Coaching, mirar la vida de manera diferente

 el coaching es mirar diferente. Mujer mirando cuadros

El coaching está de moda. Esta es una frase que se repite desde los medios de comunicación a las charlas de barra de bar. Y la mayoría  de las veces se desconoce qué es el coaching.

Escribo este post tras escuchar a un famoso y prestigioso periodista afirmar en la radio que «un coach es alguien que te hace cambiar, quieras o no». Nada más alejado de la realidad.

Mirar diferente

En una escena de la comedia La extraña pareja (1968), Walter Matthau (Óscar) pregunta a Jack Lemmon (Félix):

«¿Es que no piensas cambiar? ¿Seguirás siendo siempre el mismo hasta tu último aliento?»

A lo que Jack Lemmon, responde:

«Cada uno es como es, Óscar».

¿Cuántas veces has escuchado esta respuesta? ¿En cuántas ocasiones ha sido esa tu respuesta? Cambiar o no cambiar, he aquí el dilema. Seguir siendo siempre los mismos o permitirnos cambiar la óptica desde la cual miramos la vida. Porque eso es cambiar, mirar el mundo de manera diferente.

Somos lo que pensamos

El filósofo griego Epicteto, hace dos mil años, dejó escrito en su Manual de vida (Enquiridión) que «no es lo que nos pasa, sino lo que pensamos sobre lo que nos pasa».

Con gran visión, el filósofo estoico, apuntaba ya directamente al centro del comportamiento humano: así cómo pensamos, sentimos. Y de acuerdo a cómo sentimos, así actuamos. Nuestra actitud es un conjunto de pensamientos sustentados en creencias, entendidas estas como las ideas que configuran la forma en que vemos la realidad. No hay otra persona en el mundo que vea la vida como tú. ¿A qué reflexión lleva esta afirmación?

Somos lo que pensamos. Si queremos cambiar algo en nosotros, tenemos que comenzar por cambiar nuestras creencias, algunas instaladas en nuestro subconsciente desde niños; otras adquiridas con el tiempo. Creencias sobre la vida, sobre los demás, sobre nosotros mismos.

Esto, que puede parecer fácil, ¿por qué nos provoca entonces tanto sufrimiento? Las posibles respuestas se orientan hacia nuestra natural resistencia al cambio y al no saber que nos pasa.

Nadie puede obligarnos a cambiar, es voluntario. Nihil difficile volenti, nada es difícil si hay voluntad, decían los clásicos. La voluntad es, por tanto, el motor del cambio. La voluntad no consiste, sin embargo, en empeñarse, sino en querer cambiar nuestra óptica. Y, además, hacerlo sin sufrimiento. El sufrimiento es opcional, no nos viene de serie.

Es aquí donde entra en escena el coaching. 

el coaching es cambiar el foco

El coaching es ampliar el foco

ICF (Federación Internacional de Coaches), organización que reúne a más de 25.000 coaches en todo el mundo, define el coaching como «el proceso de acompañamiento reflexivo y creativo con clientes que les impulsa a maximizar su potencial personal y profesional».

El coaching es, fundamentalmente, una conversación. En latín, referido a personas, conversatio quería expresar el hecho de estar vuelto hacia los otros. Una conversación es una doble vía: hablar y escuchar. La pregunta del coach tiene que nacer de la respuesta del cliente (coachee), porque el coach no es un experto en la materia que se quiere cambiar. A través de sus preguntas, el coach ayuda al cliente a mirar la vida de manera distinta a cómo lo está haciendo. Un proceso de coaching es, en definitiva, un proceso de transformación, de cambio y aprendizaje.

A diferencia de la conversación que podamos mantener – por ejemplo, con un amigo–, en la que, frecuentemente, buscamos un consejo, una pauta de comportamiento, o el refrendo de nuestras propias posiciones, el coach no aconseja, no opina, no afirma. Y, sobre todo, no juzga sobre lo que escucha. El coach es un profesional que ofrece perspectivas diferentes a su cliente. Mirar las cosas de una manera distinta, ayudará al cliente a encontrar respuestas. Respuestas que están dentro de él y que tendrá que encontrar contestando a las preguntas del coach. Si somos parte del problema, la buena noticia es que también lo somos de la solución.

Muchas cosas nos las vemos, simplemente, porque no les ponemos foco. Aquello en lo que nos enfocamos, provoca realidad. Eso lo saben muy bien las embarazadas. Cuando van por la calle verán muchas mujeres en su mismo estado. No es que haya más mujeres embarazadas, solo que han puesto su foco en otras mujeres como ellas. El coach, como los antiguos acomodadores de los cines, ilumina con la linterna de sus preguntas, para que el cliente vea otras realidades diferentes a la suya.

Cómo trabaja un coach

El trabajo del coach puede representarse como un triángulo, cuyos lados son la empatía, la ausencia de juicios y la escucha atenta. Empatía para ponerse en el lugar del cliente, pero sin llegar a contagiarse de sus emociones. Ausencia de juicios, puesto que si juzga, el coach pierde la perspectiva. Y, finalmente, sin la escucha, el coach no podrá hacer la siguiente pregunta. Una pregunta que, tal vez, pueda ser la más importante. La que haga que el cliente descubra aquello que hasta ahora no había visto.

el coaching es enfocar

Este triángulo al que me he referido, está envuelto en algo intangible, pero muy importante: la confianza. Coach y cliente, sentados frente a frente. El coach ha de crear el marco idóneo para que el cliente pueda expresar libremente lo que piensa y siente. De igual manera, el coach ha de disponer de la suficiente autonomía para preguntar hasta donde el cliente le permita hacerlo. Es voluntad exclusiva del cliente llegar donde quiere llegar, contar hasta donde quiera contar.

La persona toma conciencia de los hechos no porque se los trasmita el coach, sino porque los encuentra en sí misma, gracias al estímulo del coach.– John Whitmore

Permíteme que, para finalizar este artículo, adopte mi papel de coach y que, como Óscar en La extraña pareja, te pregunte: «¿Qué crees sobre ti?» «¿Qué piensas sobre los que te rodean?» «¿Qué piensas sobre la vida?» «¿Cómo afectan estas creencias a tu felicidad?» «¿Qué te impide cambiar?»

LIBROS RECOMENDADOS

Coaching. El Método para mejorar el rendimiento de las personas. John Whitmore. Paidós, 2011

No soy SUPERMAN. Luces y sombras de una conversación interior. Santiago Álvarez de Mon. Pearson Educación, 2007

 

Tecnología y pensamiento crítico en 3 libros

mujer, tecnología y pensamiento crítico

Tecnología y pensamiento crítico no parece que sean compatibles.  «La tecnología podría influir negativamente en ciertos procesos cognitivos, la memoria a corto y a largo plazo, la capacidad de comprensión y la de imaginación, al requerirse un menor esfuerzo mental para resolver tareas». Así lo afirma  la neurobióloga Mara Dierssen en una entrevista publicada en el diario El País.

Tecnología y pensamiento crítico

Que los avances tecnológicos afectan a nuestra vida, es algo que hoy nadie pone en cuestión. Otra cosa es que, como seres humanos, analicemos con detenimiento las consecuencias que estos avances originan en nuestra vida diaria.

Si bien aún hay pocos estudios científicos que relacionen el uso de las tecnologías y la memoria, la voz de esta neurobióloga española viene a ratificar lo que profesores, escritores y pedagogos ya apuntaban acerca del uso abusivo de las tecnologías de comunicación.

Necesitamos desconectarnos de la tecnología para ser introspectivos, para poder pensar, para aburrirnos, para imaginar el futuro y sobre todo en el caso de los chicos, tienen que volver a aburrirse, a volver a imaginar, no pueden estar todo el día conectados.– Mara Dierssen

Exceso de información, falta de atención  y estrés

La navegación provoca exceso de información. Esta lleva a la pérdida de atención y estrés mientras leemos, saltando de enlace en enlace. Estos aspectos inciden en la formación de nuestro pensamiento crítico. Te ofrezco tres textos que inciden en estos aspectos desde diferentes puntos de vista.

Aunque no fue el primero, el libro Superficiales ha sido tal vez el libro que ha obtenido mayor difusión. Alertaba sobre la influencia que la navegación provoca en nuestros cerebros.

Ser digital y Mindfulness digital, por su parte, son dos libros en los que se trata la relación entre tecnología y pensamiento crítico. Los dos están escritos por tecnólogos, si bien sus enfoques son diferentes. Ambos textos ofrecen, además,  reflexiones para establecer una relación más sana y saludable con la tecnología.

SUPERFICIALES. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Nicholas Carr. Taurus, 2011

 

Este libros puso sobre la mesa cómo influyen las tecnologías en la construcción del pensamiento humano, y la estrecha relación que existe entre tecnología y pensamiento crítico.

La tesis de Superficiales es muy clara. Un libro es una tecnología, del mismo modo que internet es una tecnología. Cuando abrimos un libro la característica esencial es que nos aislamos del entorno y de todo tipo de distracciones. El libro nos enseña a prestar atención. En el momento en que el libro esta en la pantalla ya no nos aislamos de otras distracciones (mensajes, vídeos, audios, correos, redes). Perdemos  concentración en el texto y recibimos muchos más estímulos y distracciones.

Superficiales se movía entre algunas exageraciones y el optimismo. No dejó por eso indiferente a nadie. Nicholas Carr ha sido tachado,  de «tecnófobo» por los amantes de la tecnología.  Mientras que Mario Vargas Llosa, confesaba en un artículo titulado Más información, menos conocimiento, que se «había quedado fascinado, asustado y entristecido», tras la lectura de Superficiales.

La clave de éxito de este libro estaba quizás en el tono divulgativo empleado por su autor.

cerebro humano, tecnología y pensamiento crítico

SER DIGITAL. Hacia una relación consciente con la tecnología. Manuel Ruiz del Corral. Editorial Kolima. 2017

 

El autor de Ser Digital es el tecnólogo y humanista, Manuel Ruiz del Corral. Es el enfoque humanista lo que confiere al texto su novedad. Considero por ello que el título es más que apropiado.

Ser Digital busca responder a varias preguntas. Que son también una invitación a la reflexión del lector.  ¿Realmente se cumple la promesa que esperábamos de la tecnología? ¿Es cierto que somos más productivos y eficientes, que podemos decidir lo que queremos, que tenemos más poder, que tenemos la oportunidad de ser más libres? ¿Podemos ser más felices?

La capacidad de anteponer un qué y un para qué en nuestra relación con la tecnología nos permitirá ser más dueños de nuestro tiempo y nuestra atención, dando el espacio necesario a nuestras mentes para desplegar el resto de nuestras capacidades.– Manuel Ruiz del Corral

Ser Digital se estructura en cuatro capítulos. En los dos primeros se esboza como la tecnología está cambiando nuestras mentes y nuestra capacidad de prestar atención. Esta penetración de las tecnologías en nuestras vidas, el autor la denomina con acierto, «revolución silenciosa».

Los capítulos tercero y cuarto son los más interesantes del libro. En el tercero se describen los hábitos de las personas desde una perspectiva psicológica social y de marketing.

El cuarto capítulo es el más práctico. Está dedicado a facilitar al lector criterios para una relación más sana con la tecnología. Es, en consecuencia, el camino hacia un nuevo estado de consciencia.

Un libro donde se explora la relación entre tecnología y pensamiento crítico, ampliado a las relaciones interpersonales. Un texto, en definitiva, muy emocional, escrito con sencillez.

MINDFULNESS DIGITAL. Cómo aportar equilibrio a nuestras vidas digitales. Plataforma Editorial, 2016

 

El título de este libro, Mindfulness Digital es un oxímoron. Mientras que la técnica del mindfulness busca la atención plena, lo digital es exactamente lo contrario, pérdida de atención. Pero no solo, la navegación por internet de hipervínculo en hipervínculo, causa estrés y ansiedad.

David M. Levy lleva cincuenta años dedicado al mundo digital y a la industria tecnológica, como informático que es. El Mundo Rápido, como lo llama Levy. Como antídoto comenzó a explorar formas de vida más contemplativas, el Mundo Lento. La reflexión sobre ambos mundos, llevó a David M. Levy a organizar, en 2006, un curso en la Escuela de Información de la Universidad de Washington, donde explorar estas dos vertientes opuestas, para armonizar el exceso de información y la fragmentación de la atención.

Necesitamos emplear las nuevas tecnologías de maneras saludables y eficaces. La clave radica en la educación y el entrenamiento. Necesitamos crear el espacio y el tiempo para observar y reflexionar sobre nuestra forma de utilizar las herramientas digitales y sobre los efectos que están provocando en nosotros. – David M. Levy

Mindfulness Digital es el resultado de aquellos cursos. Por ello este es un texto, además de muy personal, muy práctico. De los diez capítulos de que consta, la mitad (del cuarto al octavo, ambos inclusive) están dedicados a ofrecer entrenamiento para mejorar la atención, a la vez que exploran el modo de alcanzar la destreza digital como una mera cuestión técnica.

La estructura de estos capítulos mencionados es similar. Comienzan con los testimonios que los alumnos del curso le facilitaban en clase, seguido de una serie de ejercicios y tareas creados para cada ocasión, y un análisis de las respuestas de sus alumnos. La aportación de estudios científicos y las reflexiones finales de David M. Levy cierran los referidos capítulo de este libro.

Finalmente, Mindfulness Digital  es un aviso para la detección de adicciones a la tecnología y un antídoto para evitarlas.

Para que tecnología y pensamiento crítico sean compatibles, «necesitamos desconectar para ser más introspectivos y pensar», en palabras de la neurobióloga Mara Dierssen.

Adenda

El Consejo de Ministros aprobará hoy (9 de febrero de 2018) la nueva Estrategia Nacional sobre Drogas, que estará vigente hasta 2024. Y que contemplará, entre otras, las nuevas adicciones como a internet y a las redes sociales. El libro de David M.Levy dedica dos Apéndices a estas adicciones.

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De la tortilla a la independencia

Esta entrada está dedicada a Manuel Marín. Para mí Manuel Marín será siempre «El Noni», el delantero centro del equipo de fútbol del colegio.

 

Las becas Erasmus, impulsadas por el español Manuel Marín (recientemente fallecido), cuando la Unión Europea se estaba configurando, nacieron con la vocación de ampliar la visión de Europa para nuestros jóvenes. El concepto Erasmus es lo más opuesto al ombliguismo. Son «una mirada más allá del capó», en palabras de Manolo Marín.

¿Cómo se ve eso que se ha dado en llamar «el relato» a los pies del río Vístula ¿Cuál es la visión de un estudiante Erasmus de ese «relato»?

Este relato, escrito por Rodrigo Martínez-del Rey Delgado, un estudiante de periodismo en Torun (Polonia), es una visión irónica, no exenta de perplejidad. El autor de «De la tortilla a la independencia» vivió el 1 de octubre desde Polonia, a través de los medios de comunicación.  Y en Varsovia fue testigo directo de la manifestación nacionalista del 11 de noviembre, día de la independencia polaca.

firma invitada: Rodrigo Martínez-del Rey Delgado (torun, polonia)
Relato

De la tortilla a la independencia

La guitarra, el traje de flamenca y la siesta se esconden detrás de la Estelada

 

Mi madre me contó que cuando ella estudiaba y trabajaba en Londres, los lugareños esperaban que al abrir su maleta sacara una guitarra y se fuera por bulerías. Esto evidentemente no ocurrió. La gente en ese momento preguntaba por la siesta, la gran dieta mediterránea, y por supuesto la música y la cultura.

En 2017, preparando mi año en Polonia, me devané los sesos buscando que podría enseñar, como pseudoembajador, de mi tierra al país que me acogería casi un año entero. Miré libros y páginas web como si de una investigación arqueológica se tratara. Todo lo que no supiera de la madre patria era bienvenido. Incluso practiqué mi tortilla innumerables veces, con deliciosos resultados. Casi todas las veces.

Mi sorpresa fue tremenda cuando mis anfitriones, y otros colegas de diferentes partes del globo, estaban interesados únicamente en una sola cosa: «What´s going on in Catalonia?»

Dos años, quizá menos, antes de esta situación la gente conocía por encima de cualquier otra área del país el eje Madrid-Barcelona. Ahora la polarización hacia estas ciudades es aún más grande. Cuando visitábamos Gdansk se me acercó un hombre y nos preguntó por nuestra nacionalidad, nuestra apariencia de turistas pardillos debía ser muy evidente. Su siguiente pregunta tras mi «Jestem z Hispanii», pronunciado muy malamente, fue: «From Catalonia?» Tras mi negación el hombre se giró y sin dejarme explicar de donde era se fue por donde había venido. Dejándome con la palabra en la boca y una reflexión en la cabeza.

Hay gente que no sabe mucho de España, pero hay gente que además no quiere saber. Y no me malinterpreten. Ni España, ni Francia, ni nada que sea fuera de su entorno. Panicus terribilis a salir de la zona de confort.

Yo, bocazas de profesión, intento explicar en mi inglés de Valladolid la situación de la manera más objetiva que puedo. Una tarea que se me presenta cada vez más fácil debido a la ingente cantidad de veces que tengo que repetir el mismo discurso.

Pero a estas alturas del año hay algo que me preocupa más…

Nadie me ha preguntado por mi receta de la tortilla. ¿Habrá matado el nacionalismo, también, el apetito?

 

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