Viajes de novela

Mi compañera de asiento en el avión que me llevaba a Edimburgo, una escocesa pelirroja, me mostró su complacencia al ver que yo estaba leyendo Nudos y cruces, la novela con la que el escritor escocés de novela negra Ian Rankin da a luz al Inspector John Rebus.

El inspector John Rebus es un policía tan indisciplinado como eficiente. Honesto y leal. Abusa del alcohol y la cerveza, y tiene el colesterol disparado por la mala alimentación. Está divorciado y apenas si se relaciona con su hija, y permanece anclado anclado en la música de los 70 y los 80.

Ian Rankin ha venido a engrosar la lista de ilustres escritores nacidos en Edimburgo, y a los que sus paisanos veneran.

— No deje de visitar el Oxford— me recomendó mi compañera de viaje.

«¡Cómo para perdérmelo!”», me dije. Recordé la cita en la que se decía donde estaba el pub.

Rebus le había citado en su bar predilecto, el Oxford, escondido en un callejón detrás de George Street. Una cuestión de sangre.

El Oxford está en el 8 de Young Street, por si no quieren perdérselo. Es pequeño, pero con decenas de tipos de güisquis y cervezas entre los que elegir. Y si no tienen problema con el colesterol, pueden pedir algo para comer.

La novela negra, de crónica social a guía turística

No todos confieren a la novela negra el — para mí — indudable valor literario que tiene. La novela negra no es solo una novelita, de esas que se leen bajo la sombrilla, mientras las olas te mojan los pies.

La novela policiaca, convertida en negra por obra y gracia del talento de Raymond Chandler allá por los años 40, es hoy una crónica de la sociedad contemporánea, dibujada a través de los males que la aquejan: corrupción, pérdida de valores y resquebrajamiento moral. Una novela donde lo más importante no es cómo se hizo ni quién lo hizo, sino por qué.  En la búsqueda de ese porqué, es donde radica el mérito de una novela negra. Un ejemplo palmario de esta afirmación es el sueco Henning Mankel, creador de Kurt Wallander. Sus novelas son la crónica del «desasosiego de la sociedad sueca»

Puede sonar a hipérbole, pero considero a la novela negra la nueva novela social, al estilo de las novelas del XIX. Se suele considerar a la novela negra como un subgénero. No es que sea muy partidario de las etiquetas, pero al César lo que es el César. Recuerdo haber leído una entrevista con Donna Leon, madre literaria del comisario Brunetti, en la que decía que si había más mujeres que hombres escribiendo novela negra es porque, quizás, la novela negra era un refugio donde las escritoras podían explayarse sin que fueran puestas en tela de juicio.

A diferencia de las novelas policíacas, las novelas negras ofrecen al lector la posibilidad de entrar en la vida profesional y privada del detective protagonista, en sus relaciones afectivas, en la manera en que se relaciona con sus jefes y con su equipo. En sus gustos literarios y musicales, en sus aficiones culinarias. Todo ello enmarcado en un contexto político, económico y social. Estos policías desarrollan su trabajo en una ciudad, que se patean a diario para resolver los casos que les caen en suerte. La conocen de primera mano, desde los bajos fondos a las altas esferas del poder.

Foto: Rodrigo Martínez-del Rey Delgado

Un hombre y sus circunstancias personales y profesionales, una ciudad y su ambiente. Por estas dos últimas características, las crónicas negras tienen un componente añadido que, quizá, pueda parecer algo frívolo: son guías turísticas extraordinariamente fidedignas. Excelentes guías porque en ellas está el lama de esa ciudad.

Policías de novela, cicerones excelentes

¿Quién mejor que un amigo puede guiarte por una ciudad? Aunque la tecnología nos ofrece hoy la posibilidad de tenerlos en los rincones más recónditos del planeta, parece poco probable que podamos disponer de uno en cada ciudad del mundo, o en cada país. Hace siglos que la literatura viene cubriendo esta necesidad.

Soñar un viaje de la mano de un libro es para mi una experiencia tan placentera como la del viaje mismo. Un viaje que comienza eligiendo un ejemplar de la estantería. Pero no cualquier libro me vale ya. Me gusta viajar por esas ciudades de la mano de unos excelentes y únicos cicerones, sus policías de novela.

ARTÍCULO RELACIONADO

Oscuros callejones. Relato

¿Quieres comentar este artículo? Compartir es regalarEmail this to someone
email
Share on Facebook
Facebook
Share on Google+
Google+
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Tengo más de 25 años de experiencia en comunicación. Desde hace 5 años he convertido mi pasión en mi trabajo, el Storytelling. Ayudo a empresarios, emprendedores y profesionales a definir su Identidad descubriendo su historia. Soy Coach de Marca Personal. Me apasionan la novela negra y el jazz, y soy un infatigable lector.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *