¿El emprendedor nace o se hace? El ADN del emprendedor

A finales de los años noventa el siglo pasado, Juan Encinar buscaba piso. Miraba hacia los balcones. Se detenía a preguntar a los porteros de las fincas. Anotaba los números de teléfono colocados en la puerta de las panaderías.

En sus viajes a Estados Unidos habían visto portales inmobiliarios americanos. Aquí en España, eso no se “había inventado” aún. No conocía el sector inmobiliario.  Tampoco  lo conocía su hermano Fernando. Juan había encontrado casa en Estados Unidos gracias a aquellos portales.

Tienes que solucionar el problema del usuariodice Juan Encinar–. Y añade–: Mirábamos aquellas webs americanas con ojos de usuario.

La historia que cuenta Encinar, me hace recordar que yo, por aquellas años, también buscaba cambiarme de casa.

Yo acudía a la web Segunda Mano. Pisos ordenados por zonas y por precios. Así, cuando quería ver uno de los pisos anunciados, me solía encontrar en la cola a las misma personas. Los que habíamos hecho la misma búsqueda. Nos saludábamos. Y nos mirábamos con recelo, porque no había amigos cuando se trataba de competir por quedarnos con uno de ellos. Poca oferta, mucha demanda y precios altos. Sin posibilidad de regateo.

Buscar piso era una aventura en aquellos años. Internet no era entonces lo que es hoy, el uso del teléfono móvil no estaba tan extendido ni por supuesto Internet estaba incorporado en el teléfono. Coincidí varias veces con una chica. Iba en una moto. Me contó que llamaba desde una cabina telefónica a su novio  y este le facilitaba las direcciones de refresco que iban apareciendo en aquella web. Miraban las webs con ojos de usuario.

En las  cabezas de los hermanos Encinar, una idea iba tomando cuerpo. En el verano del año 2000 recopilaron los carteles de las panaderías, los de la farolas y los de los balcones. Y comenzaron a dar soluciones al problema que teníamos todos los que, en aquellos años, buscábamos piso. Centralizaron y organizaron en una web toda aquella información desperdigada.

En aquellos años, yo encontré piso, y Jesús y Fernando Encinar encontraron un negocio: idealista, el portal inmobiliario líder en España. Los hermanos Encinar no sólo vieron la oportunidad, sino que supieron encontrar la manera de beneficiarse de ella. Yo solucioné mi problema, encontré piso. Ellos solucionaron el de miles de usuarios. Les ayudaron a encontrar piso.

Juan Encinar relata esta historia en el encuentro Par de Ases, organizado por la revista Emprendedores, en el que dos emprendedores del éxito que cuentan su experiencia. 

Y me saltó entonces la pregunta: ¿Qué hace que una persona vea una oportunidad donde los demás sólo vemos un problema? ¿Hay un gen específico para el espíritu emprendedor?

El gen del emprendedor

Esta es la pregunta que se formuló la consultora Ernst& Young en 2011. Entrevistaron a casi setecientos emprendedores en todo el mundo. No encontraron el gen del emprendedor. Pero concluyeron que tienen características internas comunes. Una combinación de comportamientos y actitudes. Es en esta combinación donde reside la esencia de la Marca Personal de un emprendedor: su identidad

El estudio de esta consultora afirma que todos los emprendedores comparten una fuerte creencia: los resultados son producto de las acciones o comportamientos de una persona. Por eso viven en permanente “estado de alerta”. Esta mentalidad les lleva a ver oportunidades donde otros ven problemas, junto con una aceptación de un riesgo calculado y tolerancia al fracaso.

La mayoría de los encuestados por Ernst& Young habían lanzado al menos dos compañías. Quien lanza más de un proyecto aprende valiosas lecciones sobre cómo hacer que un negocio nuevo sea más exitoso. Jesús Encinar después de lanzar idealista.com, puso en marcha 11870.com, una red social que ha resultado ser otro negocio de éxito.

Mapa del ADN del emprendedor. Pulsa sobre la imagen para verla a mayor tamaño.

Aprender a fracasar

El emprendedor ha de convivir permanentemente con el riesgo el fracaso, tal como aparece reflejado en el corazón del gráfico. Está proponiendo cosas que antes no se hicieron o que se hicieron de manera diferente. Riesgo y tolerancia al fracaso son dos conceptos clave.

La cultura tiene mucha influencia sobre la toma de riesgos y en cómo se enfrenta un fracaso. En España existe cierta estigmatización del fracaso, a la vez que se caracteriza por un elevado nivel de aversión al riesgo. Esta es la causa de que, tradicionalmente, en nuestro país se haya preferido el ingreso estable que proporciona un trabajo fijo como asalariado, tal como se reconoce en un estudio del Circulo de Empresarios. También se hace mención al fracaso en este estudio

En España no se termina de asimilar que en no pocas ocasiones un fracaso inicial es un primer paso hacia el éxito de la actividad emprendedora. Círculo de Empresarios

¿Y sí esas posibilidades de trabajo fijo descienden, como han caído en nuestro país?

Fracaso y confianza

Con una gran visión de esta tradición sociocultural española, Miguel Albero ha publicado un ensayo, “mitad gamberro mitad erudito”, como el mismo me comentó, que ha titulado Instrucciones para fracasar mejor (Abada Editores, 2013). Este libro te ayudará a entender por qué debes fracasar y por qué debes hacerlo mejor. O cuando menos, hará que te replantees y pongas en cuestión alguna de tus creencias.

Fracaso y confianza son conceptos que van unidos. Confianza en uno mismo y en el sueño que persigues. La soledad no es buena consejera. He escuchado a varios bussines angels (o sea, esas personas que pueden invertir en tu negocio) decir que no quieren emprendedores solitarios, porque siempre ha de haber otra cabeza que “equilibre” la de uno.

Tienes que montar negocios con quien más confianza tienes. Todo el tiempo estás hablando del negocio. Jesús Encinar

¿Funciona una empresa en la que no se cometen errores?, se pregunta Pablo Claver, un experimentado emprendedor que comenzó vendiendo cromos en el Rastro madrileño a los 9 años.  “No solamente funciona, sino que funciona bien”, responde en uno de los libros más auténticos y personales que se han publicado sobre emprendimiento: Yo también puedo emprender (LID Editorial, 2013).

Menos Harvard y más pasión

El elemento medular de los emprendedores es una manera de ver el mundo y la capacidad para actuar de acuerdo a esa visión. Disponen, en mi opinión, de un equilibrio entre capacidad para asumir riesgos, tolerancia al fracaso y pasión. Si existe un “apetito o afición vehemente a algo”, que es como define el DRAE la palabra pasión, pocas barreras se ponen por delante:

– Hemos trabajado en lo que nos gusta –dice Jesús Encinar en el cierre de su exposición en Par de Ases–. Cuando introdujimos en el consejo a técnicos, perdimos la pasión, dejamos de disfrutar. Aquellos técnicos tenían mucho Harvard y poca pasión.

Aquí reside la diferencia. Gente que no concibe trabajar por cuenta ajena frente a los que necesitan una organización para desarrollarse. De esto hablo en la nota titulada “El emprendedor camuflado”.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Emprendedoras: un reto personal
El emprendedor camuflado

Tengo más de 25 años de experiencia en comunicación.
Desde hace 5 años he convertido mi pasión en mi trabajo: el Storytelling. Ayudo a empresarios, emprendedores y profesionales a definir su Identidad descubriendo su historia. Soy Coach de Marca Personal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *