La empatía, o cómo transmitir emociones

Como tutor de Alumnos del Curso de Especialista Universitario en Coaching con IE y PNL he tenido que revisar un elevado número de tareas, así como supervisar las bitácoras de sus sesiones de coaching. Si tuviera que elegir la palabra que más se ha repetido en estas tareas y bitácoras, ésta sería: empatía.

Si la empatía es básica para el trabajo de un coach, no es menos imprescindible para nuestra vida diaria.

Aunque el concepto es tan viejo como el mundo, de empatía comenzó a hablarse, con más fuerza, quizás, a raíz de los trabajos sobre Inteligencia Emocional que realizó Daniel Goleman, en los años noventa. Este psicólogo norteamericano la colocó en la lista de habilidades de lo que denominó Inteligencia Social.

El Diccionario de Real Academia Española acaba de modificar este término en su última versión, la 23ª. La define como: “Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo del otro.”

Por eso, la clásica expresión “ponerse en los zapatos del otro”, o la más castiza y española “ponerse en el pellejo del otro”, se quedan cortas. Los indios norteamericanos dan una vuelta de tuerca más al concepto de empatía, y nos solo entienden que hay que ponerse en los zapatos del otro, sino que sugieren:

Camina una milla en los zapatos del otro

En esta matización, considero que residen importantes claves de la empatía: no solo basta con identificarse con el estado de ánimo del otro, sino que hay que entender sus circunstancias y, además, transmitírselo. Hay que tener la suficiente capacidad para manifestar nuestras emociones al otro, con nuestro lenguaje verbal y con el no verbal. Podemos decirle verbalmente que lo entendemos, pero si no somos capaces de reflejarlo, de comunicarlo con nuestro lenguaje no verbal, la persona que tenemos enfrente muy probablemente no nos crea. Se habrá puesto en riesgo el proceso de comunicación: nuestra credibilidad, que puede acabar en la quiebra de la confianza. Puede venirse abajo lo que tanto ha costado construir.

La empatía es la capacidad de trasmitir emociones al otro. Laura Garcia Agustín, psicóloga

Ser empático no significa estar de acuerdo, sino entender lo que hace la otra persona, de acuerdo con su mapa del mundo; es decir, con sus vivencias y sus experiencias. Sin justificar. Sin juzgar. La empatía nos hace más humanos.

No hay que confundir empatía con el contagio emocional. Las emociones son fácilmente contagiosas. No se trata por eso de tratar de vivir las mismas emociones que  la persona que tenemos enfrente, sino sentir las nuestras, las que nos ha provocado su historia.

Salvo patologías, la empatía nos viene a los seres humanos de serie. Pero requiere entrenamiento, exige esfuerzo y pedagogía. La empatía se aprende. No es fácil ser empático, y mucho menos si no disponemos de una correcta gestión emocional. La identificación de nuestras emociones es un paso previo a transmitirlas. Es aquí donde comienza la gestión de nuestras emociones.

La empatía tiene límites. Para nosotros coaches, uno muy claro: el contagio emocional. El exceso de empatía hacia nuestro cliente, nos haría perder el enfoque, mermando la capacidad de ofrecerle nuevas perspectivas.

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Esta nota la publiqué inicialmente, el 23 de julio de 2014, en el blog de

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Foto: Rodrigo Martínez-del Rey

Tengo más de 25 años de experiencia en comunicación.
Desde hace 5 años he convertido mi pasión en mi trabajo: el Storytelling. Ayudo a empresarios, emprendedores y profesionales a definir su Identidad descubriendo su historia. Soy Coach de Marca Personal.

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