Sócrates, como una novela

 

Relato

 

Sócrates, como una novela

 

Sócrates nunca existió. Fue una invención de Platón. El irónico poeta creó un personaje por cuya boca expresar sus propias ideas en los Diálogos, la cumbre —aún no superada— del relato filosófico. En tanto que relatos, los Diálogos son ficción.

Conque, en una reunión de amigos, expuse esta opinión.

—Sócrates no dejó escrita ni una sola línea. ¡Una coartada perfecta! —dije.

—Parece que no sabía ni leer ni escribir —dijo un ingeniero de IBM.

—Platón es la única fuente. Incluso el cronista Diógenes Laercio, recurrió a él para escribir sobre Sócrates en su famoso superventas, Vida de los filósofos. «Sócrates fue hijo de Sofronisco y la comadrona Fenáreta, como cuenta Platón en el Teeteto» —dije.

—Jenofonte, Aristóteles y Aristófanes en Las Nubes, también hablan de Sócrates —dijo una profesora de griego en un instituto.

—El retrato que hace Jenofonte se parece muy poco al de Platón. Aristóteles escribió lo que «oyó decir» —dije.

—Tampoco Pitágoras escribió nada y ahí tienes su Teorema —dijo el ingeniero.

—«Parece», «oyeron», «dicen»… Pues cuentan que Platón iba con sus poemas bajo el brazo camino del teatro, y se encontró con Sócrates… —dije.

—…¿Y? —preguntaron a la vez.

—Que como canta el bolerista: «si tú me dices ven, lo dejo todo», el joven poeta arrojó sus poemas al Egeo y lo siguió. ¿Fue entonces cuando comenzó a gestar la idea de expulsar a los poetas de su república ideal? —dije.

—Platón nos previno de los poetas, de los inventores de historias. Sacrifican la verdad en beneficio de la belleza —dijo la profesora, señalándome.

—¿Acaso la ficción no hace la verdad creíble? La ficción es decir la verdad a través de una mentira pactada con el lector —dije.

—¿La verdad en un relato? Eso es como decir que la hay en un mito. Sócrates pensaba que «los mitos son cuentos de vieja» —dijo la profesora.

—Una ironía de Platón. Es él quien habla por boca de Sócrates. En el Fedón dice, sin embargo, que son «un hermoso riesgo». ¿Estás sugiriendo que la razón prevalece frente a la narración? —dije.

—Los mitos son relatos arcaicos, inverosímiles. La discusión entre narración (mythos) y razón (logos), es incluso anterior a Platón. A los escritores os interesa mantenerla viva —dijo la profesora.

—Carlos García Gual, el Académico, considera que Platón los utiliza para hablar del alma humana. Platón era adicto a la poesía. Junto al razonamiento despliega, con afán didáctico, la narración —dije.

—Carlos me dio literatura griega en la universidad —dijo la profesora.

—¿No te parece que recurrir al mito de la caverna para plantear su Teoría de las ideas, fue una manera didáctica y poética de explicar algo tan complejo como es nuestra manera de entender la realidad? —pregunté.

—¿Y las ideas? —preguntó el ingeniero.

—La narración es como la sangre que transporta el oxígeno hasta el cerebro. Vivimos de relatos. A nuestro cerebro le encantan —dije.

—Tardabas en meter las emociones en la conversación —dijo la profesora.

—¿Te gustaría ser operada por un cirujano que ha leído a Chejov, y por eso conoce el alma humana, o por otro que no lo ha leído? —pregunté.

—¡Eres un fantasioso!—dijo la profesora, tomando su bolso—. Tengo clases mañana. —Y se marchó.

Tras aquella velada, preferí sumirme en un prolongado silencio, más por prudencia que por convicción. Así hubiera continuado, si una bibliotecaria no me hubiese recomendado Mentiras Contagiosas, una colección de ensayos en la que Jorge Volpi explora los límites de la ficción.

Volpi citaba un estudio que conjetura con que Cervantes se había inspirado, para su don Quijote, en un tal don Torrijos de Almagro, un «caballero andante» manchego, quien a su regreso de las Américas, enloqueció, lanzándose a la aventura —creyéndose aún en el Nuevo Mundo—, y había muerto tras recuperar la cordura.

Tan novelesca historia, acrecentó mi idea: Platón se fijó en algún filósofo de los que poblaban el ágora ateniense, y lo convirtió en alguien tan inmortal como Cervantes hiciera siglos después con Don Quijote. Hacer preguntas es más divertido que responderlas, así que pensé: «¿Por qué no mirar a Sócrates como a un personaje de ficción, conforme a mis sospechas?».

Sócrates, hijo de un escultor y una partera, se suicida—tras negarse a huir y cumplir así la ley—, después de ser condenado injustamente por una falsa acusación. Platón presenta en esta escena a su Maestro rodeado de «amigos»; Platón «estaba enfermo» ese día. Cervantes plantearía, siglos después, la misma escena: el famoso hidalgo muere acompañado de su familia y sus «buenos amigos».

Las metáforas que esconden las profesiones de sus progenitores son magníficas; ambos dan vida: el padre a un bloque de piedra; la madre, a seres humanos. Que la madre sea partera es una manera — etimológica y genial—de dar sentido al método socrático, la mayéutica: preguntar para conocer la verdad.

Sócrates es dibujado como hoplita, incierto bígamo (tenía frecuentes discusiones con la agria Jantipa, la esposa oficial); acaso bisexual (aunque el guapo Alcibíades se lamentaba de que le tiraba los tejos, y nada de nada); austero, rozando la tacañería y el descuido indumentario (como Sancho; Platón era de familia aristocrática); inflexible, pero también tolerante, tenaz y —como Platón—muy irónico.

Solo el genio creador de Platón podía concebir un personaje tan extraordinario.

¿Qué cambia si don Quijote está inspirado en don Torrijos, o si Sócrates es un personajes de ficción? ¿Hace eso menos poderosas, menos válidas, sus palabras?

El filósofo Fernando Savater contaba que, siendo adolescentes, su hermano le preguntó si el ensayo filosófico que estaba leyendo tenía argumento. «Con imperdonable ligereza dije que no», contestó. El hermano le dijo que, «no me imagino entonces cómo puede ser un libro».

Sentimiento frente a razón, emociones y razón son agua y aceite; no se mezclan: «el error de Descartes», como lo llamó el neurocientífico Antonio Damasio.

Acaso, el irónico y paradójico poeta Platón, diría por boca de su personaje, el filósofo racionalista:

SÓCRATES.— Jovenzuelo, como eres un fabulador, ¿por qué no lees los Diálogos que escribió mi creador como si fueran una novela?

 

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Me gusta la palabra

Haiku escrito sobre hielo de Juan Fernández-Aceytuno

 

Cachivache es una palabra muy pelotuda (…) Y me gusta la palabra cachivache, porque viene de abajo. (…) Es una palabra de las mamás y abuelas que tiene dos veces la letra “ch”(…).

Nicanor Parra. Premio Cervantes 2011

Me gusta la palabra

 

Me gusta la palabra Imaginación, porque vuela más rápido que la luz.

Esférica, porque es esdrújula, como esdrújula.

Cuento, porque no me los sé todos. Mito, porque fue el primer cuento.

Vergüenza, porque lleva diéresis. Es un signo de distinción.

Taller ( de escritura), porque es donde, literariamente, me reparan.

Hijo, porque significa dar la vida. Libro, porque me la da.

Mente, porque es donde vivimos la realidad.

Tebeo, porque es más nuestra que cómic, que es una gilipollez.

No me gusta la palabra Posverdad, porque es mentira.

 

 

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Las películas de Disney, ¿por qué nos gustan?

El guionista y profesor de guión y montaje, Joan Marimón, tiene respuesta para  una pregunta que —seguramente— nos hemos hecho en alguna ocasión, ¿por qué nos gustan las películas de Disney? Para este experto hay tres razones fundamentales.

  1. Las películas de Disney cuentan historias que han gustado en todos los tiempos.
  2. Dibujan arquetipos muy claros y diferenciados.
  3. Son una decidida apuesta por la vida.
Walt Disney y Serguei Eisenstein
Walt Disney junto al director de cine soviético Serguei Eisenstein y dos de sus colaboradores. «Si a Eisenstein, el gran cineasta bolchevique, le gusta Disney, es que el gusto está muy extendido»— Joan Marimón

Por qué nos gustan las películas de Disney

Joan Marimón explicó por qué nos gustan las películas de Disney en una conferencia del mismo título. La charla estaba enmarcada en el ciclo de conferencias que se celebran paralelamente a la exposición Disney. El arte de contar historias.

Todas las edades, todas las nacionalidades y razas, y capas sociales disfrutan con idéntico entusiasmo. Disney es una estupenda canción de cuna para los infelices, los desgraciados y los ofendidos, contado con un elegante virtuosismo.

— SERGUEI EISENSTEIN

Marimón apuntala sus razones en una serie de cualidades que las películas de Disney tienen y que las diferencian de otras producciones.

  • Las películas de Disney están muy bien hechas. Desde los años 30, marcó un nivel técnico más alto, modélico. Trabajó con los mejores. Siempre estuvo en vanguardia hasta la llegada de Pixar (compañía propiedad hoy de Disney).
  • Los personajes antagonistas son «gandilocuentes».
  • Los personajes secundarios están muy bien trabajados. Son la conciencia moral del protagonista. Pepito Grillo, es el ejemplo más claro.
  • El gran respeto mostrado por los animales, convirtiéndoles en personajes humanos.
  • A sus películas, Disney les puso música, «la felicidad total».
  • La incorporación de heroínas, coincidiendo con el «empoderamiento femenino» en la sociedad contemporánea (Mulán, Vaiana, la princesa Elsa).

 

Princes Elsa

Las películas de disney Cuentan historias que han gustado en todos los tiempos

 

Las fábulas, los cuentos de hadas y los mitos son historias antiguas, pero que se han trasmitido a lo largo de todos los tiempos. «Disney deseaba gustar a todos desde el guión», considera Marimón.

Muchas de esas historias, ya habían sido contadas, por ejemplo, por los Hermanos Grimm. Disney dio un paso más: las suavizó, extirpando la violencia que tenían en su origen.

 

Disney se puso al servicio de la moral imperante.

—JOAN MARIMÓN

Pareja, familia, comunidad, de menos a más, es el orden de prioridad en las películas de Disney. En el Jorobado de Notre Dame (1996), Quasimodo no puede «quedarse con la chica». Por eso, el pueblo de París vitorea y pasa a hombros a Quasimodo, en el final (apoteósico) de esta película.

Disney y los mitos

las historias disney Son un paseo por todos los arquetipos.

 

Las películas de Disney llevan al extremo la historia más antigua del mundo: la lucha por la supervivencia, el hombre contra el medio. Presentan un arquetipo que nos gusta a todos, el héroe. A la vez, los «malvados» son unos personajes fascinantes (el Capitán Garfio, Serpiente Ka, Maléfica).


Los malvados más malvados frente a los héroes más débiles. Y si, además, el malvado es mago, el mérito del héroe al vencerlo es mucho mayor.

—JOAN MARIMÓN


las películas de disney Son una decidida apuesta por la vida

 

Esta es para Joan Marimón la razón más importante de las tres razones por la que nos gustan las películas Disney.  Disney convierte el cine en «terapéutico». Muerte y resurrección. Si luchamos, conseguiremos resucitar.  Blancanieves, La Bella Durmiente, La Bella y la Bestia o Frozen, son un claro ejemplo. El más portentoso, sin embargo, es Pinocho. Este personaje pasa de la muerte a la vida y, además, se convierte de muñeco de madera en niño.

La Bella Durmiente

La conferencia ¿Por qué nos gustan las películas de Disney?, a cargo de Joan Marimón, se celebró el 3 de octubre de 2018, en el marco de las actividades paralelas a la exposición Disney. El arte de contar historias.  Esta muestra —recomendable para todos los públicos— puede visitarse en CaixaForum Madrid hasta el 4 de noviembre de 2018.

 

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