Natalia Gómez del Pozuelo, o la risa versus el miedo

 

Vivimos tiempos difíciles para los profesionales, con cambios y amenazas permanentes. En este contexto,  Natalia Gómez del Pozuelo  ha escrito  Hipolina Quitamiedos, para que «el lector pueda observar sus temores con distancia para así conocerlos y evitar que le paralicen».

natalia gomez del pozuelo, sala Komo
«Los miedos pueden servir como palanca de crecimiento, tanto profesional como personal». —Natalia Gómez del Pozuelo

Entrevista a Natalia Gómez del Pozuelo

Natalia Gómez del Pozuelo, conferenciante y formadora especializada en comunicación y en ayudar a los profesionales a perder el miedo a hablar en público, acaba de publicar una novela gráfica, Hipolina Quitamiedos.


«Es un libro pequeñito pero matón, ya que es fácil y ameno, pero tiene bastante profundidad».


Fábricas de miedo

 

COMUNICACIÓN VITAE (CV): Habitualmente, utiliza las historias como forma de expresar sus ideas. Ahora ha dado un paso más. ¿Cómo ha sido el proceso creativo? ¿Cómo se ha sentido?

NATALIA GÓMEZ del POZUELO (NGdP): Es cierto. El último ensayo que escribí, hace ya cinco años, El código del garbanzo trataba sobre lo femenino y lo masculino y era novelado. En Hipolina Quitamiedos he utilizado, como vehículo, una novela gráfica en combinación con un breve ensayo.

En la parte de arriba de las páginas hay una historia muy entretenida, en la que Max, un ingeniero, comete un error informático y produce una pequeña catástrofe que afecta a toda la empresa.  Abajo, se explican los motivos técnicos y científicos de las reacciones de los personajes.

Ha sido un proceso creativo muy interesante. Afortunadamente, se ha producido una relación muy positiva entre la creatividad de la ilustradora Evaduna y la mía: sus ideas sacaban chispas nuevas en las mías y viceversa. Muy enriquecedor. Damos las gracias al editor por dejar vía libre a la expresión de esa creatividad.

CV: El miedo es una de las emociones básicas ¿Es la más contagiosa en una empresa?

NGdP:Todas las emociones son contagiosas, el miedo, la seguridad, la alegría, la tristeza. Como dice Paul Ekman, la emoción es expresada mediante un sistema de señas universales e involuntarias.

El mecanismo biológico de este contagio tiene mucho que ver con la dopamina y la oxitocina. La emoción se activa con lo que recibe del exterior y tiene su efecto en el cuerpo.

Las alteraciones de ánimo tienen efecto colectivo.

 

CV: ¿Cuáles son los mejores aliados del miedo en una empresa?

NGdP: Una cultura que culpabiliza los errores o que produce inseguridad laboral, un jefe poco previsible, tecnologías para las que uno está poco preparado, entre muchas otras, son las mejores fábricas de miedo.

natalia gomez del pozuelo, charla TED
«Lo que más miedo produce, tiene que ver con la pérdida del empleo, ya que lo asociamos a la supervivencia y a nuestra necesidad de disponer de recursos». —Natalia Gómez del Pozuelo

Trabajar en un campo de minas

 

CV: ¿Hay hoy un miedo añadido dentro de la empresa, como consecuencia del vertiginoso cambio tecnológico en que vivimos?

NGdP: En el libro abordo los miedos que producen las nuevas tecnologías desde diferentes ángulos: por un lado, nos guste o no, cada vez vamos a tener un mayor trato con bots, aparatos, objetos… Por eso he elegido como protagonista a Hipolina, una Asistente Virtual tipo Siri o Alexa con un toque más gamberro.

Además, hablo de otros miedos que producen las nuevas tecnologías: la sobredosis de información, la imposibilidad de responder a todo, el miedo a la automatización y a que el puesto de trabajo deje de existir, las fake news o fake vídeos, el hecho de que un error informático pueda causar un cataclismo, que es precisamente lo que sucede en el libro, el que los “malos” estén a un clic de distancia… Todo ello hace que el profesional actual sienta que trabaja en un campo de minas.

Pero, insisto, el miedo nos puede paralizar o lo podemos utilizar como palanca, para ello, recomiendo que los lectores disfruten con Hipolina Quitamiedos.

La risa, un alivio

 

CV: ¿Es el humor un antídoto contra el miedo?

NGdP: Sin duda. Según Alison Beard, la risa alivia el estrés, aumenta el compromiso y el bienestar, estimula la creatividad, la colaboración, la precisión analítica y la productividad.  Otra profesora de Harvard, Alison Wood Brooks, demostró que las personas que hacen reír a los demás son percibidas como más seguras y más competentes.


Reírse de uno mismo y no tomarse muy en serio, ayuda a tolerar el miedo y a aceptarlo con menor resistencia.— Natalia Gómez del Pozuelo


 

CV: ¿Qué otros remedios hay?

NGdP: Hipolina da unas pautas que se pueden seguir en los momentos de tensión. Lo primero y más importante es…

«Respirar»: hacer dos o tres respiraciones abdominales para evitar que el cerebro siga enviando adrenalina y cortisol por el torrente sanguíneo y así frenar la espiral del miedo. Luego… «Observar» lo que produce en el cuerpo la tensión, conocerla. ¿Dónde hay contracción? ¿En qué parte del cuerpo actúa? ¿Qué está impidiendo que uno haga?

«Levantarse» cuando uno se ha caído. A lo largo de la carrera profesional, uno se cae como parte del proceso de aprendizaje, es lo natural, al igual que levantarse. No hay más que pensar en un niño que aprende a andar y en cómo lo hace. «Afinar» el procedimiento para dejar de caerse. Volviendo al ejemplo, el niño, de manera inconsciente, modifica el centro de gravedad para evitar la caída. Lo mismo sucede en la profesión: si uno se cae, levantarse es importante, pero mejorar el proceso también.

Y, para terminar, apoyarse en los propios «Valores»: la integridad.  Es decir, actuar según los propios valores, es un gran antídoto contra el miedo.

El verdadero VALOR no es la ausencia de miedo sino mantenerse en la acción a pesar de él.

 

 

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Reseña de Hipolina Quitamiedos.

 

 

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Coaching sistémico y novela negra: El caso Telak

 

El caso Telak de Zygmunt Miłoszewski, es una novela negra en la que el coaching sistémico juega un papel fundamental para la resolución de un caso de asesinato.

Skyline de Varsovia. A la izquierda, el Palacio de la Cultura, construido por los rusos. Los nuevos rascacielos compiten con él, queriendo mostrar la imagen de la nueva Polonia.

EL CASO TELAK. Zygmunt Miłoszewski, Alfaguara, 2015

 

Es cada vez más frecuente encontrar libros de relatos escritos por coaches. Los más atrevidos se aventuran incluso con la novela. Se sigue así en España una corriente llegada del mundo anglosajón. Con una diferencia notoria. Mientras aquellos autores —norteamericanos en su mayoría— cuidan la base: una buena historia, los autores españoles, en general, no. Se limitan, en la mayoría de los casos, a historias insustanciales, corrientes.

Suelen dibujar escenas en territorios de retiro, más o menos idílicos, más o menos zen, con personajes estereotipados: presidentes de compañías que quieren ˝cambiar paradigmas˝ o directivos aquejados por problemas matrimoniales que dedican demasiadas horas a su trabajo, o viceversa.

En estas historias la voz del narrador, generalmente un coach, está presente a lo largo de todo el texto. Autor y narrador son la misma persona. Incluso las respuestas de los personajes en los diálogos están “preparadas” para las siguientes preguntas “poderosas” del coach. Los personajes así diseñados son de cartón piedra. Tienen muy poco de personas reales y lo que dicen, con frecuencia, es —en mi opinión— una impostura.

Personalmente, este tipo de literatura me aburre soberanamente por el tufo a inverosimilitud que despiden.

El caso Telak y el coaching sistémico

 

Me ha sorprendido muy gratamente El caso Telak, una novela negra escrita por el periodista y escenógrafo polaco Zygmunt Miłoszewski. En su perfil literario nada se dice acerca de que sea coach. Sin embargo, esta estupenda novela tiene muchos elementos de coaching. Fundamentalmente, coaching sistémico.

No es baladí, en consecuencia, que la novela se abra con una cita de Bert Hellinger, terapeuta alemán creador de las constelaciones familiares.

No hay personas malas, solo personas enredadas.

— BERT HELLINGER

 

Después de una sesión de constelaciones familiares, uno de los participantes aparece muerto. Los sospechosos son el terapeuta que la dirige y los tres participantes. La grabación de la sesión es analizada por el protagonista de la novela, el fiscal Teodor Szachi.

Puesto que de constelaciones nada sabe, ha de buscar el asesoramiento de un perito (un psiquiatra forense), además de discutirlas con el terapeuta que la dirigió y un policía que le ayuda en la resolución del caso. Esta investigación llevará a Szachi a preguntarse su lugar en los diferentes sistemas de los que forma parte: el mismo primero, su familia, su matrimonio y su hija, y el sistema judicial polaco.

Obviamente, el fiscal pasa por varios estadios: desde la incredulidad inicial, consecuencia de la novedad de una constelación de la que nada sabe, hasta el minucioso análisis de la grabación de la sesión.

Los personajes descritos por Miłoszewski en El caso Telak son personajes de carne y hueso y, en consecuencia, creíbles y con los que el lector puede o no empatizar.

En Resumen

El libro es por eso, una delicia para los coaches amantes de las constelaciones y del coaching sistémico. Miel sobre hojuelas, si —además—, estos coaches son amantes de la novela negra.

No entro a juzgar, finalmente, la pseudociencia que pueda haber detrás de la terapia de constelaciones familiares.

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Me gusta la palabra… / Microrrelato

 

Cachivache es una palabra muy pelotuda (…) Y me gusta la palabra cachivache, porque viene de abajo. (…) Es una palabra de las mamás y abuelas que tiene dos veces la letra «ch»(…).

Nicanor Parra. Premio Cervantes 2011

Me gusta la palabra…

 

Imaginación, porque vuela más rápido que la luz.

Esférica, porque es esdrújula, como esdrújula.

Cuento, porque no me los sé todos. Mito, porque fue el primer cuento.

Vergüenza, porque lleva diéresis. Es un signo de distinción.

Taller ( de escritura), porque es donde, (literariamente), me reparan.

Hijo, porque significa dar la vida. Libro, porque me la da.

Mente, porque es donde vivimos la realidad.

Tebeo, porque es más nuestra que cómic, que es una gilipollez.

No me gusta la palabra Posverdad, porque es mentira.

 

La foto muestra un haiku escrito sobre hielo de Juan Fernández-Aceytuno

 

 

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Las películas de Disney, ¿por qué nos gustan?

 

¿Por qué nos gustan las películas de Disney? El guionista y profesor de guión y montaje, Joan Marimón, tiene respuesta para  una pregunta que —seguramente— nos hemos hecho en alguna ocasión.  Tres razones fundamentales.

      1. Las películas de Disney cuentan historias que han gustado en todos los tiempos.
      2. Dibujan arquetipos muy claros y diferenciados.
      3. Son una decidida apuesta por la vida.
Walt Disney y Serguei Eisenstein
Walt Disney junto al director de cine soviético Serguei Eisenstein y dos de sus colaboradores. «Si a Eisenstein, el gran cineasta bolchevique, le gusta Disney, es que el gusto está muy extendido». — Joan Marimón

Por qué nos gustan las películas de Disney

 

Joan Marimón explicó por qué nos gustan las películas de Disney en una conferencia del mismo título. La charla estaba enmarcada en el ciclo de conferencias que se celebran paralelamente a la exposición Disney. El arte de contar historias.

Todas las edades, todas las nacionalidades y razas, y capas sociales disfrutan con idéntico entusiasmo. Disney es una estupenda canción de cuna para los infelices, los desgraciados y los ofendidos, contado con un elegante virtuosismo.

— SERGUEI EISENSTEIN

Marimón apuntala sus razones en una serie de cualidades que las películas de Disney tienen y que las diferencian de otras producciones.

    • Las películas de Disney están muy bien hechas. Desde los años 30, marcó un nivel técnico más alto, modélico. Trabajó con los mejores. Siempre estuvo en vanguardia hasta la llegada de Pixar (compañía propiedad hoy de Disney).
    • Los personajes antagonistas son «gandilocuentes».
    • Los personajes secundarios están muy bien trabajados. Son la conciencia moral del protagonista. Pepito Grillo, es el ejemplo más claro.
    • El gran respeto mostrado por los animales, convirtiéndoles en personajes humanos.
    • A sus películas, Disney les puso música, «la felicidad total».
    • La incorporación de heroínas, coincidiendo con el «empoderamiento femenino» en la sociedad contemporánea (Mulán, Vaiana, la princesa Elsa).

 

Princes Elsa

1. Las películas de disney Cuentan historias que han gustado en todos los tiempos

 

Las fábulas, los cuentos de hadas y los mitos son historias antiguas, pero que se han trasmitido a lo largo de todos los tiempos. «Disney deseaba gustar a todos desde el guión», considera Marimón.

Muchas de esas historias, ya habían sido contadas, por ejemplo, por los Hermanos Grimm. Disney dio un paso más: las suavizó, extirpando la violencia que tenían en su origen.

 

Disney se puso al servicio de la moral imperante.

—JOAN MARIMÓN

Pareja, familia, comunidad, de menos a más, es el orden de prioridad en las películas de Disney. En el Jorobado de Notre Dame (1996), Quasimodo no puede «quedarse con la chica». Por eso, el pueblo de París vitorea y pasa a hombros a Quasimodo, en el final (apoteósico) de esta película.

Disney y los mitos

2. las historias disney Son un paseo por todos los arquetipos.

 

Las películas de Disney llevan al extremo la historia más antigua del mundo: la lucha por la supervivencia, el hombre contra el medio. Presentan un arquetipo que nos gusta a todos, el héroe. A la vez, los «malvados» son unos personajes fascinantes (el Capitán Garfio, Serpiente Ka, Maléfica).


Los malvados más malvados frente a los héroes más débiles. Y si, además, el malvado es mago, el mérito del héroe al vencerlo es mucho mayor.

—JOAN MARIMÓN


3. las películas de disney Son una decidida apuesta por la vida

 

Esta es para Joan Marimón la razón más importante de las tres. Disney convierte el cine en «terapéutico». Muerte y resurrección. Si luchamos, conseguiremos resucitar.  Blancanieves, La Bella Durmiente, La Bella y la Bestia o Frozen, son un claro ejemplo. El más portentoso, sin embargo, es Pinocho. Este personaje pasa de la muerte a la vida y, además, se convierte de muñeco de madera en niño.

La Bella Durmiente

La conferencia ¿Por qué nos gustan las películas de Disney?, a cargo de Joan Marimón, se celebró el 3 de octubre de 2018, en el marco de las actividades paralelas a la exposición Disney. El arte de contar historias.  Esta muestra —recomendable para todos los públicos— puede visitarse en CaixaForum Madrid hasta el 4 de noviembre de 2018.

 

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Cómo expresar emociones, según Disney

 

¿Cómo expresar emociones? Cuando narramos una historia, hemos de lograr que el lector —o quien nos escucha— empatice con los personajes, que se identifique con ellos.  Lo mismo ocurre en el cine.  Si los personajes son humanos, resulta fácil empatizar. ¿Cómo expresar emociones cuando los personajes son dibujos animados?

cartel de el arte de contar historias. Disney
«Nos gustan las películas de Disney, porque Disney sabe mucho de nosotros».— Sergi Martín.

El  animador español Valentín Amador ha contado cómo expresar emociones con un lápiz, cómo dar vida a personajes dibujados.  Su charla ha abierto el ciclo de conferencias que se celebran paralelamente a la exposición Disney. El Arte de contar historias.

Esta muestra que puede verse en CaixaForum Madrid hasta el 4 de noviembre de 2018. El ciclo de conferencias, dirigido por el escritor y guionista Sergi Martín, ofrecerá conferencias y proyecciones comentadas, cada miércoles del mes de octubre de 2018.

Secretos que ven la luz

 

La exposición Disney. El Arte de contar historias ofrece los fondos de la Walt Disney Research Library en forma de dibujos, bocetos originales y fragmentos de películas. Es una ocasión para disfrutarlos, porque este archivo no está abierto al público, solo es accesible para quienes trabajan en la factoría Disney. Es su fuente de inspiración y documentación, como es el caso de Valentín Amador.

Valentín Amador, nació en Cádiz y se crió en Barcelona. Desde hace cinco años y medio vive en Los Ángeles, donde  es animador de películas de la factoría Disney. Este artista es responsable de la animación de algunas escenas de Frozen o, más recientemente, de Moana (o Vaiana, como se conoce en España).

Los estudios Disney tienen cien años de historia, pero tenemos la obligación de llevarlos a la modernidad.

VALENTÍN AMADOR

Los animadores de Disney son expertos, desde hace ochenta años, en cómo expresar emociones con unos pocos trazos.

Cómo expresar emociones. Los ojos

 

En una película, por encima de todo ha de estar el talento para contar una historia. Y Disney lo tenía. «Era, además, un visionario», dice Amador. Para que una película nos guste hemos de identificarnos con los personajes. Las películas han de contactar emocionalmente con la audiencia. Hacerlo con actores es fácil, son seres humanos como nosotros. La empatía es natural. No es tan fácil hacerlo, sin embargo, con dibujos animados.

La sirenita, expresar emociones, Disney

Por eso, los dibujos han de moverse de una manea realista, natural, que reflejen emociones complejas. Cuando vemos una película, siempre miramos a la cara del actor. Sobre todo, a los ojos.

Los ojos son el gran reto de la animación.

—VALENTÍN AMADOR

El equipo inicial de los Estudios Disney, el que hizo el primer largometraje, Blancanieves y los siete enanitos (1937), exploró territorios que antes no se habían explorado. A todos los puso Walt Disney a trabajar con expertos en anatomía. Se creó así una forma de arte de la nada.

El secreto está en que el espectador piense que esas líneas tienen vida por sí mismas, que se ría o que llore, atrapado por un montón de líneas.

— VALENTÍN AMADOR

Hasta la llegada de Disney —el cine era todavía joven—,  la animación era solo un truco de feria. Walt Disney lo convirtió en arte, apasionado como era por alcanzar la calidad más alta.

Maléfica, Disney, caixa forum

Animar es como hacer un truco de magia

 

Valentín Amador ha trabajado, ente otras películas, en la animación de Frozen: El reino de hielo (2013), la película de animación más taquillera de la historia. «Es la película que contiene todos los elementos Disney— dice Amador—. Una manera de contar una historia clásica con los principios Disney, pero con planteamientos más modernos».

A su vuelta a Los Ángeles, le espera dar vida a algunas escenas de la segunda parte de Frozen.

Vaiana y las emociones, exposicion Disney Caixa Forum

Valentín Amador ha animado también algunas escenas de Maui, el compañero de aventuras de Moana (o Vaiana), la incursión en la tradición polinesia de Disney. Hasta ahora las películas Disney han narrado mitos griegos, historias de la cultura americana o cuentos de hadas europeos. Moana es una ventana a la diversidad. Un cambio de orientación acorde con los tiempos.

El proceso creativo de Valentín sigue un orden.  Comienza por seguir el ritmo que le marca la voz del actor que da vida a Maui. En este caso, es The Rock, el actor de origen maorí, conocido por protagonizar la serie de películas  Fast and Furius. Luego, Amador hace él mismo una recreación física de los movimientos del personaje como si fuera humano, y se filma. Posteriormente, dibuja ese movimiento y mueve esos dibujos en el ordenador, como si fueran una marioneta.

«El ordenador— dice Amador— es solo una herramienta que nada tiene que ver con el lápiz».

Adenda. Mayo de 2020. El gobierno ha ordenado el uso de mascarillas para las fases de desescalada, después de más de dos meses de confinamiento. Solo se nos verán los ojos y no podremos estar a menos de dos metros de distancia entre personas. Los ojos recobrarán todo su poder a la hora de expresar emociones.

 

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El Día del libro, un cuadro y la memoria

 

24 de abril de 2018

Uno

Ayer fue el Día del libro. Hice una promesa: dejar de leer. Ayer no leí, ni hoy. A ver si consigo mantener mi promesa, al menos, una semana. «Leer es vivir», escribí en este blog hace un año. Hoy digo que leer me mata; siento que muero como escritor. Ya no sé si lo que escribo es mío o me lo dictan aquellos a quienes leo.

Llamé a Eduardo Martínez Rico, somos amigos. Entre libro y libro— y ya lleva diez publicados— escribe diarios. Me dijo que no me preocupara, que tenía que digerir. Eso es lo que necesito, un descanso para hacer la digestión, hibernar. Le pregunto a Eduardo si Francisco Umbral escribía diarios para publicarlos. «Y para cobrar», respondió imitando la voz de su maestro. Lo sabe bien, fue amigo de Umbral; trabajó junto a él en los últimos años de la vida del escritor. «Le gustaban mucho los diarios y las memorias», me dijo, y que como lo que se vendía era la novela, que por eso las escribía.

 

dos

Un periodista, tertuliano en la radio, dijo ayer que siempre tiene dos libros en su mesilla: uno de novela negra y otro para pensar. Un caso para que lo investigue el escritor y neurólogo, Oliver Sacks. Un tipo que es capaz de detener su pensamiento según qué libro lea, y que parece feliz al contarlo, es un bombón para la neurociencia. Quizás a Sacks pudiera inspirarle un relato que se titulara El hombre que confundió su cabeza con una lámpara. Rompería mi promesa de dejar de leer; tal vez me diera una pista para apagar mi pensamiento cuando me pregunto por qué una novia que tuve se fue sin decir palabra.

tres

¿Pagarían 50.000 euros por un cuadro abstracto?, pregunta un locutor; y hace un silencio. A mí se me queda la pregunta colgada en una percha del armario que es mi inconsciente. Insiste el locutor: ¿hubieran pagado 50.000 euros por Cuadrado blanco sobre fondo blanco? He buscado la fotografía del cuadro. Está colgado en una pared del MOMA de Nueva York. Lo miro y no sé que siento. No puedo no sentir nada, igual que no puedo ser apolítico o amoral. El tertuliano del interruptor lo conseguiría: no sentiría nada. Un cuadrado blanco, blanco de plata, sobre un fondo blanco, blanco de plomo. El cuadrado se fuga por la diagonal del extremo superior derecho, como se escapaban en las pantallas de los primitivos videojuegos, las figuras geométricas que mi memoria me impide recordar que forma tenían.

cuatro

Nabokov decía que Mnemosina era una muchacha muy descuidada. Y caprichosa, añado yo; y mentirosa, muy mentirosa. Miro el cuadro y la faceta caprichosa de Mnemosina— y solo ella sabe por qué—, me dice que busque en el iPad el concierto de Colonia de Keith Jarret. Piano solo. Toca sin usar adjetivos, expone la melodía y la abandona. Yo solía encadenar frases subordinadas, curvilíneas, orondas y voluptuosas como las modelos de Rubens. Ahora escribo con menos palabras, con pocos adjetivos. Los tres últimos me los he sacado con fórceps, como Jarret una nota de más o Amélie Notomb una frase subordinada. ¿Son por eso tan cortas sus novelas? Cuadrado blanco sobre fondo blanco, la pintura sin adjetivos.

cinco

Eduardo y yo hemos quedado para tomar un café, en el Gijón, donde siempre. A él le gusta, y yo me siento como el poeta de La colmena; aquel que escribía versos para juegos florales y así ganarse unos duros y una flor natural, como las rosas barcelonesas del Día del libro. Definitivamente, voy a dejar de leer. Pero no voy a dejar de escuchar la radio.

 

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Foto: Cuadro de Alicia Martín, invitada a exponer su obra en la Fundación Lázaro Galdiano, de Madrid. Diálogo de una artista contemporánea con la colección de museo.

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¿Y esto pá qué sirve? El latín cruza el Vístula

FIRMA INVITADA: RODRIGO MARTÍNEZ-DEL REY DELGADO (TORUŃ, POLONIA)
RELATO

¿Y esto pá qué sirve?

 

Ya se lo diga usted en latín, Cognitio non fit (est); en polaco: Wiedza nie ma miejsca; o en español: El conocimiento no ocupa lugar, hay gente que se empeña en ahorrar espacio en su cabeza como si de un iPod se tratara. No vaya a llenarse la memoria a los 30 años y tenga que formatear su disco duro. Pero no solo se preocupa el buen samaritano de su coco, sino del tuyo también. Una preocupación que se ve reflejada en cuestiones tan sesudas como, ¿Pero eso pa´ que te vale en la vida?, procediendo al inmediato trago de cerveza o a escupir la cascara de pipa, según contexto.

Estas líneas son para mi yo del pasado y, sobre todo, para toda la gente que se achanta ante tan abrumadora pregunta. Y, sí, puede que se torne algo serio al final. Rogamos nos disculpen.

No era yo más que un zagal cuando me mandaron a un internado. No piensen mal, fue por buen comportamiento, ningunos padres podrían soportar tan buena conducta y tan excelentes calificaciones. El colegio se encargaba de formar a gente lo mejor que podía. El nivel de cazurrismo de algunos era solo superado por la perseverancia de algunos profesores en negarse a dejar caer a sus criaturas. No recuerdo bien que curso era, pero a causa de los vaivenes en las leyes de educación volvió la posibilidad de elegir latín. ¿Latín? Si, latín. Lo de los romanos de Roma. Yo, que me muevo por pálpitos (y así me va), decidí apuntarme. ¡Que sorpresa! El latín no podría darse porque para mí solo era inviable. Afortunadamente, otros 3 o 4 eruditos interesadísimos por el latín (o desinteresadísimos en la economía, que era la alternativa) se unieron, por lo que se pudo impartir la asignatura. Ahora bien, con el latín llega el momento en el que aparece esa fatídica cuestión, que en mi cabeza resuena ahora a cámara lenta, y con mucha reverb.

— ¿Y eso para qué te vale?

— Que si eso no se habla… que si eso no sirve para nada… que haga cosas útiles…

Años después, casi a punto de entrar en la universidad, decidí que era momento de meterme con un segundo idioma, tercero si cuento con el instalado de fábrica. El francés nunca me gustó mucho; el portugués e italiano me parecían sencillos y buscaba algo que me sacara un poco de mi zona de confort; y el alemán estaba muy de moda. Ya fuera por la ensaladilla, los filetes o la montaña decidí que el ruso iba a ser ese idioma. El desenlace fue previsible.

—¿Y eso para qué te vale?

— Pero quién habla ruso… que eso es muy complicao… ¿Qué se te ha perdido en Rusia?… Estudia otra cosa más útil…

Atardecer otoñal a orillas del río Vístula— Rodrigo Martínez-del Rey Delgado

 

Estamos en 2018, casi 10 años después de que escogiera latín por primera vez, y unos 5 desde que empecé el ruso. Tengo la suerte de disfrutar mi Erasmus en Polonia. ¿Y saben qué? He aprendido polaco más y mejor. Entiendo un porcentaje generoso y puedo comunicarme. Tengo buena pronunciación y mucho vocabulario; sin las declinaciones del latín no habría entendido como se estructura una frase en polaco; sin el latín no sabría todos los términos que están ligados con la religión (de manera directa o indirecta) y que supone cerca de una tercera parte del idioma de este país, profundamente católico; y sin el ruso no habría sido capaz de pronunciar sílabas como RZ, SZCZ, CZ, DZ, GRZ, PRZ o letras como sus Ą, Ę, Ć, o Ł; ni tampoco tendría todo el vocabulario que comparte al ser una lengua de la misma familia. Como números o colores.

Nunca te avergüences de lo que estudias, de lo que eliges o de lo que haces por miedo a si será útil o no. Que la utilidad de algo dependa solo, y exclusivamente, de la que tú le des.

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Foto: Muzeum Noeoów Warszawa (Museo del Neón de Varsovia). —Rodrigo Martínez-del Rey Delgado

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Tener y querer, la diferencia entre disfrutar o sufrir

 

Tener y querer no expresan lo mismo. En nuestra vida diaria, sin embargo, son términos que solemos utilizarlos como si lo fueran. La mayoría de las veces lo hacemos de manera inconsciente. Es decir, automáticamente.

A lo largo del día tomamos muchas decisiones. Algunas son simples y forman parte del devenir diario. Otras son más complejas y requieren una mayor energía. Tanto para las más sencillas como para las más complicadas, conviene que no olvidemos que distinguir entre tener y querer nos puede hacer la vida más agradable.

No diferenciar con claridad entre tener y querer puede conducirnos a sufrir innecesariamente. El sufrimiento es opcional, no nos viene a los humanos de serie. Lograr que disfrutemos con aquello que hagamos. Al fin y al cabo, disfrutar no es otra cosa que sentirse a gusto haciendo lo que hacemos.

Lo que acabo de afirmar esta muy bien expresado en una escena de la emotiva película Creed, la leyenda de Rocky (2015),  la sexta de la serie dedicada al boxeador de Filadelfia. Rocky Balboa— ya retirado— entrena al hijo (Adonis Johnson) del que fuera su gran rival y amigo, Apollo Creed.

Cuando el pupilo de Balboa sube al ring, al inicio del combate, para enfrentarse a un rival superior y más experto que él, Rocky le dice:

Esto es lo que querías, y quiero que lo disfrutes

De la intensidad de la pelea da idea la cara del boxeador después de 12 asaltos: una ceja abierta y el otro ojo cerrado, entumecido.

Tener y querer, o cómo el lenguaje crea realidad

 

Tener y querer está directamente relacionado con nuestra manera de hablar y de hablarnos. Nuestro lenguaje es generativo. No se limita a describir algo que ocurre dentro o fuera de nosotros, sino que genera realidad. Y del mismo modo que pueden ayudarnos a vivir mejor, pueden tener el efecto contrario.

Nuestras palabras son los bloques con los que se construye nuestro mundo interior

—ENRIC LLADÓ

¿Qué ocurre entonces con tener y querer?

Voy a poner un ejemplo que, quizás, pueda parecer extremo. Ir al dentista me suponía un considerable esfuerzo, cuando no terror. Varios días antes de la cita me echaba a temblar. Retrasé alguna cita, y en algún caso extremo, incluso, la anulé. «Tengo que ir al dentista», me decía. Esa manera de hablarme me hacía sufrir. Durante la estancia en la sala de espera me sudaban las manos. Me sentaba en el sillón temblando, como si este fuera un potro de tortura.

Hasta que un día cambié mi lenguaje. Dejé de decirme «tengo que ir al dentista» y comencé a decirme, «quiero ir al dentista». Esto me supuso encarar el trance de manera completamente diferente.

Mi cambio de lenguaje fue consecuencia, básicamente, de pensar que mi asistencia a la consulta del dentista iba en beneficio de mi salud.

Obligatoriedad frente a elección

 

«Tengo que» denota obligatoriedad, es como si nos diéramos una orden, y a nadie le gusta que le den órdenes. Decir «quiero», es lo contrario; es algo que elegimos voluntariamente. Es una elección, no es una orden. Elegir supone renunciar a algo, y si lo hago es porque hay algo mejor. Mientras que en le caso de la orden, no nos ofrecemos esa posibilidad.

«Tengo que» es frustrante, mientras que «quiero» es liberador.

¿En qué momento podemos empezar a cambiar nuestra manera de hablarnos? Depende de cada uno de nosotros.

Si mañana, cuando suene el despertador, en lugar de enfadarte porque «me tengo que levantar» , te preguntas, «¿para qué quiero levantarme?». El primer día te costará, y el segundo, y quizá, también el tercero.

Pero, poco a poco, lo que es hasta ahora era consciente, se irá convirtiendo en algo inconsciente, automático. Se habrá instalado en ti un hábito.

El «para qué» es, además, un impulso hacia adelante. Muy diferente de «¿por qué?» que nos remite al pasado y nos hace buscar justificaciones o excusas.

 

LECTURA RECOMENDADA

Tocar con palabras, Enric Lladó, Editorial Kolima, 2016

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