Mito y Storytelling. Razón, emociones, comunicación

mito y storytelling, escultura que representa un mito

Mito y storytelling son conceptos que van unidos desde el principio de los siglos. El mito es un relato, es por eso una manifestación histórica de storytelling.


Índice

  • Somos constructores de mitos
  • Mito y storytelling, razón y emociones
  • Mito y storytelling, sentimientos y contagio
  • La comunicación de boca en boca
  • De la emoción al sentimentalismo
  • Mito y storytelling, el inconsciente colectivo

Somos constructores de mitos

El mito (mythos) es un relato tradicional, una narración antigua, que refiere actuaciones memorables. Aunque todas las culturas disponen de una tradición mítica, los europeos sentimos más cercanos los mitos griegos, por proximidad geográfica y cultural.

El cerebro humano– dice el paleontólogo Juan Luis Arzuaga– no es solo un consumidor de mitos, también los crea.

Los mitos se trasmitieron de boca en boca. Existían, por tanto, diferentes versiones. Fue la invención de escritura la que acabó con los mitos.  El poeta Hesíodo escribió y ordenó a su gusto todo el cuerpo mitológico que hasta entonces se había transmitido de forma oral. En los escritos de Hesíodo se basaron los mitógrafos posteriores griegos y latinos. Así es como han llegado hasta nosotros.

No fueron pocos los que se levantaron contra los tradicionales mitos, tratándolos como cuentos de viejos o como dijo Píndaro, «pintorescos embustes». Eran nuevos tiempos en los que se buscaba la verdad a través del razonamiento, el logos, la garantía que necesitaba la narración, la verdad con rigor objetivo.

Heródoto, considerado como el padre de la historiografía,  fue el primero en componer un relato razonado y estructurado. Walter Benjamin, el gran lector y crítico alemán calificó a Heródoto en su ensayo El narrador (1939), como el «primer narrador».

Así nació lo que se llamó, del mythos al logos, una lucha que ha marcado toda la cultura de occidente hasta nuestros días. Los defensores de las ideas frente a los partidarios de la narración, del storytelling.

Mito y storytelling, razón y emociones

La narración contiene elementos emocionales, que permiten llegar con más facilidad a la mente de las personas. Esta idea ya la mencionaba, a mediados de los noventa, Daniel Goleman, en su revolucionario libro Inteligencia Emocional.

La neurociencia ha venido a dar la razón a Goleman. El neurocientífico español, Francisco Mora, afirma que «hasta nuestro cerebro, el lugar en el que vive la razón, esta embebido por las emociones». O sea, que hay una especie de continuo entre razón y emoción. El sentimiento es añadirle pensamiento a la emoción. Ese pensamiento puede cambiar la emoción. Dice Antonio Damasio en el Error de Descartes (Destino 2011):

Si las emociones se presentan en el teatro del cuerpo, los sentimientos se representan en la teatro de la mente. –Antonio Damasio.

mito y storytelling, escultura griega femenina
«No hay razón práctica sin sentimientos. Nadie que no sea ajeno a la psicología o a las neurociencias discute ya esta tesis. Todas las ciencias sociales parten hoy del supuesto de que somos seres emotivos y no solo racionales». –Victoria Camps, filósofa».

Mito y storytelling, sentimientos y contagio

En Las claves del éxito, el periodista y escritor Malcom Gladwell, afirma que «las ideas, los productos, los mensajes y las conductas se extienden entre nosotros igual que los virus». Aún estando de acuerdo con el planteamiento de este disruptivo periodista norteamericano, me permito hacer alguna matización. La ideas no se pueden contagiar, las emociones sí.

Contagiarse no es algo voluntario. No depende de nosotros. Un virus se propaga y nadie está inmune a su acción, salvo que se esté vacunado. Las ideas no pueden contagiarse. Aunque se propaguen o se extiendan como un virus, necesitan un acto voluntario, querer aceptarlas o no.

Imaginemos un campo de fútbol con 50.000 espectadores. Si el equipo local marca un gol, los espectadores al unísono saltan automáticamente contagiados, movidos por una misma emoción, la alegría. Imaginemos ahora ese mismo estadio con el mismo número de espectadores. Pero en lugar de celebrarse un partido de fútbol se celebra un concierto. Los 50.000 espectadores están movidos por la emoción cuando cantan a coro un estribillo. Pero para cada uno de los 50.000 la canción significa una cosa completamente diferente, porque está por medio el pensamiento, las vivencias, las ideas de cada uno. El significado es diferente. Igualmente, si se encendiera un mechero para alumbrar mientras se interpreta una canción. Que se vayan encendiendo más mecheros, es un contagio emocional, aunque previamente (casi instantáneamente) ha habido, al menos, dos actos voluntarios: la decisión personal se sacar el mechero primero, y encenderlo después.

Hay pocos milisegundos de diferencia entre que la emoción se produce y el pensamiento. Ese es el orden, primero la emoción y luego el pensamiento. Eso es lo que quiero expresar cuando digo que las emociones se contagian pero no las ideas. Es un hecho. Las emociones propician el camino a las ideas.

La comunicación de boca en boca

Si leemos, por ejemplo, «En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…», surge la emoción de la curiosidad, y después la pregunta, ¿por qué no quiere acordarse? ¿Qué le ocurrió para que quiera olvidar ese lugar? Eso es lo que me mueve a continuar leyendo. Emoción proviene del latín «movere» (mover), más el prefijo «e», que da igualmente idea de movimiento.

La emoción de la sorpresa en este caso nos mueve a preguntarnos, ¿por qué no quiero acordarse? Ha entrado en juego el pensamiento.

mito y storytelling

Por eso las narraciones, las historias, nos atraen, nos despiertan, antes que nada, las emociones. Y después es cuando actúa nuestro pensamiento al preguntarnos, ¿y ahora qué va a pasar? Así es como llega a nuestro cerebro la narración, a través de la emoción.

El profesor de marketing, John Berger, siguiendo las ideas de Gladwell, afirma en Contagioso (Gestión 2000, 2014 ) que «los mensajes que provoquen el sobrecogimiento y los que produzcan una gran excitación (risa, inquietud, enfado, ira…), tendrán más probabilidades de ser difundidos». En una palabra, ser mas virales.

De la emoción al sentimentalismo

Llegados a este punto, conviene hacer una acotación. Si bien es cierto que durante mucho tiempo las emociones fueron relegadas en beneficio de la razón, en la actualidad estamos en el extremo contrario, en el culto a la emoción. A este fenómeno el psiquiatra inglés Theodore Dalrymple, lo denomina «sentimentalismo tóxico». Dalrymple considera que el sentimentalismo, entendido este como el culto al sentimiento, el culto a la emoción pública, está corroyendo nuestra sociedad. A esta situación se llega cuando el sentimiento con el que se defiende una situación es más importante que los hechos (el conocimiento) en los que se basa.

Fue Cleóbulo, uno de los siete Sabios de Grecia, quien escribió en el templo de Apolo en Delfos esta máxima, «Optima es la medida».

Mito y storytelling, el inconsciente colectivo

Muchos mitos han generado no pocas teorías e interpretaciones hasta nuestros días. Sigmund Freud y Carl Jung, grandes amantes del mundo griego, fueron, quizás, los últimos en recurrir a la mitología clásica para explicar sus teorías. Carl Jung, enunció sus teorías sobre los arquetipos y el inconsciente colectivo. Jung hablaba de imágenes arquetípicas como aquellos contenidos del inconsciente del hombre moderno, que se asemejan a los productos de la mente del hombre antiguo. La fusión de mito y storytelling.

Los mitos no son dominio de ningún individuo, sino una herencia colectiva, narrativa y tradicional, que se transmite desde lejos. –Carlos García Gual, helenista

Por eso un mito es eterno. Y por eso será siempre reinterpretado. Cada generación le confiere al mito un valor en función de los planteamientos ideológicos imperantes en cada época de la historia. Cada época ha reinterpretado aquellos mitos arcaicos.

La narración es el rasgo esencial del mito, la unión de mito y storytelling. El mito facilita el paso al logos, a las ideas. El mundo no puede ser explicado a través los mitos, como tampoco puede serlo mediante el ejercicio exclusivo de la razón. Para que nuestra comprensión del mundo sea, por tanto, completa necesitamos ambos, el mythos y el logos, la llegada de las ideas a través de la narración. El testimonio de lo que se ha visto, de lo vivido, la verdad con rigor objetivo. Esta es la auténtica misión del storytelling. Cualquier otra es pervertirlo.

 

Fotos. Fresolina Rivas, tomadas en la Exposición AGÓN!, CaixaForum, Madrid

 

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Ejemplo de Storytelling: mesas que cuentan historias

Un ejemplo de Storytelling puede encontrarse en los lugares y momentos más inesperados. Basta con poner atención. Generalmente, cuando en la Red se ofrecen ejemplos de Storytelling, se recurre a anuncios publicitarios o a fragmentos seleccionados de películas. Es lo más sencillo y lo más socorrido. Una manera, quizás, simplista de entender lo que es el Storytelling.

Un sencillo ejemplo de Storytelling de marca es el que realiza la madrileña cadena de alimentación Viena Capellanes. Es una emocionante estrategia de interacción con el cliente, muy original que, además, trasmite los valores de la marca. Se plasma en las mesas de sus cafeterías.

Viena Capellanes introdujo en España el famoso “pan de Viena”. Pío Baroja era asiduo a las tertulias, y Neruda. El primer Café Viena se abrió en 1929…Ciento cuarenta y cuatro años de historia sobre una mesa.

Un ejemplo de Storytelling, las mesas de Viena Capellanes

Tenía yo que impartir un taller de Storytelling en el Centro de innovación del BBVA, en la madrileña Plaza de Santa Bárbara. Como quiera que había llegado con la suficiente antelación, decidí sentarme en una cafetería a revisar algunas notas.

Al salir del metro aquella mañana había girado a la izquierda. Podría haberlo hecho a la derecha, hacia una cafetería donde había tomado café en varias veces. Pero no. Lo hice a mano contraría. Pasé junto a un Starbucks, y entré en una cafetería que me atrajo por el agradable olor que salía por la puerta. Viena Capellanes, en la calle Génova, 25. Pasé al fondo. Quizás porque no había llegado aún la hora punta del desayuno, la parte trasera estaba casi vacía. Se respiraba paz. Las baldosas eran muy antiguas, igual que el diseño de las sillas. Me recordaron a las que tenía mi abuelo en su despacho. Me senté y, para mi sorpresa, la historia de la marca estaba ante mí, escrita sobre la mesa.

Viejos anuncios de prensa, cuartillas ilustradas con fotos añejas que explicaban la historia de la empresa desde su fundación en 1873. Ciento cuarenta y cuatro años.

Y cuando bajé al lavabo, otra sorpresa. Las paredes de los pasillos estaban empapeladas con más información sobre la firma: facturas, menús…

Dice la actriz Clara Sanchís que “cuando te inspiras lo que haces es permitir la sorpresa”. Acaso fue eso, que me permití la sorpresa, por lo que aquella mañana decidí tomarme un café en una cafetería distinta a la que lo hacía habitualmente. Yo iba a impartir un taller sobre Storytelling, e inconsciente, me dirigí a un lugar en el que iban a contarme historias. ¿Fue acaso inspiración?

Emociones sin artificios

Ciento cuarenta y cuatro años de historia a la vista del cliente, encima de cada una de las mesas. Las mesas interactúan, hablan con quien se sienta a ellas.  Como resultado, el café y el cruasán me supieron más ricos. Y la charla con el amigo que me acompañaba, mucho más agradable. Me sentí bien. Sentirse bien es una emoción.

El Storytelling apela a las emociones. Y la manera que tiene de presentar su historia Viena Capellanes, emociona de una manera natural. Esta forma de contar su historia, permite que el cliente sienta lo que le brote de su interior, sin recurrir a artificios. Y cuando digo sin artificios, quiero decir que lo hacen, sencillamente, narrando su historia centenaria.

¿Cómo vigilaban los curas, desde “dentro y fuera”, a los estudiantes de ambos sexos que se refugiaban en el Café Viena? ¿Cuánto costaba el pan al principio del siglo XX? ¿Y almorzar?

Si leer la historias que otros habían vivido me hizo sentirme bien, me permitió, además, identificarme con los valores que la marca me estaba trasmitiendo. Sentí cercanía, el gusto por lo bien hecho, el respeto a la tradición, la adaptación a los tiempos. Estos son los valores que yo identifiqué. Quizás otro cliente pueda deducir otros. Porque estos valores no aparecen explícitamente escritos en esas cuartillas.

No hace falta tener ciento cuarenta y cuatro años de vida a las espaldas para tener historias que contar. Empresas y profesionales tienen hitos en sus trayectorias que merecen ser contados. Hay que identificarlos y darles el valor que se merecen. Son útiles para narrarlos en la página web, en el punto de venta, en presentaciones personales o de producto. Ese pasado marca el presente y define el futuro.

Ejemplo de Storytelling de marca

El Storytelling va mucho más allá que lo que la traducción del inglés sugiere: “el arte de contar historias”. El Storytelling es una actitud ante la vida: usar las historias para comunicarse.

Hay, sin duda, otras formas de narrar historias distintas a las que ofrecen los anuncios publicitarios. Porque las historias están presentes en nuestra vida de muchas maneras. Solo basta con desear verlas. Y eso que, a veces, están tan cercanas y visibles como las que nos cuentan las mesas de Viena Capellanes.

En una entrada anterior escribí que el Storytelling es el arte de historiar:

Componer, contar o escribir historias. Exponer las vicisitudes por las que ha pasado alguien o algo.– Jesús Mª Martínez-del Rey

En conclusión, las mesas de los Cafés Viena Capellanes son un ejemplo del arte de historiar, un excelente ejemplo de Storytelling de marca.

¿Qué te sugiere esta nota que puedas aplicar en tu empresa, o en tu actividad como profesional?

 

 

 

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El Storytelling contagia emociones. Date un respiro

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El storytelling contagia emociones. Las emociones son la reacción ante un hecho. Son por eso, algo que no esperamos, que nos sorprenden.  Pero que nos llevan a la acción.

Las pasadas navidades en una reunión de amigos, una de las chicas nos preguntó si habíamos visto el anuncio de Repsol. Sin casi darnos tiempo a responder, dijo: «sí, el de esa chica que dice que no le da la vida. Esa soy yo: no me da la vida».

Mi amiga se estaba refiriendo a la campaña publicitaria creada por la agencia La Rèsistance para Repsol. La campaña busca avivar las emociones de la audiencia. El título de la campaña, iniciada en el último trimestre de 2016, es «A veces hay que parar para poder seguir».

En esta campaña conocemos cuatro historias personales, dirigidas a sectores amplios de la población. Lucía es una adolescente que no tiene grandes expectativas para sus vacaciones. Gema lleva una vida tan ajetreada que no parece tener ni un momento de tranquilidad. Pablo que no ha comprendido que su padre se ha hecho mayor. Los componentes del San Fernando FC andan necesitados de motivación ante su próximo partido.

Cuatro historias cotidianas, de personas normales, que necesitan hacer una parada para reflexionar sobre su vida. Resulta difícil no identificarse con alguna de ellas. Mi amiga lo hizo con la de Gema.

¿Con cuál te identificas tú?

Cómo el storytelling contagia emociones

La campaña es una invitación a que nos detengamos en una de las estaciones de servicio de la petrolera. ¿Cómo lo hace? Apelando a nuestras emociones. La mejor manera de hacer llegar un mensaje a nuestra mente es a través del corazón, es decir, de las emociones.

La campaña constituye, además,  un ejemplo paradigmático de cómo el storytelling contagia emociones. Y es por eso una eficaz herramienta de comunicación. Cada historia mueve unas emociones que dan significado a nuestras vidas, y hacen que nos sintamos identificados con lo que vemos en la pantalla. El storytelling es la intersección de las emociones y el significado. La ideas no se contagian, las emociones sí.

Las cuatro películas tienen prácticamente la misma estructura.

La historia comienza directamente con el conflicto.  El momento en el que el protagonista se enfrenta a una decisión. Sin conflicto no hay historia. Esta manera de comenzar el relato se conoce como  in medias res.  Es decir, la historia empieza ya comenzada, no por su inicio. Se produce en los momentos previos a la llegada a la estación de servicio.

La historia se desarrolla durante la estancia en la gasolinera o la tienda de la estación. El desenlace ocurre tras reiniciar la marcha, una vez que el vehículo ha repostado. El protagonista ya ha tomado una decisión.

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Date un respiro

¿Quién de nosotros no necesita un periodo de reflexión? ¿Quién de nosotros no tiene que parar alguna vez para poder seguir? La verdad tiene sus tiempos. Por lo tanto, necesitamos tiempo para escuchar (o escucharnos), para empatizar y para reflexionar. Y eso es lo que, en consecuencia, pone de manifiesto esta campaña: la empatía, la escucha y la necesidad de tomarnos un respiro. En esta agitada vida que llevamos necesitamos tiempo para pensar y hablar de las cosas importantes. Hay que tomarse tiempo para pensar.

¿Qué te impide hacerlo?

Las películas, de un minuto de duración, están dirigidas por la cineasta Gracia Querejeta. Bajo el título Historias Repsol, la petrolera ha dispuesto también un sitio web en el que invita a contar las historias vividas en alguna de sus estaciones de servicio. Todo en la vida es una historia. Todo en la vida nos cuenta una historia. En consecuencia, cada uno de nosotros tenemos historias que contar.

¿Cuál es tu historia? ¿Qué te impide contarla?

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