Instrucciones para fracasar mejor

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INSTRUCCIONES PARA FRACASAR MEJOR. Una aproximación al fracaso. Miguel Albero. Abada Editores, 2013.

Fracasar no es una opción. Solo se puede fracasar mal o hacerlo mejor. Miguel Albero

Hasta donde me alcanza la memoria, no recuerdo que se haya hablado tanto y tan concentradamente el verbo fracasar como en estas últimas semanas. De fracaso han hablado los medios de comunicación y los ciudadanos. También han hablado de fracaso quien menos me esperaba que lo hicieran: los políticos. Esta borrachera de inusitada sinceridad, en mi opinión, tiene truco. Ha habido fracaso, sí, todos los reconocen abiertamente; pero los culpables han sido los otros.

En el Capítulo 5º («Tipología del fracaso») de un sustancioso ensayo titulado Instrucciones para fracasar mejor, su autor, Miguel Albero, recurre a Onetti para adjudicar la autoría de un fracaso:

Sé que todo va a acabar en fracaso. Yo mismo. Vos también. Onetti

Fracasar estigmatiza

¿Acaso quién en España fracasa, no queda estigmatizado de por vida?

Coincidí con Miguel Albero a finales de diciembre de 2013. Días antes se había publicado su nombramiento como Embajador de España en Honduras, cargo que sigue desempeñando. Instrucciones para fracasar mejor es un ensayo documentado y muy bien escrito. Un texto con mucha guasa, fresco y cargado de ironía. «Es un ensayo gamberro», me confesaba su autor. Donde quizás la ironía cobra mayores cotas es en lo que Albero denomina el «fantástico mundo de la autoayuda, cómo fracasar y no morir en el intento» (Capítulo 6º, «Actualidad del fracaso»).

Instrucciones para fracasar mejor fue seleccionado en 2013 como uno de los diez mejores libros de Empresa del Año, a juicio del Jurado Jurado del Premio Know Square. Albero me mostró su extrañeza por esa selección. Le comenté entonces un estudio del Circulo de Empresarios (2009) en el que se decía que en España hay una cierta estigmatización del fracaso: «A diferencia de lo que sucede en otros lugares, en España no se termina de asimilar que en no pocas ocasiones un fracaso inicial es un primer paso hacia el éxito de la actividad emprendedora».

El fracaso en los negocios ocupa precisamente parte del mencionado 6º capítulo. Tenía sentido, por tanto, su inclusión en la lista.

Fracasar, del naufragio al resultado adverso

En el inicio de este ensayo (Capítulo 2º, «Sin estrépito no hay fracaso») se estudia  la etimología de la palabra fracaso, vinculada primitivamente a la idea de «naufragio». Fue después de la derrota de la Armada Invencible (1588) cuando el vocablo adquiere otro sentido: «tener resultado adverso». Ya no es solo un error, es un proyecto frustrado.

Ya que hablo del diccionario. En su blog, el conferenciante, escritor y formador Francisco Alcaide, afirma que: «Con toda humildad creo que la palabra fracaso no debería existir en el diccionario. El fracaso no existe, es sólo una invención humana para hacer daño a los que se atreven a descubrir nuevos mundos».

No ha sido esta la primera vez que he leído una idea como esta. Quien así piensa está, en mi opinión,  idealizando la realidad. Por esoel primer pensamiento que me vino a la cabeza después de leer esas líneas, fue que si elimináramos la palabra muerte del diccionario, ¿eso nos convertiría en inmortales? Naturalmente que no. Somos humanos, por eso mortales, y por eso podemos fracasar. Si lo aceptamos, ya hemos dado el primer paso. Otra cosa es como lo encaremos.

En Don Quijote hay una asunción previa del fracaso, que no excluye ni impide la aventura. Miguel Albero.

En el Capítulo 3ºLiteratura del fracaso: el fracaso en la filosofía»), Albero hace un repaso – bien es cierto que no es exhaustivo– desde los filósofos griegos hasta nuestros días (Sartre, Ciorán, Unamuno, Ortega, Blumenberg). Se detiene especialmente el Jean Lacroix.

Quien no ha fracasado no se conoce a sí mismo. Jean Lacroix

En el Capítulo 4º  (El fracaso en la literatura) hay un recorrido por el fracaso como tema literario: Don Quijote, La conjura de los necios, o Cien años de soledad, entre otros. Y como flor de fracasos en la literatura, Miguel Albero escoge  a Scott Fitzgerald, del que dice que es el fracaso del Sueño Americano.

Fitzgerald me pone en bandeja hablar de la manera en que vemos en España el fracaso en comparación con los norteamericanos.

Fracasar en España, fracasar en Estados Unidos

Del mismo modo que nuestro lenguaje crea realidad, aquello en lo que nos enfocamos, provoca realidad. Has sido quizás por eso que he puesto el foco en la palabra fracaso. Como si fuera un conejo saliendo de una chistera, la palabra fracaso me saltaba a la vista a cada paso.

El periodista Jeff Jarvis, autor de El fin de los medios de comunicación de masas invitaba a los alumnos de Comunicación Digital del CEU a que se arriesgaran: «En Silicon Valey nos encanta fracasar», les dijo. Unos días después, en la revista Registradores, Fernando de la Puente, Presidente del Tribunal de Oposiciones al Cuerpo de Registradores, decía en una entrevista: «He aprendido que el éxito es maravilloso pero que el fracaso no te debe disuadir. En Estados Unidos no se fían mucho de las personas que nunca han fracasado».

El día 15 de abril pasado, asistí en Expocoaching a una charla de Pilar Jericó en la que habló de la fuerza de la determinación, la propuesta que sustenta su último libro ¿Y si realmente pudieras? (Alienta, 2016). Dijo Jericó haber asistido en una estancia en Estados Unidos a ruedas de emprendedores con posibles inversores. En una de ellas un inversor le preguntó a un joven cuántas veces había fracasado. A lo que el joven respondió que este era su tercer intento. «Entonces hablaremos», le dijo el inversor.

La imagen del fracaso

Esta historia me dio pie a preguntar a Pilar Jericó, si lo que subyacía en la manera diferente de ver el fracaso en España y en Estados Unidos, era la determinación. Me contestó que sí.  Y añadió que era el enfrentamiento de dos maneras de pensar: la mentalidad rígida frente a la mentalidad de crecimiento.

La estigmatización del fracaso en España no es nueva. Nos viene de siglos.

No es el fracaso, es la imagen del fracaso. Pilar Jericó

Y recordó Jericó como ya en el Lazarillo de Tormes se aconsejaba colocarse migas de pan en la pechera para parecer que se había comido.

Miguel Albero explica que el fracaso no es el lado oscuro del «Sueño Americano», es antes bien su cimiento. El concepto  Sueño Americano se forjó en una situación particularmente penosa: el crack bursátil de 1929. Y aquí Albero cita a Scott Sandage, autor de Born Loosers (Nacidos perdedores), cuyo subtítulo es Una historia del fracaso en Estados Unidos.

El Sueño Americano nos da a cada uno de nosotros la posibilidad de ser un fracasado de nacimiento. Scott Sandage

¿No es esta frase una invitación a salir en busca de fortuna? Pero hacerlo exactamente como lo hizo Don Quijote: sabiendo que podemos fracasar… (Y con este libro bajo el brazo).

NOTA:

No he desvelado cuáles son las Instrucciones,  a las que están dedicado íntegramente el Capítulo 7º. Eso es solo potestad del autor y del propio lector según avance en la lectura del libro. Si lo hiciera, estaría diciendo como acaba la película. El autor, sin embargo, va sembrando de pistas el libro. Algunas, en justa correspondencia, están también en estas líneas, de modo que el lector llega al final sabiendo tanto como el autor.

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