Steve Jobs, mundo binario

STEVE JOBS. LA BIOGRAFÍA, Walter Isaacson . Editorial Debate, 2010.

Me recordaba a Rasputín. Debi Coleman, directora de equipo del primer Mac

SEGUNDA PARTE.LAS DOS CARAS DE UNA PERSONALIDAD

En presencia de Jobs, la realidad era algo maleable. Sus más íntimos colaboradores en los tiempos en que se diseñaba el primer Mac, denominaron este efecto como “El campo de distorsión de la realidad”, concepto extraído de una serie de moda en el final de la década de 1960, Star Trek. Así lo definían: “una confusa mezcla de estilo retórico y carismático, una voluntad indomable y una disposición a adaptar cualquier dato para que se adecuase al propósito perseguido. Si una de sus argumentaciones no lograba convencerte, pasaba con gran destreza a la siguiente. En ocasiones era capaz de dejarte sin argumentos al adoptar de pronto tu misma postura como si fuera suya”.

Cuando Jobs lo hacía, a menudo era una táctica para lograr aquello que deseaba. Podía convencer a cualquiera de prácticamente cualquier cosa. De intensos estados de luna de miel con personas y colaboradores, pasaba a crueles olvidos y alejamientos. Esto le hacía llorar con frecuencia, en público y en privado. El caso más sonado fue el de John Sculley, presidente de Pepsi, fichado como consejero delegado por Jobs en 1983. Se enfrentó a Jobs y lo hizo salir de su propia compañía, en 1985.

Si la realidad no se amoldaba a su voluntad, se limitaba a ignorarla, igual que había hecho con el nacimiento de su hija Lisa, fruto de una relación con una novia de juventud, Chrisann Brennan, de quien Lisa lleva el apellido. Durante años se negó a reconocerla como su hija, para acabar denominando como Lisa a un proyecto que, por diferentes circunstancias, acabaría resultando fallido. Jobs nunca aceptó ser hijo adoptivo. Nunca quiso conocer a su verdadero padre y mantuvo una cambiante relación con su madre biológica, que nunca se perdonó haberlo dado en adopción. Con su hermana carnal, la escritora Mona Simpson, mantuvo una amistad duradera.

En la base misma de la distorsión de la realidad se encontraba la profunda e inalterable creencia de Jobs de que las normas no iban con él. Hasta cierto punto, este eufemismo era sólo una forma rebuscada de decir que Jobs tenía una cierta tendencia a mentir. Sin embargo, el hecho es que aquella era una ocultación de la verdad más compleja que un simple embuste. Creía ser especial, alguien elegido e iluminado. Creía que había pocas personas especiales (EinsteinGandhi y los gurús que conoció en la India), y que él era uno de ellos.

Otro aspecto fundamental de la cosmovisión de Jobs era su forma binaria de categorizar las cosas y las personas. La gente se dividía en “iluminados” y “gilipollas” y el trabajo de estas personas era “lo mejor” o “una mierda absoluta”.

STEVE JOBS VERSUS BILL GATES

Bill Gates y Steve Jobs, a pesar de sus ambiciones similares en lo referente a la tecnología y el mundo de los negocios, provenían de entornos diferentes y contaban con personalidades radicalmente distintas.

A lo largo de sus carreras, cada uno había adoptado filosofías contrapuestas acerca del aspecto más fundamental del mundo digital: el de si el hardware y el software deberían estar firmemente integrados o ser más abiertos.

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El tiempo acabó generando una autoconciencia en ambos: “Yo solía creer que el modelo abierto y horizontal acabaría por imponerse -le dijo Gates. Pero tú me has demostrado que el modelo integrado y vertical también podía ser estupendo”. Jobs respondió con su propio reconocimiento: “Tu modelo también funcionaba”, afirmó.

El padre de Gates era un destacado abogado de Seattle. Estudió en una de las mejores escuelas estadounidenses, y cuando decidió abandonar los estudios no fue para buscar la iluminación con un gurú indio, como hizo Jobs, sino para fundar su propia empresa de software. Pero nunca fue un rebelde, un hippy en busca de guía espiritual o un miembro de la contracultura, como lo fuera el cofundador de Apple, quien, además, carecía de estudios universitarios.

Gates sabía programar, a diferencia de Jobs. Su mente era más práctica y disciplinada, con mayor capacidad analítica. Por su parte, Jobs era más intuitivo y romántico,  y tenía un mejor instinto para hacer que la tecnología resultara útil, que el diseño fuera agradable.

Disfruta de la incertidumbre. Steve Jobs

Además, era un apasionado de la perfección, lo que lo volvía tremendamente exigente, y salía adelante gracias a su carisma y omnipresente intensidad. Gates, más metódico, celebraba reuniones milimétricamente programadas, y en ellas iba directo al núcleo de los problemas. Ambos podían resultar groseros, pero el creador de Microsoft nunca apareció descalzo, en pantalón corto, o vestido con una túnica a las reuniones, como tantas veces hizo Jobs.

El comportamiento cortante de Gates tendía a ser menos personal, a estar más basado en la agudeza intelectual que en la insensibilidad emocional. Jobs se quedaba mirando a la gente con una intensidad abrasadora e hiriente, mientras que a Gates en ocasiones le costaba establecer contacto visual, pero en lo esencial era una persona amable. Bill Gates era un filántropo y Jobs un tacaño irremediable, aunque tenía a todo el mundo desconcertado al cobrar un salario de un dólar anual y no recibir ninguna opción de compra de acciones, a su regreso a Apple en 1997. De haber aceptado aquella humilde concesión, habría obtenido 400 millones de dólares. En vez de eso, ganó dos dólares y medio durante aquel período.

Tercera Parte: Steve Jobs, sofisticada sencillez.
Primera Parte: Steve Jobs,inventar el futuro

 

Tengo más de 25 años de experiencia en comunicación.
Desde hace 5 años he convertido mi pasión en mi trabajo: el Storytelling. Ayudo a empresarios, emprendedores y profesionales a definir su Identidad descubriendo su historia. Soy Coach de Marca Personal.

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