Contar bien una historia. 101 tácticas de storytelling

Contar bien una historia es un arte. Y no está, por eso, al alcance de todos. Pero puede aprenderse y entrenarse. En estas tareas son en las que se ha empeñado Héctor Urién, narrador profesional de cuentos, en El arte de contar bien una historia.

contar bien una historia, bosque misterioso
«Lo que no transmitimos genéticamente lo hacemos narrando historias». —Jorge Drexler, en el Prólogo (Homo narrans).

EL ARTE DE CONTAR BIEN UNA HISTORIA. 101 estrategias para el storytelling, Héctor Urién. Alienta, 2020. 179 páginas.

 

Los seres humanos somos seres en una permanente búsqueda de sentido. Y dado que nuestra estructura cerebral es narrativa, lo hacemos contando ( o contándonos) historias. Es así desde el principio de los tiempos. Y lo sigue siendo en la era de lo digital.

[Snapchat fue la primera red en incorporar las historias como modo de interacción entre sus usuarios. Le siguió la red fotográfica por excelencia, Instagram, con gran éxito. En los días en que escribo esta reseña, la red profesional Lindkedin, ha anunciado que trabaja en la incorporación de historias.]

Héctor Urién ha reunido en El arte de contar bien una historia, un centenar de técnicas para lo que denomina «storytelling primario», el oral. Pero también para la narración audiovisual. Estas herramientas — apunta, en primer lugar, el autor— no indican lo que «hay que hacer», sino que sugieren «qué puedes hacer».

Además de la experiencia de más de veinte años contando profesionalmente historias, Héctor Urién bebe en libros de poesía, ciencia, dramaturgia, cine y teorías literarias (Borges, Carlos Bousoño, Gianni Rodari, entre otros) para facilitar técnicas que conviertan «una historia anodina en una gran historia».

Una historia no es la realidad, sino su representación, es decir, una realidad vicaria. Una historia sería una relación entre hechos que configuran una recreación de la realidad.

—HÉCTOR URIÉN

contar bien una historia, libro enterrado con una pluma
«No importa tanto qué cuentes, pues todo está ya contado, sino el cómo lo haces.» — Héctor Urién

Contar bien una historia

La problemática del narrador —dice Héctor Urién— es triple: 1). Crear una forma expresiva que refleje la realidad y permita el «como si» en el receptor. 2). Resultar creíble. 3). Suscitar la atención de quien escucha.

Para responder a estas necesidades y, en función del tipo de estrategias, el libro está dividido en tres grupos:

      • 47 estrategias dirigidas a la composición de la historia.  Aquí se cuenta desde cómo es la estructura básica de una historia (Estrategia 5), o cómo comenzarlas y desarrollarlas, hasta los usos de mecanismos que hacen una historia más atractiva.
      • 30 estrategias para generar recursos poético/ humorísticos. A la hora de contar bien una historia el humor es un efecto clave. ¿Hasta donde se puede llegar? Estrategias 71, 72 y 73.
      • 24 estrategias escénicas para contar «aquí y ahora», el propio de la oralidad a diferencia de la literatura. (Estrategia 4). Técnicas útiles para la comunicación presencial. La idea fundamental es que se eliminen barreras entre emisor y receptor: siendo uno mismo, interpelando al otro y adaptando la historia al auditorio.

Cada estratagema se cuenta de manera «muy concreta y escueta», se facilitan ejemplos y se propone la realización de un ejercicio al final de cada una de ellas.

Para quién es este libro

 

contar bien una historia, el arte de contar bien una historia, portada

En mi opinión, la (deseable) brevedad en la explicación de algunas técnicas lleva acarreada  la (posible) incomprensión de algunas de ellas. Hay otras que, quizás, sean —digamos— muy «técnicas», más apropiadas para profesionales. O, por ejemplo, para aspirantes a monologuistas.

Globalmente, sin embargo, el libro resulta de gran utilidad para profesores, comerciales, terapeutas, directivos responsables de gabinetes de prensa, políticos… Y para padres que quieran contar (bien) cuentos a sus hijos, tal como Jorge Drexler explica en el prólogo. El libro tiene un original epílogo de Mónica Galán Bravo, entrenadora de oratoria.

El libro es también útil para narradores, autores de relatos, alumnos que siguen cursos en talleres de escritura y guionistas. Aunque, como recuerda Héctor Urién, «los cuentos escritos y los orales no son la misma cosa».

 

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Conversaciones, de la trivialidad al bienestar diario

Mantener conversaciones es tan automático, como respirar o comer. Pero si prestamos tanta atención a lo que comemos, ¿por qué no hacemos lo mismo cuando conversamos?

Conversaciones, varias personas conversando

La catedrática de Lengua Española en la Universidad de Barcelona, Estrella Montolío, reivindica en Cosas que pasan cuando conversamos la importancia de la conversación en nuestro «bienestar cotidiano». Explica, además, cómo crear, conservar y reforzar nuestros afectos a través de una comunicación auténtica.

COSAS QUE PASAN CUANDO CONVERSAMOS, Estrella Montolío. Editorial Ariel, 2020. 232 páginas.

 

 

En primer lugar, Estrella Montolío quiere dejar claro que conversaciones «cotidianas» puede llevarnos a pensar en adjetivos como «superficiales», «monótonas», «aburridas». Al contrario. Nuestras conversaciones cotidianas son «un universo muy sugerente —dice Montolío— en el que se combinan rutina y novedad». Y en este universo ocurren fenómenos neurológicos, emocionales y físicos.

A lo largo del día mantenemos multitud de conversaciones. Y, consecuencia del aumento de dispositivos electrónicos, el número de conversaciones puede ser incluso mayor. Si bien estas nunca deben sustituir a las que mantengamos cara a cara.

La conversación nos configura, nuestras palabras nos representan. Lo que decimos modela quien somos socialmente.

— ESTRELLA MONTOLÍO

 

Los seis primeros capítulos del libro están dedicados al análisis de las diferentes situaciones que ocurren en nuestras conversaciones cotidianas. Así, la autora explica desde qué ocurre cuando dos que conversan hablan a la vez, hasta cómo defendernos de las agresiones verbales. Ofrece sugerencias tanto para salir airosos de esas situaciones como para no caer en ellas.

Estrella Montolío facilita también sencillos trucos para que detectemos las mentiras verbales y cómo podernos ponernos a salvo de los «delincuentes conversacionales».  Es decir, aquellos que  rompen las reglas implícitas de una conversación.

¿Quién no se ha topado con los que hablan sin parar? ¿Quién no ha tenido que lidiar con los que se «enrollan» o con los que solo contestan con monosílabos? ¿Y con los que mienten y critican?

grabado con varias conversaciones

Conversaciones, narración, metáforas y canciones pegadizas

El segundo bloque del libro —los cuatro últimos capítulos — está dedicado a la narración y la metáfora. Los seres humanos somos seres esencialmente narrativos y nos encantan las metáforas.

Nuestras conversaciones diarias están plagadas de metáforas y estructuradas como un relato (storytelling). De manera automática —y simbólica—, metáfora y relato conforman nuestra visión del mundo.

Contamos historias y las cantamos. Algunas de esas canciones pueden marcar nuestras vidas, porque cuentan historias.  Y las cuentan con la estructura de los ancestrales relatos orales.

Las narraciones orales nos vienen acompañado a los seres humanos desde que el lenguaje nos diferenció del resto de los seres vivos. ¿Te suenan canciones como Pedro Navajas o Y nos dieron las diez, cuya estructura Estrella Montolío disecciona?

En esta nota he repetido dos palabras, «conversaciones» y «automático». Nuestras conversaciones cotidianas tienen mucho de automáticas. La Programación Neurolingüística (PNL) es una técnica que quiere combatir el automatismo. La  PNL, en definitiva, lo que busca es mejorar nuestra comunicación mediante la atención a las palabras que usamos.

El último capítulo del libro ofrece unas breves nociones acerca de cómo usar sencillamente esta técnica. ¿Eres de los que utilizas con frecuencia el «Sí, pero»?

«Nos conviene reflexionar y conocer cómo y qué comunicamos para saber desarrollar conversaciones que sean sanas y alimenticias. Y, cuando convenga, curativas.»

—ESTRELLA MONTOLÍO

En resumen

 

conversaciones, portada de Cosas que pasan cuando conversamos, Estrella MontolíoCosas que pasan cuando conversamos es un elogio de la conversación. Está escrito en un tono didáctico y divulgativo.  Muy útil para ayudarnos a analizar (y romper) nuestros mecanismos automáticos cotidianos. Libro útil también para coaches y para quienes trabajamos con el storytelling.

Los capítulos están construidos  a base de artículos de extensión diferente. Recuerdan a las piezas periodísticas que la autora realiza en sus habituales colaboraciones en la prensa y la radio.

Cosas que pasan cuando conversamos contiene numerosos ejemplos de conversaciones, algunas de las cuáles podríamos fácilmente reconocerlas como propias. Este libro nos retrata a todos.

 

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Mujeres y libros: tres siglos de pasión por la lectura

En Mujeres y libros, el escritor alemán Stefan Bollmann narra la historia de tres siglos de pasión femenina por la literatura. Será a  mediados del siglo XVIII, cuando las mujeres lectoras den un paso más: se convierten en autoras y ejercen la crítica literaria («by a lady») en revistas .

Mujeres y libros es la consecuencia natural de otro hermoso libro anterior del mismo autor, Las mujeres, que leen, son peligrosas.

mujeres y libros, niña leyendo en la Casa del Libro
Foto tomada a hurtadillas —como lo hace un ladrón, pero un ladrón esperanzado—, en la sucursal de la calle Goya de Madrid, de La Casa del Libro. Enero de 2020.

Fiebre lectora

El 20 de febrero pasado se presentó el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), correspondiente a 2020. Entre el volumen de datos destaco tres. Uno invita a la esperanza. Otro resulta estremecedor. El tercero, es una constante.

    1. El dato esperanzador. El 68, 5% de los españoles mayores de 14 años lee libros. Un crecimiento del 8,2 % desde 2010.
    2. El dato estremecedor. El 31, 5%  de los españoles no lee nunca un libro. Aducen que la lectura no les interesa o no le gusta, que carecen de tiempo para leer, o que prefieren ver televisión, pasear o hacer deporte en su tiempo libre.
    3. La constante. El 68,3% de las mujeres lee libros frente al 56% de los hombres. Esta diferencia llega hasta el 29% en la franja de edad entre 55 y 64 años. Dos publicaciones se han fijado en este dato para titular sus informaciones: El diario El País y el suplemento de ciencia y cultura, El Cultural. Algo semejante ocurre con la lista de libros más leídos: hay muchas autoras.

Y digo que este último dato es una constante, porque la pasión femenina por la lectura no es nueva, tiene  trescientos años.

En Inglaterra primero y en Alemania después (hacia 1750), se acuñó la expresión «fiebre lectora», para manifestar, dice Stefan Bollmann, «el incremento de tiempo y la intensidad con que leen las mujeres.»


La lectoras leen para vivir de otra manera, o viven de otra manera y por eso leen. Y porque leen, escriben.

—LOLA LARUMBE DORAL

 


mujeres y libros, portadamujeres y libros, portada de La mujeres que leen son peligrosas

MUJERES Y LIBROS. Una pasión con consecuencias. Stefan Bollmann, Seix Barral, 2015. Prólogo de Lola Larumbe. 448 páginas (parcialmente ilustrado en B/N).

 

Un ensayo envolvente y muy documentado (prolijo, a veces) que se lee con la misma avidez con la que se lee una buena novela. Bollmann cuenta la vida de mujeres como Virginia Wolf, Mary Wollstonecraft—novelista y crítica literaria—, Mary Shelley —autora de Frankenstein—, la novelista Jane Austin, Silvia Beach —librera y editora— o Susan Sontag, quien tenía una biblioteca con quince mil volúmenes.

Y la de Marilyn Monroe, quien aparece leyendo Ulises de James Joyce, fotografiada por Eve Arnold. « A Monroe le gustaba que la fotografiaran leyendo», escribe Bollmann.

LAS MUJERES, QUE LEEN, SON PELIGROSAS. Stefan Bollmann, Ediciones Maeva, 2006, 2017. Prólogo de Esther Tusquets. 152 páginas (65 ilustraciones, color)

 

Un libro precioso, atractivo y evocador, creador de atmósferas. Y, por eso, muy sugerente. Cada ilustración — a la que acompaña un texto del autor— invita a reflexionar sobre lo que la pintura o el dibujo significa para quien lo mira.

Pinturas de Vermeer —el pintor holandés del XVII, genial «fotógrafo de interiores»—, de Rembrandt, Hooper, Van Gogh, Matisse, Manet,  Ramón Casas, o el retratista  Vittorio Matteo Corcos, cuyo cuadro Sueños (1896) ilustra la portada.

Y una escultura: la reina Leonor de Aquitania (siglo XIII) yace sobre su tumba en la abadía de Fontevrault. Sostiene entre sus manos un libro. ¿Acaso una Biblia? Los devocionarios y misales de algunas jóvenes de los siglos XVII y XVIII solían ocultar, en su interior, novelas.

mujeres y libros, chica leyendo en estación de tren
«Leer es la primera forma de independencia, una primera conquista de privacidad donde la mente es libre, donde maridos y padres quedaban al margen de las nuevas vidas y experiencias que ofrece la lectura. La novela es la reina de los géneros. Lectura femenina y novela se desarrollan en paralelo.» — Lola Larumbe Doral

¿Dónde están los hombres?

Los prólogos de ambos libros son dos hermosas piezas literarias. Dos miradas diferentes de un mismo fenómeno. Emocional y reivindicativo el de Lola Larumbe Doral, y reflexivo el de Esther Tusquets.

En su prólogo, Lola Larumbe deja una pregunta —¿retórica?— en el aire: «¿dónde están los hombres?» Cuestión a la que, años antes, ya había respondido Esther Tusquets en el suyo.

Los varones se interesan menos por las historias de los otros. Nosotras sentimos una curiosidad insaciable por los otros. Desde Sherezade hasta nuestras abuelas y nuestras madres, las mujeres han almacenado historias, han sido geniales narradoras de historias.

— ESTHER TUSQUETS

Mujeres y libros. Cartas y clubes de lectura

Hace trescientos años no había redes sociales. Pero eso no supuso para las mujeres una barrera. Las cartas era una manera habitual de comunicarse. Las lectoras mantenían una correspondencia  frecuente y fluida con los autores. No solo les mostraban —según su manera de pensar— estar «a favor» o «en contra» de la actuación de los protagonistas, sino que sus reflexiones obligaron a varios autores a modificar las siguientes entregas.

La más conocida es quizás Marie-Sophie Leroyer de Chantepie, «una apasionada lectora de dramas imbuidos de verdad.» Durante años mantuvo una relación epistolar con Flaubert. Marie-Sophie se sintió identificada desde el principio con Emma Bovary.

Las novelas eran promesas de amor y pasión. Para las mujeres constituían una forma de autoconocimiento tan liberadora como insustituible. Numerosas traducciones del siglo XVIII se deben a lectoras que se toparon con novelas que querían hacer llegar a otras lectoras.

—STEFAN BOLLMANN

Hacia 1650, los aposentos privados de algunas damas parisinas fueron los primeros clubes de lectura — en pie de igualdad con los hombres— donde se leían en voz alta y se debatían los libros recién publicados.

Leer era el medio para desatar emociones. Las veladas literarias dotaron de voz y estatus social a las mujeres

—STEFAN BOLLMANN

Por mi experiencia en los clubes de lectura de las Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid, las mujeres superan en asistencia a los hombres en una proporción media de cinco a uno. Lo mismo prácticamente que en los Talleres de Escritura.

 

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Fracaso y miedo, según Natalia Gómez del Pozuelo

Fracaso es una palabra maldita. No lo es menos el término error. Fracaso y error están ligados al miedo. Y este es el asunto del que trata el libro Hipolina Quitamiedos (Ediciones Urano, 2019), una novela gráfica de Natalia Gómez del Pozuelo, ilustrada por la dibujante y diseñadora gráfica Evaduna.

fracaso, Natalia Gomez del Pozuelo
Natalia Gómez del Pozuelo es conferenciante y formadora especializada en comunicación y en ayudar a los profesionales a perder el miedo a hablar en público.

Entrevista a Natalia Gómez del Pozuelo

‘Hipolina Quitamiedos’ es una novela gráfica y también, en la parte inferior,  un breve ensayo sobre el miedo. Puede leerse como un tebeo, como un ensayo; primero el uno y luego el otro, o viceversa. O ambos a la vez.

 


«Desde pequeños nos amenazaban con el fuego eterno o con el hombre del saco si hacíamos las cosas según alguien calificaba como ‘mal’. Por ello, fallar es un miedo que nos ha introducido la educación de forma muy profunda».

— NATALIA GÓMEZ DEL POZUELO


El miedo es una emoción humana desde que la humanidad existe. En Twitter existe la etiqueta #miedos. Natalia Gómez del Pozuelo la utiliza en sus tuits con frecuencia. Del miedo, precisamente, habla su último libro. Pero también del fracaso y del error, que con el miedo, forman un circulo vicioso.

Curiosamente, en esa red social —donde más del 56% de los mensaje son de autobombo—, nadie quiere hablar de fracaso. Una palabra, a todas luces, maldita. Nadie quiere fracasar. Nadie reconoce haberlo hecho. Es una mancha, una huella indeleble, un sambenito que nadie desea portar.

Fracaso, miedo y error

COMUNICACIÓN VITAE (CV): ¿Ha cambiado en España la percepción que tenemos sobre el fracaso?

Natalia Gómez del Pozuelo (NGdP): Yo creo que, aunque se escucha mucho hablar a profesionales de Estados Unidos sobre la importancia y la necesidad de fracasar, en España seguimos tendiendo a ocultarlo o a disfrazarlo. Sigue siendo uno de los miedos más extendidos en el entorno laboral.

Desde pequeños nos amenazaban con el fuego eterno o con el hombre del saco si hacíamos las cosas según alguien calificaba como “mal“, por ello fallar es un miedo que nos ha introducido la educación de forma muy profunda.

Si uno ve a un niño aprendiendo a andar, se da cuenta de que el dominar cualquier habilidad pasa por: intentarlo, caerse, levantarse, afinar la técnica y volver a intentarlo.


«Nadie puede pasar de gatear a correr una maratón sin fracasos y nuevos intentos».

 


En las empresas, convendría tener en cuenta que caerse es inherente al aprendizaje y que es importante que las personas empiecen aprendiendo en áreas en las que les resulta más fácil y luego ir paulatinamente ampliando el conocimiento.

Una cultura que culpabiliza los errores o que produce inseguridad laboral, un jefe poco previsible, tecnologías para las que uno está poco preparado, entre muchas otras, son las mejores fábricas de miedo

CV: Por su experiencia en el contacto con otras mujeres, a través de Womenalia, ¿considera que el miedo al fracaso echa para atrás a muchas mujeres a la hora de emprender?

NGdP: La brecha de género entre emprendedores y emprendedoras disminuye cada vez más, según el Informe Mundial GEM 2018/19 (Global Entrepreneurship Monitor). En España, por cada diez hombres que emprenden hay nueve mujeres que inician un negocio, superando la media de Europa, que es de seis mujeres por cada diez hombres.

Un dato interesante es que los negocios emprendidos por mujeres tienen una mayor tasa de supervivencia. Yo creo que las mujeres cada vez se atreven más, aunque siguen teniendo dificultades a la hora de lograr financiación.

CV: ¿Existe una manera diferente de entender y gestionar el miedo por los hombres y por las mujeres, en el seno de una empresa?

NGdP: Según el GEM  las mujeres tienen mayor miedo al fracaso y, según mi experiencia entrenando a cientos de mujeres a hablar en público, eso tiene que ver con un alto grado de perfeccionismo y a un cierto autosabotaje mental.

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Natalia Gómez del Pozuelo, o la risa versus el miedo

Vivimos tiempos difíciles para los profesionales, con cambios y amenazas permanentes. En este contexto,  Natalia Gómez del Pozuelo  ha escrito  Hipolina Quitamiedos, para que «el lector pueda observar sus temores con distancia para así conocerlos y evitar que le paralicen».

natalia gomez del pozuelo, sala Komo
«Los miedos pueden servir como palanca de crecimiento, tanto profesional como personal». —Natalia Gómez del Pozuelo

Entrevista a Natalia Gómez del Pozuelo

Natalia Gómez del Pozuelo, conferenciante y formadora especializada en comunicación y en ayudar a los profesionales a perder el miedo a hablar en público, acaba de publicar una novela gráfica, Hipolina Quitamiedos.


«Es un libro pequeñito pero matón, ya que es fácil y ameno, pero tiene bastante profundidad».


Fábricas de miedo

COMUNICACIÓN VITAE (CV): Habitualmente, utiliza las historias como forma de expresar sus ideas. Ahora ha dado un paso más. ¿Cómo ha sido el proceso creativo? ¿Cómo se ha sentido?

NATALIA GÓMEZ del POZUELO (NGdP): Es cierto. El último ensayo que escribí, hace ya cinco años, El código del garbanzo trataba sobre lo femenino y lo masculino y era novelado. En Hipolina Quitamiedos he utilizado, como vehículo, una novela gráfica en combinación con un breve ensayo.

En la parte de arriba de las páginas hay una historia muy entretenida, en la que Max, un ingeniero, comete un error informático y produce una pequeña catástrofe que afecta a toda la empresa.  Abajo, se explican los motivos técnicos y científicos de las reacciones de los personajes.

Ha sido un proceso creativo muy interesante. Afortunadamente, se ha producido una relación muy positiva entre la creatividad de la ilustradora Evaduna y la mía: sus ideas sacaban chispas nuevas en las mías y viceversa. Muy enriquecedor. Damos las gracias al editor por dejar vía libre a la expresión de esa creatividad.

CV: El miedo es una de las emociones básicas ¿Es la más contagiosa en una empresa?

NGdP:Todas las emociones son contagiosas, el miedo, la seguridad, la alegría, la tristeza. Como dice Paul Ekman, la emoción es expresada mediante un sistema de señas universales e involuntarias.

El mecanismo biológico de este contagio tiene mucho que ver con la dopamina y la oxitocina. La emoción se activa con lo que recibe del exterior y tiene su efecto en el cuerpo.

Las alteraciones de ánimo tienen efecto colectivo.

 

CV: ¿Cuáles son los mejores aliados del miedo en una empresa?

NGdP: Una cultura que culpabiliza los errores o que produce inseguridad laboral, un jefe poco previsible, tecnologías para las que uno está poco preparado, entre muchas otras, son las mejores fábricas de miedo.

natalia gomez del pozuelo, charla TED
«Lo que más miedo produce, tiene que ver con la pérdida del empleo, ya que lo asociamos a la supervivencia y a nuestra necesidad de disponer de recursos». —Natalia Gómez del Pozuelo

Trabajar en un campo de minas

CV: ¿Hay hoy un miedo añadido dentro de la empresa, como consecuencia del vertiginoso cambio tecnológico en que vivimos?

NGdP: En el libro abordo los miedos que producen las nuevas tecnologías desde diferentes ángulos: por un lado, nos guste o no, cada vez vamos a tener un mayor trato con bots, aparatos, objetos… Por eso he elegido como protagonista a Hipolina, una Asistente Virtual tipo Siri o Alexa con un toque más gamberro.

Además, hablo de otros miedos que producen las nuevas tecnologías: la sobredosis de información, la imposibilidad de responder a todo, el miedo a la automatización y a que el puesto de trabajo deje de existir, las fake news o fake vídeos, el hecho de que un error informático pueda causar un cataclismo, que es precisamente lo que sucede en el libro, el que los “malos” estén a un clic de distancia… Todo ello hace que el profesional actual sienta que trabaja en un campo de minas.

Pero, insisto, el miedo nos puede paralizar o lo podemos utilizar como palanca, para ello, recomiendo que los lectores disfruten con Hipolina Quitamiedos.

La risa, un alivio

CV: ¿Es el humor un antídoto contra el miedo?

NGdP: Sin duda. Según Alison Beard, la risa alivia el estrés, aumenta el compromiso y el bienestar, estimula la creatividad, la colaboración, la precisión analítica y la productividad.  Otra profesora de Harvard, Alison Wood Brooks, demostró que las personas que hacen reír a los demás son percibidas como más seguras y más competentes.


Reírse de uno mismo y no tomarse muy en serio, ayuda a tolerar el miedo y a aceptarlo con menor resistencia.— Natalia Gómez del Pozuelo


 

CV: ¿Qué otros remedios hay?

NGdP: Hipolina da unas pautas que se pueden seguir en los momentos de tensión. Lo primero y más importante es…

«Respirar»: hacer dos o tres respiraciones abdominales para evitar que el cerebro siga enviando adrenalina y cortisol por el torrente sanguíneo y así frenar la espiral del miedo. Luego… «Observar» lo que produce en el cuerpo la tensión, conocerla. ¿Dónde hay contracción? ¿En qué parte del cuerpo actúa? ¿Qué está impidiendo que uno haga?

«Levantarse» cuando uno se ha caído. A lo largo de la carrera profesional, uno se cae como parte del proceso de aprendizaje, es lo natural, al igual que levantarse. No hay más que pensar en un niño que aprende a andar y en cómo lo hace. «Afinar» el procedimiento para dejar de caerse. Volviendo al ejemplo, el niño, de manera inconsciente, modifica el centro de gravedad para evitar la caída. Lo mismo sucede en la profesión: si uno se cae, levantarse es importante, pero mejorar el proceso también.

Y, para terminar, apoyarse en los propios «Valores»: la integridad.  Es decir, actuar según los propios valores, es un gran antídoto contra el miedo.

El verdadero VALOR no es la ausencia de miedo sino mantenerse en la acción a pesar de él.

 

 

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