquen con ella.

Generación de confianza

Según Paul Zak, economista y neurólogo, la liberación de oxitocina en nuestro cerebro es la señal clave para que el acercamiento a otra persona se produzca.

Liberamos oxitocina cuando confiamos en alguien o ese alguien nos muestra un acto de bondad. Paul Zak lleva más de una década investigando sobre la oxitocina, a la que denominó, The Moral Molecule. En su  traducción española, se la denomina como la Molécula de la felicidad.

La oxitocina motiva la cooperación con los demás, a través del aumento de la sensación de empatía y, por consiguiente, nuestra capacidad de experimentar emociones ajenas.– Paul J. Zak

«Érase una vez, un carpintero llamado Gepetto que decidió construir un muñeco de madera, al que llamó Pinocho. Con él, consiguió no sentirse tan solo como se había sentido hasta aquel momento…».  – Pinocho, Carlo Collodi

Cuando quieras motivar, conectar o favorecer la memoria, comienza por contar una historia sobre la lucha humana o sobre los valores. Así llegarás los cerebros de la gente, atrayendo primero sus corazones.

 

 

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